Atemporalidad y transversalidad con Samantha Martin & Delta Sugar

Samantha está divulgando su segundo CD, 'Run To Me'./PIRU LAMIAKO
Samantha está divulgando su segundo CD, 'Run To Me'. / PIRU LAMIAKO

El septeto canadiense puso en danza al Kafe Antzokia con su soul genuino, mucho mejor en las piezas originales que en las versiones, como esas dos de Tina Turner a modo de bis verbenero

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Aunque el cartel mostraba una foto de nueve músicos (a su vez un recorte de otra imagen apaisada con once personas en total), al final solo siete componentes de los souleros canadienses Samantha Martin & Delta Sugar se subieron el jueves a la tarima del Antxiki, la cercana sala superior del Kafe Antzokia. Tres eran chicas: la lideresa y las dos coristas. Además, el baterista aportó la cuarta voz a un repertorio que superó todas las expectativas, que borró cualquier suspicacia previa hostelera, y que amalgamó con estilo y personalidad desde el soul vocal de principios de los 70 hasta el rock hippie de finales de los 60.

Los siete lo lograron escapándose del bar, con sentido transversal e interpretación de cariz atemporal, adaptando el soul a la contemporaneidad, pues este proyecto de Toronto no se limita a la verbena retro trajeada con mujer al micrófono en el centro de los focos, sino que compone temas propios: en 73 minutos sonaron 13 canciones, de ellas solo cuatro versiones, incluyendo las dos de Tina Turner del bis demasiado festivo y estirado, el único borrón de la velada.

Samantha Martin & Delta Sugar, o sea las tres damas cantantes, la sección rítmica, el guitarrista Curtis Chaffey (compañero de composición con la jefa) y un teclista que a veces aportaba solos de saxo abrieron la cita con el 'Hey Pocky A-Way' de los Meters en plan funk Nueva Orleans, cerraron con el 'Happy' de los Rolling Stones (con el mejor solo de saxo de los a ojo cuatro que se soplaron), y se prolongaron a lo bobo, desluciendo y desmereciendo lo anterior con las dos versiones de Tina Turner, con su verbena hostelera: 'Proud Mary', cuando subió a escena a dos niñas de la primera fila a bailar con ella (además contuvo el peor solo de saxo), y un 'Deep River Mountain High' más potable pero a la postre también estirado en demasía.

La mano derecha, la lideresa y las dos coristas.
La mano derecha, la lideresa y las dos coristas. / PIRU LAMIAKO

Lo óptimo y más paladeable resultó el grueso tramo central, el repertorio original. Samantha presentó varias canciones, explicó de qué iban, y pidió a la concurrencia que subiéramos fotos y lo contásemos en las redes sociales y que les etiquetáramos. Puso a la parroquia en danza (desde las espectadoras siempre animosas hasta el camarero del Antxiki), cantó estilosa y hasta apurando la ronquera, tocó la guitarra acústica en alguna pieza roquerita, se compaginó con sus dos coristas, dio numerosos brincos y contó alguna gracieta que no pilló la mayoría.

Durante esta parte genuina y personal Samantha Martin cursó hacia arriba y fue a más: asimiló el ritmo pantanoso de Tony Joe White y lo punzó con voz a lo Janis Joplin ('All Night Long'), se matriculó en la escuela sudista del maestro Don Nix ('Gonna Find It') e hizo un master con Swamp Dogg ('Wanna be Your Lover'), entonó tan transversal como Adele ('You're The Love'), volvió a sumergirse en el pantano ('Goin' Down', apoyada por los coros de las tres gargantas), y voló lo más alto con dos balada sureñas consecutivas, una acerca de que su sueño es salir a la carretera para tocar por el mundo ('Chasing Dreams') y la otra cálida a lo Irma Thomas o Gladys Knight y en la que superó a Sharon Jones ('Will We Ever Learn'), dupla lenta ésta previa a su subidón final con un rockin' soul palúdico del gusto de Elvis Presley ('Addicted'… a tu amor), el cover de los Rolling Stones y el bis con la verbenita tinaturnesca. El septeto seguirá con su extensa gira española de presentación de su segundo disco, 'Run To Me', y no hay más fechas vascas, pero sí norteñas.