¿Por qué Antonio Orozco desea mantener el secreto?

Orozco cantando la primera, 'Mi héroe'./CARLOS G. AZPIAZU
Orozco cantando la primera, 'Mi héroe'. / CARLOS G. AZPIAZU

En un Campos agotado y apasionado, el cantante catalán representó la segunda temporada de su gira 'Único': fue un show teatralizado, dilatado y sentimental con interrupciones constantes, números sobrantes, banda justa y mal sonido

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Jueves y viernes, dos días con las entradas agotadas con antelación, ha cosechado en Bilbao el cantante catalán Antonio Orozco, que anda exprimiendo su prolongada racha de éxito musical y televisivo con la segunda temporada de su gira 'Único', a la cual rodea de un halo de misterio: desde el principio las pantallas y una voz en off exigen que no se hagan fotos ni se graben videos de lo ofrecido («ayúdanos a mantener el secreto»). Tampoco estaba permitido a los medios sacar fotos (menos mal que Azpiazu lo logró porque conoce a profesionales de todo tipo en los conciertos: seguratas, pipas, los del merchan, los de sonido…), y de hecho Orozco prefiere no acreditar a la prensa (nos lo contó uno de su equipo), lo cual sorprende porque lo ofrecido tampoco es para tanto: un escenario sobrio con un sofá y una mesa nada más, y pantallas puntuales de fondo.

Aparte, el jueves en Bilbao el show quedó deslucido por el sonido, malo en la ecualización de la banda escasa al principio y catastrófico en la apoteosis final, cuando Orozco confesó que les habían pedido bajar el volumen (y es que el Campos cuenta con un limitador de decibelios; de lo cual se quejaron a toro pasado Love Of Lesbian el 29 de noviembre, hace dos semanas).

Eso sí: al público no le pareció importar nada la calidad acústica. La gozó ante su ídolo de principio a fin. Le esperó impaciente durante el retraso y el largo prólogo del show, le ovacionó en pie tras la primera canción, 'Mi héroe' («si hemos empezado, no hemos terminado», comentó una dama de la fila 18), se hartó de piropearle cuando se quedó callado mirando al patio de butacas y a los palcos (tío bueno, eres un amor, grande Antonio, me acabo de separar…), coreó con alegría todas las canciones y cuando se puso a dar palmas parecía que estábamos dentro de una película comercial americana... Nunca hemos atestiguado tal entrega y pasión, ni siquiera en conciertos para quinceañeras. La gente estaba entusiasmada al máximo.

Orozco se trajo a cuatro músicos (no hubo bajo y a su hermano le ha ascendido de la percusión a la batería) y a dos actores (hubo cuatro números teatrales, y sobraron los dos en pareja; quizá sea una maniobra para subirse a la ola del feminismo, porque no tienen ninguna ligazón con el resto), y él también se dedicó a molonogarnos (perdón por el palabro) de modo sentimentaloide y almibarado (ya saben cómo es), con dicción a menudo ininteligible (se le entendió menos que a Dani Martín), llegando a discutir con varios espectadores, haciéndonos reír en una ocasión (con la foto de niño), enloqueciendo él en otra (nos llamó estúpidos sin que pareciera actuar, apodó 'Hermosotti' a uno de sus músicos porque se había cortado el pelo igual que Eros Ramazzotti, se carcajeó espetando que cómo pagar por ver eso, amenazó con despedir a los de producción y les dijo que Bustamante estaba buscando gente, «qué bien os lo vais a pasar») y dilatándose hasta el infinito en el bis (en 22 minutos de bis solo hubo una canción, con él a solas con su guitarra –no decimos el título porque nos han pedido que contemos lo justo-, sentado al borde del tablado, y además durante un largo discurso nos pidió que mandáramos mensajes con dinero al Hospital Sant Joan de Déu y al final, con la gente en pie, no acababa de irse, de hacer mutis, nos miraba, amagaba tocar otra, pero nada, ahí seguía un tanto egolátrico).

Por lo contado hasta aquí ya se pueden hacer a la idea del ritmo poco tenso y continuamente interrumpido del encuentro. Un encuentro que no es ni teatro (a pesar de los números) ni casi concierto (por culpa del sonido y de los parones cortarrollos). Hace dos semanas estuvieron en el Campos Love Of Lesbian dando un concierto teatralizado que funcionó mejor y donde permitieron grabar, fotografiar, etc. También hubo monólogos sobrantes en el show de Santi Balmes y los suyos debido al deseo de romper la 'cuarta pared', término que usaron Love Of Lesbian y un Orozco que parece tener fobia a los móviles: ahora que estamos juntos que no se interponga entre nosotros un chino, o un coreano, conminó vocativo en singular aludiendo a las marcas (pero, contradictoriamente, nos pidió usar los móviles en dos momentos: para iluminar el teatro con las linternas y para mandar donativos al hospital).

En total, en 139 minutos sólo sonaron 14 canciones, imagínense la cadencia. Y Orozco leyó tanto del teleprompter que daba la sensación de que no se sabía las letras de ninguna. Y son sus hits, desde 'Moriré en el intento' hasta 'Devuélveme la vida'. Atusándose el pelo cada dos por tres, Antonio José Orozco Ferrón (Barcelona, 23 de noviembre de 1972, 46 años) sonó andalusí a lo Alborán (cuando cantó a capella y enloqueció de nuevo a la platea), hizo rock a lo La Fuga ('Moriré en el intento', una de las veces en que se subió el volumen para corregir el entuerto), más andalucismos sugirió vía Manolo García, Manu Carrasco ('Temblando', soul español en dúo con el piano) y de nuevo Alborán (cuando bajó a cantar entre la gente: unas espectadoras casi le secuestran), desde el sofá reivindicó a Triana ('En el lago', la que mejor cantó él), de seguido versionó 'El patio' de Pablo López (lo mejor de la velada, con Orozco apuntándonos con un foco), y de repente se volcó en el concierto en sí, en el arreón final, en una apoteosis pufeada por el sonido limitado, donde se vivieron emociones fuertes con 'Llegará' y la gente en pie, y con un inferior 'Mírate' («parece un playback de la Campos en Telecinco, se oye más al público», criticó Azpiazu, fan de Orozco que le ha visto cantidad de veces y que asegura que la de este jueves ha sido la peor), más ecos de Alejandro Sanz ('Ser o no ser') y Sergio Dalma ('Lo que quieras soy') antes del bis, el largo y poco sustancioso bis, cuando comentó una entregada dama de la fila 16: «cuánto habla, ¿no?».

Estuvo mucho mejor la primera entrega de 'Único', que vimos en el Arriaga en marzo de 2016. Quizá el secreto de este 'Único' en su segunda temporada se pretenda mantener para idealizar una cita con escenografía normalita, teatro pegado con cola (sobrante), monólogos excesivos (dependiendo de la inspiración del catalán se alargan más o menos) y, en el caso del Campos, sonido pésimo. Una cita para fans fatales que nos hizo pensar: ¿nos gustaría más ver a Loquillo en una propuesta teatralizada similar? Hum…

 

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