El rap de los marginados británicos y el 'Brexit'

Loki tuvo una madre adicta a las drogas, una infancia violenta y una juventud cercana al abismo. /
Loki tuvo una madre adicta a las drogas, una infancia violenta y una juventud cercana al abismo.

El rapero Loki, con su nombre de pila Darren McGarvey, publica 'Safari en la pobreza', un relato autobiográfico sobre la cólera de las clases bajas en Escocia

Iñaki Esteban
IÑAKI ESTEBAN

Para el rapero Loki, recibir una paliza suponía una liberación. Le bastaba con cerrar los ojos y esperar a que terminaran las patadas y puñetazos. «Cuando te golpean una parte de ti desconecta. Te insensibilizas mientras se lleva a cabo el acto violento». Más difícil de gestionar era para él, durante su infancia en un barrio degradado de Glasgow, el estado paranoico de alerta por la amenaza continua de la violencia en casa, en la escuela y en la calle. «La hipervigilancia se convierte en tu estado de ánimo predeterminado, lo que hace muy difícil que te distiendas o disfrutes del presente», escribe en sus memorias.

Darren McGarvey, Loki para el mundo musical, acaba de publicar 'Safari en la pobreza. Entender la ira de los marginados en Gran Bretaña' (editorial Capitán Swing), el relato de su crianza con una madre drogadicta que murió a los 36 años, y sus experiencias en bloques de viviendas con «las escaleras sucias y los ascensores con olor a orina y pelaje húmedo de perro».

Utiliza la palabra 'safari' con un sentido irónico. Cuando se incendió la torre Grenfell en Londres, el 17 de junio de 2017, todo el mundo quiso saber quiénes vivían allí, y cómo. Impresionaban los relatos de los padres y madres que habían dejado caer a sus hijos por las ventanas con la esperanza de salvarlos, antes de que muchos de ellos murieran en las llamas. Los medios de comunicaron montaron sus particulares 'safaris' para observar a los 'indígenas' que sobrevivieron, y poco después se olvidaron de ellos. Loki rinde homenaje a su memoria, que en cierto modo es la suya.

Una fuga y un embarazo

Vivir en la pobreza produce rabia y resentimiento. También una tendencia a apoyar opciones rupturistas como el 'Brexit' aun sintiendo que la solución a sus problemas no vendrá por ahí. Loki se crió en un barrio, Pollok, en el que apenas había inmigrantes, con mayoría de escoceses, algunos típicamente pelirrojos como él. Sus habitantes no se sentían representados por nadie. La política les parecía un juego de pijos que sólo querían aprovecharse de ellos; y la inmigración, un peligro para las generosas ayudas sociales de las que se beneficiaban.

Loki empezó su carrera de rapero recitando en bares rodeado de gente formando un círculo, y ha evolucionado hacia un hip hop con un alto nivel de producción musical. Las palabras esvástica, cocaína y macho alfa, utilizadas con sentido crítico, se oyen con fuerza en sus temas, entonados con un durísimo acento escocés.

Sus padres se conocieron en una sala de ensayos de Glasgow cuando tenían 19 años. Se fueron de camping con unos amigos, se marcharon sin pagar y por unos días se sintieron Bonnie y Clyde. Organizaron una comida en casa de sus abuelos maternos y después de vaciar varias botellas empezaron a volar los objetos que los comensales tenían más a mano. Aquel hogar era un infierno y su padre, que también procedía de una familia de alcohólicos, quiso cortar por lo sano, pero justo cuando iba a hacerlo su novia le dijo que estaba embarazada de Darren.

El rapero recuerda las primeras veces que salió del barrio para visitar a un psicólogo infantil en el centro de la ciudad. Notó en el ambiente una «calma extraña» y un paisaje multicultural como el que se describía en su clase de historia contemporánea. En Pollok rara vez se veía gente de color. «¿Conque así viste la gente cuando no teme que le apuñalen?», pensaba al bajarse del autobús.

