Alain Pérez, un Obelix en su salsa

Alain Pérez se trajo una orquesta de alumnos cubanos magistrales. /Miriam
Alain Pérez se trajo una orquesta de alumnos cubanos magistrales. / Miriam

Antaño bajista de Paco de Lucía, el cantante cubano dirigió una modernísima orquesta de catorce miembros que puso en danza la Santana 27

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El jueves se suspendió in extremis el concierto inaugural del 31 Getxo & Blues, el de Eric Bibb, porque no cuadraron las conexiones aéreas. El bolo era a las 8 y a las 6 o así nos avisaron de su anulación. Y pensamos en un plan B: ¿El heavy metal danés de Demon Head en La Nube a las 9? ¿El stoner rock franchute de Mars Red Sky en el Antxiki a las 8.30? Hum… ¡mejor la gran formación cubana Alain Pérez & La Orquesta en la Santana 27 de Bolueta! Ya saben que Alain Pérez (Trinidad, Cuba, 1977) fue bajista en la banda de Paco de Lucía, aunque ha estudiado guitarra clásica, eléctrica y dirección de orquesta, como demostró entre danzas y sin perder comba el jueves, cuando apareció de blanco integral: beisbolera, vaqueros y camiseta con el rostro de Obelix.

La descarga cubana estaba anunciada así: puertas a las 8.30… y arrancó a las 9.36. Nos lo olíamos, ¿eh? Con tales horarios no da tiempo a coger el último metro, y normal que solo hubiera unas 66 personas esperando, bebiendo, atendiendo, bailando, subiendo la mano los que quieren fiesta, como pasó cuando jaleó Alain. El show se celebró en la Sala Blue de la Santana 27, más pequeña, donde esas 66 personas se antojaban escasas pero gozaron del privilegio de contar con 14 músicos en la tarima, a un palmo y con sonido de lujo.

¡Casi no cabían los 14 oficiantes en el tablado! No se veía a los cuatro vientos ocultos tras un par de altavoces a la derecha, apenas a los cuatro percusionistas al fondo de la escena, y mejor a los dos coristas bailongos, al pianista, al contrabajista, al guitarrista que aportaba un empaque modernista y transversal impresionante, y al líder, a Alain, que cantaba, bailaba y dirigió la orquesta durante 114 minutos para una decena de piezas que eran pequeñas suites, con codas insertadas, pregones improvisados pero siempre ejecutados con solvencia y robustez, cambios de ritmos brutales, un par de pasajes percusionistas que no se hicieron pesados… Los músicos eran muy jóvenes y muy flacos, alumnos de una escuela de La Habana con un nivel magistral, vive Dios, digo, por Tutatis.

Con una acústica restallante y diáfana, una conjunción magistral (había cuatro percusiones, hasta cinco cuando agitaba las maracas uno de los coristas, y no sonaba a barullo, se apreciaba cada golpe de parche) y una encomiable decisión de mirar adelante sin perder las raíces de la salsa y el son, Alain Pérez & La Orquesta abrieron colosales ('De flor en flor'), Pérez cantó cual baladista cubano meloso antes de ceder paso a un punteo del guitarrista que sin mirar el mástil emitió fusión melódica ('Veinte desengaños'), un trasfondo de cool blues contuvo la festiva 'Celosa no' («¡vacílala!», apostillaban los coristas), tras otro punteo introductorio puro blues Alain narró una historia gráfica en la escuela de Rubén Blades con arreglos de big band ('Antonio Rodríguez'; pertenece al disco 'ADN', de 2017, del que tocaron varias canciones, y en el disco colabora el propio Blades, nos enteramos el día después), se insufló un sustrato funk a la apabullante y apasionante 'ADN', todos se marcaron un medio tiempo comercial, creciente y bullente a lo Juan Luis Guerra tan intenso como auténtico ('La súper mujer', con cachos incrustados desde el Brasil, o qué será, qué será, y donde Alain improvisó con scat), tras comentar «ya que estamos románticos… y perversos, vamos a tocar 'El son de la madrugada'», un bolero potentísimo con desarrollo fusión. Y así hasta el final con 'Con corbata y sin cabeza', 'La bemba colorá' y 'Shortcito', que no oímos porque habíamos corrido al último metro.