¿Acabó Ismael Serrano su show en el Arriaga?

Ismael Serrano sentado ante su tercer atril, a la derecha. </p><p>/
Ismael Serrano sentado ante su tercer atril, a la derecha. </p><p>

Final muy extraño, en modo anticlímax, del recital teatralizado del cantautor madrileño, que dio un show en solitario creciente y muy logrado en las canciones de amor y del peso de la vida

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Nos dio la sensación de que Ismael Serrano dejó sin terminar su recital vespertino dominical en el Arriaga. Y nos quedamos sin saber qué sucedió con 'Ella'. En el lobby se anunciaba que el encuentro duraría dos horas y cuarto pero se acabó al de dos horas y 20 minutos. O sea, conociendo al personaje, la cosa quedó corta. Además, suele dar dos bises en esta gira y el domingo sólo hubo uno.

Tras dar ese primer bis y hacer mutis rápidamente, un hombre invadió el escenario con una niña (el que suscribe llegó a pensar que era 'Ella'). Intentaron que se fuera, pero ahí se quedó, soltando un discurso de cinco minutos. Y eso que aseguró que no le gustaba hablar. Contó que venían de Valencia, que había perdido un perro, que estaban grabando vídeos para la niña, que ella silbaba y la gente repetía su sonido. La chavala sacó un chiflo y lo hizo sonar, y mucha de la gente que llenaba el teatro lo imitó, y el padre lo grabó con un móvil. Una situación más ridícula que surrealista. Y ahí se acabó el concierto y la gente probablemente se quedó sin oír más a Ismael, quien por culpa del anticlímax no reapareció. Informemos al valenciano que puede hacer lo mismo este sábado en el Teatro Principal de Vitoria, pues aún quedan 134 butacas a la venta en la mañana de hoy lunes.

Dos espontáneos aparecieron en el recital dominical: el inesperado y cortarrollos valenciano ya mentado (aún se ignora si más mimado o consentido es el padre o la hija), y un madrileño de San Sebastián de los Reyes que vino desde Torrelavega y sostuvo a Ismael el cuaderno con la letra de 'Te odio'. La cantó sentado al borde del tablado, donde sufrió el rechazo de una chica de jersey gris de la segunda fila que prefirió no colaborar y a la que usó de diana de sus bromas a partir entonces.

En la segunda fila, con jersey gris, la chica blanco de las bromas de Ismael
En la segunda fila, con jersey gris, la chica blanco de las bromas de Ismael / CARLOS Gª AZPIAZU

«No canto desde el rencor ni desde la nostalgia, pero tengo memoria para no repetir los errores», avisó al abrir el único bis el cantautor progre Ismael Serrano Morón, un madrileño de 44 años. Vale, el rencor que derramó sobre la chica de la segunda fila iba en broma, y más que en el rencor Ismael vive en una burbuja políticamente correcta, que ya sabemos es una dictadura. Sin embargo, la nostalgia le embarga hasta la melancolía, lo cual se percibe desde las anécdotas, como esa de juntarse con los compañeros del instituto en Navidad (con tanto rencor reservado para el guaperas de entonces).

Sentirse cansado

Y es que la lírica de sus canciones están cruzadas por el paso del tiempo: «Somos el lamento de una vieja herida» cantó en 'Ven' antes del verso «he robado pan de la mesa del rico» (comparado conmigo Ismael es muy rico). «Ahora que la adolescencia es un septiembre lejano» entonó en 'Ahora', premiada con una ovación rota y durante la cual preguntó Ismael: «¿te acuerdas de esta canción?, qué jóvenes hemos sido»). También cantó sobre amores perdidos (cuando hablaba de 'Ella') y el sentirse cansado («y nieva sobre mi espalda cansada», confesaba en 'Nieve').

Ismael Serrano siente nostalgia, añoranza, hasta por lo que no ha vivido, como certifica su mayor éxito, el sesentayochista 'Papá cuéntame otra vez', antes del cual soltó un discurso reconociendo que al menos sus padres tenían un relato, que los de su generación ni eso (y aquí le falló la microfonía, lo cual sirve de metáfora no buscada).