Damon Albarn y Paul Simonon se preguntan qué ha pasado en su país

Líder de Blur y de Gorillaz, banda con la que estuvo en el último Bilbao BBK Live, Damon Albarn aún tiene hueco para otro proyecto, el que tiene con Paul Simonon, bajista de The Clash que sale en la portada de 'London Calling', Tony Allen, batería en el combo afrobeat de Fela Kuti, y Simon Tong, guitarrista de Verve. Se llaman The Good, The Bad and The Queen, sacaron su primer disco hace once años y ahora publican su segundo, 'Merrie Land', algo así como patria feliz. Albarn se preguntó por qué los ingleses, sus compatriotas, querían separarse de Europa, algo con lo que él no estaba de acuerdo. Inició un viaje por ciudades de Inglaterra que apenas pintan en el mapa e inició su travesía en Blackpool, antes un resort playero al norte de Manchester y hoy una emplazamiento en decadencia porque los ingleses prefieren aguas más claras y cálidas. A juzgar por las letras de las canciones, no está claro si Albarn, Simonon, Allen y Tong han llegado a alguna conclusión, pero la melancolía que fluye a lo largo de este conmovedor álbum –entre el folk, el dance hall y el pop de cámara, producido por Tony Visconti– puede ser el indicio de que sienten una pérdida, la de su vínculo con los otros europeos.

Loki se detiene en la descripción de las trabas burocráticas para agruparse a nivel comunitario, más allá de la organización de cursos de cocina y de equipos de fútbol. «El sistema está diseñado para que la gente de la clase trabajadora 'dialogue' con 'moderadores' y 'consejeros', que les ayudan a diluir cualquier cosa que quieran hacer para que coincidan con quienes están en posición de influencia o poder», explica. Cuando se descubre el pastel, los vecinos empiezan a sospechar de que la política sirve para callarlos, no para darles voz.

Los vecinos de Pollok se movilizaron para que no construyeran una autopista por encima de sus cabezas. Montaron un campamento de protesta, al que se acercaron activistas y profesores para llevar la causa a su agenda ecologista. La gente de Pollok los miraba con recelo porque sospechaban que querían instrumentalizar su reivindicación para dar visibilidad a su «ecologismo de clase media». El consumo de alcohol y drogas en la acampada acabó por arruinar la iniciativa.

A los 18 años, Loki se quedó sin hogar después de un colapso psicológico por la muerte de su madre, que le había abandonado cuando tenía 10. Se integró en una vivienda de apoyo social, en la que estuvo tres años. Descubrió el trabajo y los cheques del Estado del Bienestar. Nunca había tenido tanto dinero. Se compró una botella de alcohol para tenerla en casa, pero enseguida empezó a beber una tras otra, mezcladas con cocaína y anfetaminas.

Ya limpio, se centró en su carrera musical y en la escritura de 'Safari en la pobreza', ganador del Premio Orwell de la Universidad de Londres, cuya nómina de galardonados incluye a luminarias como Michael Ignatieff. Quería dar voz a los «invisibles». Y en cada línea de la obra se oyen sus gritos.

Mentiras de película sobre la desanexión
Benedict Cumberbacht

Un episodio con tantas pasiones y rincones oscuros como el 'Brexit' no podía pasar desapercibido para el cine. Así, el tortuoso proceso político que llevó al referéndum ya tiene su película, disponible en HBO, con el título de 'Brexit: The Uncivil War', estrenada directamente para televisión.

Protagonizada por el actor británico –y proeuropeo– Benedict Cumberbatch, nominado al Oscar en 2015 por su interpretación en 'Descifrando Enigma', la cinta de hora y media de duración se centra en las mentiras que funcionaron como propaganda a favor de la separación de Reino Unido de la Unión Europea.

En la película, dirigida por Toby Haynes, Cumberbatch da vida al político Dominic Cummings, uno de los principales instigadores del 'Brexit'. Cummings llegó a ser asesor personal de Michael Gove, actual ministro de Medio Ambiente británico, aunque se dio a conocer por su activa participación en la campaña 'Vote Leave' (vota por salir).

La película pone el foco en la importancia de internet para sumar adeptos al 'Brexit'; en el poder de las 'fake news' o noticias falsas que vaticinaban que el movimiento no triunfaría, lo que movilizó a los nacionalistas británicos; y en la lucha personal de Cummings.

Suyo fue el mensaje, falso a sabiendas, de que la salida británica de la UE supondría a Reino Unido 350 millones de libras (unos 388 millones de euros) semanales que se invertirían en la sanidad pública. Tuvo como aliado a Boris Johnson, exalcalde de Londres, convertido en uno de los personajes principales del filme.