La mejora fiscal en Bizkaia no llega al micromecenazgo

/el_correo_2017/noticias/201905/22/culturas/musica/violonchelista-precoz.xml/e.c.
/el_correo_2017/noticias/201905/22/culturas/musica/violonchelista-precoz.xml / e.c.

El Consejo de Gobierno de la Diputación aprobó ayer el reglamento sobre las fundaciones y el patrocinio cultural

Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

Desde el 1 de enero, la tributación de las entidades sin fines lucrativos y las deducciones fiscales al mecenazgo gozan de un mejor tratamiento en el territorio vizcaíno, si bien el nuevo esquema normativo sigue ignorando el fenómeno creciente del micromecenazgo cultural. El Consejo de Gobierno de la Diputación de Bizkaia dio ayer luz verde al reglamento que desarrolla con carácter retroactivo la norma foral aprobada en marzo sobre el régimen fiscal de las fundaciones y las asociaciones declaradas de utilidad pública, y de los incentivos fiscales al mecenazgo.

Tal y como se menciona en su preámbulo, la nueva norma deroga otra anterior de 2004 por la necesidad de reformular y mejorar el catálogo de incentivos fiscales y los instrumentos jurídico-tributarios que fomentan entre las personas individuales y las empresas «la colaboración con los poderes públicos en el cumplimiento de los intereses generales de la sociedad». En el ámbito del mecenazgo, la norma eleva los incentivos fiscales que se aplicaban hasta ahora. Así, en el caso de los donativos, donaciones, aportaciones y prestaciones gratuitas de servicios deducibles, los contribuyentes tendrán derecho a deducir de la cuota íntegra en el IRPF el 30% de la base, cuando anteriormente era solo del 20%. Eso sí, la base de esta deducción no podrá exceder del 35% de la base imponible del IRPF.

240 millones en 2016

Por lo que se refiere al Impuesto de Sociedades, la deducción en cuota alcanza también el 30%, si bien deja de ser partida deducible en la base imponible. Ahora bien, la propia norma foral posibilita en su articulado una mayor deducción en el IRPF y en el Impuesto de Sociedades cuando se trata de convenios de colaboración empresarial y de gastos en actividades de interés general o cuando el mecenazgo se dirige a ciertas actividades o programas declarados como prioritarios por la propia administración.

Es el caso de los principales museos vizcaínos, de la ABAO, de las temporadas de los teatros públicos, la Orquesta Sinfónica de Bilbao, la Sociedad Coral, los festivales, los certámenes y las fundaciones deportivas. En el supuesto de estas actividades prioritarias, la deducción en la cuota puede superar ampliamente en Sociedades el 45%.

Las cuotas de amigos de algunos museos deducen del IRPF, pero no las de la ABAO y la Filarmónica

Uno de los temas más controvertidos en la fiscalidad de la cultura vizcaína tampoco ha sido solucionado en esta última modificación normativa. Se trata de la inequidad que supone el aceptar la deducción en el IRPF para el caso de las aportaciones a las asociaciones de amigos de algunos museos -por ejemplo, el Bellas Artes y el Guggenheim-, cuando en cambio no se acepta en el caso de la cuota de la ABAO y de la Sociedad Filarmónica -ambas incluidas, lo mismo que los museos, en el capítulo de actividades prioritarias-, sobre la base de que no hay diferencia entre la cuota a la asociación y el abono de la temporada con sus entradas correspondientes.

El nuevo tratamiento fiscal del mecenazgo en Bizkaia se acompasa parcialmente con el del resto de España en lo que se refiere a la deducción general en el IRPF, pero es menos incentivador en el Impuesto de Sociedades y encima ignora completamente el fenómeno creciente del micromecenazgo. De hecho, mientras que la nueva norma foral no incluye ningún estímulo para el desarrollo de esta figura, en territorio común los primeros 150 euros donados tienen una deducción del 75% en la cuota íntegra del IRPF. En el caso cercano de Navarra, los primeros 150 euros tienen una deducción del 80% en la cuota del IRPF en cada periodo impositivo y del 40% en el resto de las aportaciones.

El micromecenazgo logró en España donaciones por importe de 240 millones en 2016. En los últimos dos años esta figura del pequeño mecenazgo colaborativo ha estado detrás de la compra o la restauración de importantes obras de arte en el Prado y en el Thyssen, así como de la financiación de diversas acciones en favor del patrimonio cultural.