Fue un concierto de 20 canciones en 140 minutos que se hizo corto, más aún conociendo al personaje: 26 canciones en dos horas y tres cuartos administró en mayo de 2018 en el Euskalduna. Y eso que entonces vino con una estupenda banda dream pop, y se anunciaba que la cita duraría dos horas. El domingo en el Arriaga se oyó mejor que en mayo en el Euskalduna. Y si en el Euskalduna Ismael dialogaba con una rosa para recorrer sus veinte años de carrera, aquí, en el Arriaga, le interpelaba la voz en off de un supuesto regidor del show (que le preguntaba por 'Ella').

Metaconcierto

Y es que se supone que no era un concierto, sino un ensayo general para el concierto al que vendría 'Ella'. O sea se trataba de un metaconcierto. Lo malo es que entre tanto ensayo, tanto teatro, ajustes con los técnicos y conversaciones con la voz en off (que estaba grabada), a veces Ismael rompía la cuarta pared y nos preguntaba si lo estábamos pasando bien y demás. Ese fue el único fallo, el desajuste.

Ismael irrumpió corriendo por el patio de butacas, porque se había perdido y llegaba tarde. Muy lograda y divertida su entrada, sí. Y en tal recital teatralizado interpretó desde tres atriles, el central, uno a la derecha donde cantó sentado (¡y hasta donde nevó!), y otro a la izquierda (no nos parece mal que tenga la letra a mano, pues son canciones tan largas…). Iba chequeando la cosa, hablando con dos técnicos que permanecían en la escena oscura y chatarrera, y reveló una solvencia estupenda a la guitarra, pues fue muy versátil en diferentes estilos, desde los arpegios brasileños de 'Últimamente' hasta los americanos del country alternativo del 'Ojalá' de Silvio.

Hum… El concierto fue creciente y hubo quizá tres momentos más flojos entre la veintena de piezas: la primera vez que usó el loop para tocar sobre el ritmo ya marcado por la guitarra ('Sucede que a veces', la cuarta), cuando se puso más explícitamente reivindicativo y dijo que se acercaba el 8 de marzo. El cantautor aseguró que tenía toda la esperanza puesta en «vosotras» (la feminista 'El día de la ira', la de «nadie podrá decidir sobre tu vientre» y otros rozamientos con el panfleto, que fue la novena), y cuando encendió la radio y de ella salió un innecesario y disruptivo ritmo reguetón que deslució que deslució la canción en cuestión ('La llamada', la duodécima).

Serrano, un cantautor de carga política.
Serrano, un cantautor de carga política. / CARLOS Gª AZPIAZU

Grito de revolución

En efecto: Ismael Serrano canta suavito, pero sus mensajes tienen hondo calado político, un mensaje no tan subliminal con reyes que pierden coronas, palacios que se derrumban, un grito de revolución soltado por un espectador desde un palco, otro de asesino gritado por muchas chicas a mitad de una canción… Por supuesto, no hubo ninguna referencia a la desintegración de Podemos ni la de Maduro, pero ahí seguía él lanzando lecciones morales en títulos como 'Al bando vencido' abriendo el bis, o antes, en modo de poética panfletaria, 'Si se callase el ruido', con buenos loops aumentando su voz hasta el coro

Pero lo mejor de este concierto creciente fueron las canciones de amor, que sobre todo llovieron por la parte postrera, canciones de amor ya fuera en versiones ('Palabras para Julia' de Paco Ibáñez adaptando a José Agustín Goytisolo en plan folk recogido, 'Ojalá' de Silvio Rodríguez en plan crepuscular) o en originales: la mentada y brasileña 'Últimamente', un 'Recuerdo' que quizá fue lo más bonito y logrado de la velada, la exangüe y efectiva 'Vértigo'… Y también le quedaron bonitas canciones recargadas de la tristura que abriga al poeta, pues él, Ismael, es un poeta, un vate, un trovado ('Sin ti a mi lado', una de las que Ismael se presenta como perdedor, 'Ahora que te encuentro' y el aire de derrota…).

De las mejores veces que hemos visto a Ismael. Incluso no abusó tanto del vibrato, optando más bien por un susurro recurrente. Y por cierto, las entradas estaban agotadas, pero se liberaron siete buenas a última hora de las que se consiguieron vender dos más.