Un Albert Pla 'typical spanish'

Albert Pla con su túnica recurrente /ARLOS Gª AZPIAZU
Albert Pla con su túnica recurrente / ARLOS Gª AZPIAZU

El bufón catalán llenó el Arriaga con su opus teatralizado titulado 'Miedo', beneficiado por buenos trucos tridimensionales pero con poco fondo intelectual, escasa vis actoral y sonido enlatado

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El cantautor iconoclasta e inclasificable Albert Pla se ha quedado atrapado en su personaje. Atascado en su rol. Si antes disimulaba sus manías, aunque le desbordaran, ahora las evidencia hasta convertirse en una auto-caricatura, en un bufón de estética andrajosa reiterativa (esa túnica que deja sus peinas y brazos desnudos) que canta susurrando, que es atravesado por arrebatos infantiles y que peca de falta de misericordia, excepto hacia él mismo (lo que antaño podría ser tomado por su propia vulnerabilidad).

Previsible hasta las cachas, pero apetecible hasta el tuétano por sus fans que llenaron el jueves el Arriaga, Albert Pla i Álvarez (Sabadell, Barcelona, 52 años y hoy día residente en Gerona, la provincia catalana más apartada y nacionalista) nos visitó esta vez con 'Miedo', una propuesta teatral perfectamente pregrabada, enmarcada y delimitada en la que él, sólo él, sin músicos ni actores ni otro rastro de Humanidad (que le cae mal, como declaró a este periódico), desde el centro del escenario, en el seno de una suerte de gran máquina tridimensional bastante bien lograda, durante 82 minutos (saludos finales incluidos, tras los que abandonó el teatro caminando por el pasillo del patio de butacas) cantó una docena de canciones (¡la música en playback!), soltó decenas de chistes (reconozcamos que nos reímos en dos) y disertó sobre el miedo y la vida con ninguna profundidad intelectual (aunque por el epílogo Pla caló un poco más cuando le llegó el turno al miedo existencial).

El programa de mano disponible en la entrada vendía que 'Miedo' es «un espectáculo multimedia de poética sorprendente» y loaba entre otros factores las «tecnologías de vanguardia». Veamos: casi todo va pregrabado (las visuales por supuesto y la música casi toda, quitando cuando se colgó la guitarra en un tema casi a capela), la voz de Albert Pla apenas se distinguió en la ecualización del Arriaga, y aunque estaba conseguido el efecto tridimensional el show no pasaba de lo barraquero si lo comparamos con las atracciones de Futuroscope, por ejemplo. Y sirva semejante parangón porque un número de 'Miedo' transcurre en un circo.

Violencia verbal nada humanista

Dejando de lado lo superficial de su filosofía y las numerosas referencias visuales fusiladas ('2001: Una odisea del espacio', 'La guerra de las Galaxias', 'Poltergeist', cualquier peliculilla de terror para adolescentes con el truco del ruido que sobresalta, 'El flautista de Hamelin', etc.), el gran lastre de este opúsculo es la escasa vis cómica (excepto para sus fanáticos y adeptos) y actoral del personaje Pla. Y es que a pesar de su catalanismo sobrevenido (al principio era un tipo totalmente apolítico, cómo no iba a serlo debido a su ensimismamiento e introversión), el sabadellense es un humorista 'typical spanish': de verdad que habla como Antonio Ozores y en un sketch ofició idéntico a La Vieja del Visillo de Mota, pero exagerando con una violencia verbal nada humanista. Da la sensación de que el susurrante y recogido cantautor sólo posee un recurso actoral, que es el de adoptar una dicción pueril (buf, el infantilismo corroe esta sociedad) a la que cuela raptos de rabia.

Casi todo resulta previsible en este 'Miedo', un manifiesto plano a pesar de su proyección tridimensional. Nos creímos los miedos infantiles que rodeaban al niño Pla y que él mismo enumeró al empezar (primera carcajada del que suscribe: «el ratoncito Pérez, este sí me daba un ascoooo»). Fuimos oyendo con poca emoción las músicas enlatadas de Raül Refree (el que sacó adelante a Rosalía, ahí es nada) inspiradas en lo indie, la lisergia, el musical, el punk de La Banda Trapera del Río, o el rollo Nacho Vegas. Intentábamos distinguir, adivinar lo que cantaba Pla porque ya les hemos contado que su voz se oía muy poco (estaba demasiado baja y su vocalización tan susurrante no ayudaba). Pensamos que los pasajes monologuistas de supuesto poso parecían intercalados con alfileres (aunque en el fondo revelaban la cara oculta del personaje: más crudelísimo que demagógico –segunda carcajada, por totalmente imprevista, cuando gritó aplastado por él: «joder, el puto Che Guevara no, por favor»-). Y llegamos hasta un desenlace ambivalente que no sabemos si apuesta por el cielo redentor o por la corrupción de la carne de los zombies, y ahí falla un bufón como Pla, que no se posiciona (como tampoco lo hace, y menos mal, cuando aparece un cuadro del Rey Juanc Carlos).

Al salir, el fotógrafo Azpiazu se mostró encantado con los efectos 3D de este 'Miedo', se quejó de que la voz estuvo baja y afirmó echar de menos canciones famosas de Albert. Ya, como 'El lado más bestia de la vida' y alguna otra que parece haber desaparecido de las redes.