Antonio Orozco vive una de las mejores noches de su vida en Bilbao
Ante 6.500 almas cantarinas, el coach de 'La voz' actuó por primera vez en Miribilla en la gira de su 25.º aniversario en la música, y recordó que en su estreno en la capital vizcaína actuó ante 20 personas
Un conciertazo de dos horas (clavadas) para 21 canciones enfáticas, con la banda rotunda y orgánica (un sexteto con dos guitarras y bastante importancia de ... estas, un baterista que le daba duro a pesar de la fiebre…), ante 6.500 almas que no dejaron de cantar en comunidad feliz esos estribillos pegajosos insertos en composiciones con propensión a la gradación hacia la euforia, se marcó este sábado noche en Bilbao el catalán y televisivo Antonio Orozco (Antonio José Orozco Ferrón, Barcelona, 52 años, el próximo domingo cumple 53) en la llamada 'La gira de mi vida', un tour por 25 ciudades para celebrar su 25.º aniversario en este negocio y, aprovechando, divulgar su último álbum oficial, 'El tiempo no es oro' (25).
Todo marchó rodado, sin pausa ni chácharas, hasta las 22.36 horas. Hasta entonces, en hora y media, habían interpretado por todo lo alto 19 canciones ampulosas y redondeadas. Pero el bis, para dos canciones no más, se prolongó durante media hora porque Orozco sufrió un ataque de 'pablolopezismo', se puso a hablar sin parar, a halagarnos, a hablarnos de su hija Antonella («la iba a llamar Maider, pero…», bromeó), a presentar uno a uno a la banda, a contarnos que la víspera, el viernes, estuvo en Zaragoza y que fue increíble, pero que esta noche de Bilbao sería una de las más memorables de su 'puta vida' (sic y con perdón). Como chicha dijo que en su primera vez en Bilbao, hubo veinte personas, contando al camarero, la taquillera, el de la radio... Y prometió volver al Cotton esa noche si sigue abierto, que lo está.
Este sábado noche hubo innumerables canciones de honda profundidad por la conexión con el respetable (mayoría femenina), algunas de ellas (de las canciones) con propósito moral en las letras ('Despierta' y alguna más), y se podría decir que todas con intención lírica, dando la razón a quienes opinan que la poesía ya no se vende (en libros) ni tiene tanta importancia (literaria) porque ya está en las canciones. Y antes de pasar a enumerar muchos momentos de nivelón, dejemos claro que la mejor canción fue una impresionante 'Llegará', que justo antes de empezarla pidió que se pusieran en pie todas las gradas («arriba, arriba, arriba…»), y con su personalidad propia (sin compararle con nadie), Orozco pilotó un rock grandioso, juvenil (o cuando menos rejuvenecedor), contagioso de la alegría, pleno de coros («no se oye, no se oye…», espoleaba al público metido en el canasto desde la primera de las 21)… Qué pasada. Y qué suerte verlo ahí delante, donde se oía con pegada, volumen y claridad.
De negro (tres chaquetas usó) Orozco, leyendo a menudo de un teleprompter que tenía delante, sin hablar hasta que no se llegó al bis, sin salir demasiado en la pantalla de fondo, arrancó con 'El tiempo no es oro', y a la segunda, 'Hoy', se arrimó al baile U2 para, insistimos, contagiar la euforia diagnosticable mediante los saltos de la gente, o en la cuarta, 'Ya lo sabes', un soul a lo Zucchero con los brazos de la masa ondeando en alto al son del catalán, que espoleó: «que sois vascos, más fuerte, más fuerte».
Buah, Antonio se ponía springsteeniano de estadio ('Giran y van'), se salió de la tabla con el citado pináculo de 'Llegará' (un rock), a dúo con el piano cantó 'Mi héroe' (y al acabarlo señaló al cielo y permaneció silente mucho tiempo, mirando a la gente, gigante en pantallas, con brillo en los ojos, ¿por lágrimas, sudor o brillantina?, hasta que se frotó la cara y, sí, era de emoción pura; es que esta canción la inspiró Susana Prat, la madre de Jan, que murió tras una larga enfermedad).
Y siguió la buena vibra: 'Estoy hecho de pedacitos de ti' mantuvo la comunión cuasi hippie, Orozco rapeó en 'Hoy será' (un rock noventero, mucho más rudo que en el disco, como todos los temas de esta velada memorable arriba y abajo del escenario), y en el bis de media hora para dos canciones habló demasiado pero le quedaron bien las dos: 'Te juro que no hay un segundo que no piense en ti', otro soul creciente a lo Alejandro Sanz, y 'Entre sobras y sobras me faltas', que del dúo con el piano creció hasta la pegada de la banda. Y al acabar dijo Orozco: «Esta ha sido mi primera vez en Miribilla, pero os juro por mi madre que volveré».
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión