Ángel Stanich, el ermitaño noctámbulo

Stanich con la mirada perdida, como Rasputín./Danello
Stanich con la mirada perdida, como Rasputín. / Danello

El santanderino llenó el Kafe Antzokia de gente predispuesta y de rock psicodélico de inspiración española y lírica en castellano con la que casi cualquiera se puede identificar

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Ambientazo el jueves en el Kafe Antzokia. En sus dos salas: nos dio tiempo a pasar un rato por el Antxiki, donde a las 8.30 Rafa Rueda presentaba en cuarteto indie flotante de querencia brit su último disco, ‘Hiri kristalezkoa’ (Elkar), y pareció tan poderoso y sentimental como unos Thirty Seconds To Mars orgánicos; y a las 10 hizo lo propio en la sala grande el cántabro instalado en Madrid Ángel Stanich, que vino a estrenar su segundo disco largo, ‘Antigua y barbuda’ (Sony), lo hizo en quinteto elegante (sus cuatro escuderos con americanas), alto (como la mayoría del público masculino presente) y piloso (bigote, barbas o perillas gastaban los cinco músicos), y lo contaremos a continuación.

En el Kafe Antzokia grande había ese día ambientazo generado por unos 444 espectadores, como calculamos multiplicando a vista de pájaro desde el anfiteatro (el promotor se asombró de nuestro cifra y precisó que con invitados habría 450-460 personas). Y el foco de las miradas y las orejas fue Ángel Estanislao Sánchez Durán (Santander, 1987), flaquísimo, alto, barbado y de pelambrera profusa (estéticamente se parece a su amigo Vielba de Arizona Baby, o al getxotarra Jokin Salaverría, o según Tsustas también al violinista Ara Malikian).

El eremita Stanich, un tipo de costumbres noctívagas, pilotó desde el centro de la escena un show de 116 minutos para 18 piezas (contamos como uno más la larga introducción instrumental del bis), canciones que esporádicamente elevaban coros espontáneos del gentío (alcanzando el cénit en las dos finales: ‘Metralleta Joe’ y ‘Mátame camión’). ¡Eso parecía un concierto indie de Supersubmarina!

Pero no, fue un concierto de rock psicodélico español, tan español que en ciertas escapadas boogie remitió a los andaluces Guadalupe Plata (‘Mezcalito’). Y tuvo capacidad para lograr que el público se sintiera identificado con el cancionero, pues a menudo su tono voz a menudo resonaba a un Albert Pla con actitud (‘Galicia calidade’ y sus codas en gradaciones, ‘Señor Tosco’ y sus concomitancias también con Planetas, Stones, Lou Reed…), a un Leiva sentimental (‘Mañana’ con su final The Band, ‘Camino ácido’ con su epílogo velvetiano, el intenso ‘Carbura’ que se desarrolló en plan Israel Nash), a Coque Malla (también se parecía a Coque cuando nos hablaba Stanich), a unos Sidonie magnéticos (‘Escupe fuego’, la segunda canción, la primera en que puso a cantar al gentío contento), a Iván Ferreiro en ciertos momentos vulnerables (el flotante ‘Río Lobos’), a Pájaro cruzado con Negativos (‘Más se perdió en Cuba’), a un Josele Enemigo tembloroso… Fue una bola lisérgica que envolvió a todos los presentes.

En un parlamento contó Stanich que esa era su tercera visita a Bilbao: la primera en el BEC, en el festival BIME, en unos pabellones que le recordaron a «un aeropuerto sin terminar» y en los que su padre se perdió (normal); la segunda junto a la ría, en el Crazy Horse, donde su padre tampoco supo llegar; y esta tercera en el Antzokia, adonde su padre no acudió y donde afirmó el líder: «hoy es el día grande para mí en Bilbao, muchísimas gracias». Seguro que regresará durante muchos años.

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