El benemérito Hart y el desubicado Redman

Billy Hart y Joshua Redman. /
Billy Hart y Joshua Redman.

Cierto desencanto se mascó tras el irregular tercer concierto estelar del 42º Getxo Jazz, y eso que la colaboración del septuagenario baterista Billy Hart con el reputado saxofonista Joshua Redman prometía

ÓSCAR CUBILLO

A pesar de las generosas y recurrentes ovaciones que se alzaron el viernes en la plaza del Biotz Alai (sobre todo por la parte derecha de las sillas), no acabó de culminar el concierto del Billy Hart Quartet presentando a Joshua Redman, el tercero de los cinco estelares del 42º Festival Internacional de Jazz de Getxo.

A priori parecía uno de los más interesantes a tenor del nombre de los oficiantes, y de hecho acudió un millar de personas y sólo se quedaron sin vender menos de 30 entradas (por cierto: ya están agotados en anticipada los conciertos de Chano Domínguez el sábado y de Michel Camilo y Tomatito el domingo). Sin embargo, el no acabó de satisfacer la cita debido al mal sonido inicial, al tiempo que tardó en calentar las extremidades y articulaciones el líder (el baterista de 77 años Billy Hart que ha tocado para Otis Redding, Sam and Dave, Jimmy Smith, Wes Montgomery, McCoy Tyner, Wayne Shorter, Joe Zawinul…), a la visible desorientación del invitado especial Joshua Redman (reputado saxofonista de 49 años), y a lo poco ensayado del repertorio (Redman tiraba de atril), entre otras razones. ¡Cómo echamos de menos la explosividad que Kenny Garrett espació la víspera en el mismo escenario! La cita prometía, pero como dicen en los toros: mañana de expectación, tarde de decepción.

Y menos mal que su concierto de 8 piezas en 84 minutos cursó en orden creciente y mejoraron las condiciones de sonido, la calidad (o efectividad) de las composiciones, la conjunción del grupo y la soltura percusionista del líder septuagenario, según Pato parecido a Nelson Mandela, quien antes del bis dijo: «gracias por inspirarnos esta noche». Sí, se notó que tantos aplausos le ayudaron a desentumecerse (ovaciones no solo condescendientes para con la gerontocracia, sino más bien movidas por el atavismo tamborero que fascina a la masa humana).

Escalas saxofonistas sin rematarse

El arranque fue horrible, desconcertante, con jazz de club reblandecido, el benemérito baterista bastante anquilosado y marcando el bajo tope del cuarteto, más escalas saxofonistas sin rematarse ('South Hampton', pieza del pianista Ethan Iverson, ¡que también es crítico!), y seguidamente con una pieza contemplativa, artie, con Joshua Redman, un maestro contemporáneo, pareciendo un principiante por pura incomodidad ('Song For Balkis', de Hart, una pieza dedicada a La Reina de Saba, a la que se llama Balkis en el Corán).

Durante ese prólogo el sonido había sido pésimo, dando la sensación de que cada músico iba a su bola. No en vano, Redman se acercó varias veces a bambalinas para pedir que se ajustara la ecualización. El panorama se aclaró a la tercera, cuando por fin permitieron hacer fotos a los acreditados, pero sólo desde la mitad del pasillo central y agachados, cuando tocaban 'Dime A Dozen' (Redman), con piano minimal y circular y un solo baterista muy aplaudido del líder Hart, quien a todas las abuelas presentes dedicó la siguiente, la cuarta, 'Duchess' (Hart), un original melódico con contrabajo preponderante (citemos aquí a Ben Street, pues Hart vino con un supergrupo que no acabó de volar) y piano muy triste (varias damas se marcharon al terminar esta, como más espectadores al acabar otras piezas).

La segunda parte del concierto dio otra impresión, menos mal: 'Eule's Redemption' (Hart) se abrió con otro solo de batería (que se note que es el líder y que se etiqueta como 'educador') para un tema movido y con empaque, con el saxo de Redman que en vez de tenor parece alto (en la coda a Redman se le volvió a ver descolocado, indeciso, y no sopló ni una nota); 'Chamber Music' (Iverson) una balada pianista ovacionada, propia de película de Ed Wood y con un saxo en exceso moroso; 'Peon' (Iverson), que estuvo precedido por otro aclamado solo baterista, cursó progresivo, hispano y creciente; y lo mejor de la noche se reservó para el bis, 'Nigeria' (original de Mark Turner, saxofonista con el que Hart ha montado otro grupo), un jazz circular y potente con el piano disonante levantando bravos. Hum… salimos con sabor agridulce y cierto desencanto: de las ocho piezas libraron cuatro y las dos primeras fueron desecho de tienta (por culpa del sonido).

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