Andrea Motis, la niña prodigio del jazz español

Andres Motis, a la trompeta./Pedro Urresti
Andres Motis, a la trompeta. / Pedro Urresti

Banda de fuste, sólido presente y futuro internacional conjuga la vocalista y trompetista barcelonesa, que agotó y convenció en la gran apertura del 43 Getxo Jazz

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Vaya cola de gente tan larga se creó el miércoles en el Muxikebarri (el nuevo Getxo Antzokia) para acceder a la primera de las cinco sesiones de abono del 43 Getxo Jazz. Se respiraba honda curiosidad por ver el flamante local y a la trompetista barcelonesa Andrea Motis, etiquetada como niña prodigio y dotada de una envidiable proyección global gracias a sus giras y a su disco editado en el sello Impulse!

Tras el teloneo del grupo a concurso, el bien articulado Claudio Jr. De Rosa Quartet hispano-italo-lituano (mucho más transmisor que el Kontxi Lorente Trío a la tarde en una Plaza de la Estación de Algorta también llena), apareció en escena Andrea Motis, de 24 años, que se asemeja a una niña, arropada por cuatro hombres en semicírculo, escuderos entre los que destacaron al piano el gran Ignasi Terraza (cada solo suyo fue una delicia, una delicatesen en dosis cuasi fugaces) y a la batería un atado en corto Esteve Pi (no le pegó tan fuerte como solía, sino acompañando con versatilidad magnífica).

En el quinteto destacó menos el guitarrista Josep Traver porque tenía menos intervenciones, y a veces demasiado lo hizo el mentor de Andrea, su padrino, el contrabajista Joan Chamarro, quien nos propinó tres solos obviamente gratuitos aunque aplaudidos, porque ahí se aplaudía todo, tanto que parecía que había clac desperdigada por la platea.

Andrea Motis es una ejecutante académica que a la trompeta no rompe, y normal que le guste Avishai Cohen. Pero resulta muy estilosa, ¿eh? Y a la voz canta bien, pero en un tono grave y maduro asaz reiterativo al que debería echarle un poco de sal. Por eso su concierto de 16 piezas en 104 minutos (hora y tres cuartos) arrancó fulgurante, con ella mostrando una mano de cartas ganadoras; se atascó un tanto cuando se percibió que se repetían el tono y la fórmula; tocó fondo por parecer estilista y hasta poco ensayados en una terna de temas fuera de lugar ('Mediterráneo' de Serrat, al que llamó «nuestro compatriota»); y volvió a subir la emoción en la traca final.

Sí, el arranque de su concierto despejó dudas: Andrea lo vale. Abrió con la samba original 'Jo vinc / Yo vengo' (con guiño en el título a Jobim) y sopló la trompeta mejor que el argentino Guillermo Caliero en el Bilbaína Jazz Club; de seguido apostó por el swing en 'On a sentimental way', afamada por Billie Holiday, y entonces pensamos que la Peyroux el sábado lo tendrá difícil para igualar a la catalana, que se puso blusera a lo Sarah Vaughan; y tras resolverse la molestia de una sirena que se disparó en el flamante teatro (lo hizo dos veces en el concierto; «vamos a tocar free jaz», bromeó Andrea), remató la terna inicial con una fascinante y veloz versión de Nat King Cole solo un escalón por debajo de la inigualable ZAZ y con otro solo estupendo del piano de Terraza. Íbamos tres temas y estábamos todos fascinados, convencidos y convertidos.

Andrea Motis cantó en español, portugués, inglés y catalán (y no lo hizo en italiano porque consideró que no tenían muy bien preparado un título que no citaron). Cantaba mucho tiempo con la trompeta colgando de su brazo izquierdo, esperando a los solos que emitía con clase canónica, a lo Chat Baker el incluido en 'Dança da solidao' de Paulinho da Viola.

Esencia clásica

Y tras el fulgor inicial continuó abundando en la fórmula, incidiendo en el tono y perdiendo cierto brillo: 'Señor Blues' de Horace McCoy contuvo un buen solo de trompeta; su original 'Sense pressa' (sin prisa en catalán) fue un lento etéreo apto para prospeccionar lo transversal; y un fogonazo en modo de samba rápida a lo Gal Costa fue el también original de Motis 'Brisa', con notable solo baterista de nuestro admirado Pi.

Inopinadamente, el concierto se atascó entre los temas 9 a 11: por alargado y suavizado el 'Honeysuckle Rose' de Fats Waller, que no pasó de lo estilista (cogido por los pelos, poco ensayado y encima lastrado por el tercer solo del bajo de Chamorro); por oportunista y falso el 'funk' (así lo llamó) de Bill Withers 'Ain't no sunshine', con solo de trompeta a lo Miles Davis (este cover lo revisó mejor en el bar La Nube el bluesman argentino Demian Domínguez); y por populista y bastante fuera de lugar el 'Mediterráneo', con las escobillas de Pi abriendo y cerrando.

Lo del párrafo previo fue lo más, lo único criticable de un concierto muy bueno. No se difuminó la velada en ese pasaje, pues las cinco últimas piezas tuvieron un nivel superior, más inspirado y mejor ejecutado: la samba rápida en trabalenguas 'Para que discutir com madame'; la transversal versión de Silvio Rodríguez 'Rabo de nube' en plan Silvia Pérez Cruz; el pellizco brasileiro de la pieza original de Motis 'I Didn't Tell Them Why'; y el bis doble con el creciente desde lo minimal con la voz y el piano de Terraza hasta lo sensual en quinteto 'Poor Butterfly', popular por Sinatra, y el adiós con los pinchazos swing de 'Never will I marry' de Judy Garland.

Acabó el concierto y todos pensamos que Andrea tiene el jazz, que aparte de recrear standards compone nuevas piezas con la esencia clásica, que le falta algo por la edad, que cuando se suelte del todo no le saldrán las canciones tan parecidas, que debería quitarse el corsé de la voz tan grave y de mujer más mayor, y que debería soplar más con el brío de clásicos trompetistas tipo Roy Eldridge y Louis Armstrong más que con la cadencia de Avishai y tantos contemporáneos. Pero sí, es una niña prodigio en el último par de años expuesta en el escaparate global gracias a la apuesta por ella del sello Impulse!, perteneciente a la multinacional Universal.

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