Willy Uribe: «No volveré a vivir a Euskadi. Me quemó la presión de los radicales»

El escritor y fotógrafo getxotarra ante la playa de Sopelana./bernardo corral
El escritor y fotógrafo getxotarra ante la playa de Sopelana. / bernardo corral

El novelista y fotógrafo getxotarra, que escribió 'Allí donde ETA asesinó', se gana la vida como camarero desde hace cuatro años en Barcelona

ELENA SIERRA

Willy Uribe no tiene editorial, tiene editor. Lo dice en serio: ha ido siempre -excepto la vez que publicó con Tusquets- de la mano de Enrique Murillo. Libros del Lince ha sido su sello mucho tiempo, y cuando Murillo lo vendió a Malpaso, enseguida le preguntó a Uribe (Bilbao, 1965) si tenía algo terminado. Lo tenía, pero optó por meterlo en un cajón porque era «de la onda de la oscuridad, y yo ya no estoy en eso», dice. Cualquiera que haya leído alguna de sus novelas (‘Los que hemos amado’, ‘Sé que mi padre decía’, ‘Revancha’) sabrá lo que significa eso, porque la oscuridad, la violencia, la maldad, han sido parte fundamental de su narrativa.

Así que Uribe recuperó un viejo proyecto, el de publicar juntas varias novelas o relatos largos en torno al surf. «Esto tiene que hacerse en una trilogía, me dijo Enrique en su día, y ahora acabamos de publicar ‘Más allá de Al Ganzug’, ‘Doce poemas de amor en Zicatela’ y ‘Nanga’, esta última la única que se había editado hace ya más de una década», recuerda el escritor, fotógrafo, surfista (en días especiales) y camarero. Camarero ahora, que ese es el trabajo con el que se gana la vida desde que se fue a vivir a Barcelona hace cuatro años.

Y ha descubierto que tiene don de gentes y que el trabajo le gusta. «No lo había hecho nunca, siempre me he ganado la vida más allá de la escritura, no me gusta la idea de ser escritor profesional. Por las mañanas voy a la playa y nado un rato. Vuelvo a casa y escribo. Y por las tardes trabajo en un local que tiene 150 años, tengo buenos compañeros y buenos jefes y sé que con este trabajo puedo ir a cualquier lado».

- ¿No piensa quedarse en Barcelona?

- No, no acabaré aquí.

- ¿Volverá a Euskadi?

- No, a vivir no. Acabé quemado y con mal sabor de boca. Alguna carta en el buzón, alguna bronca por el pueblo y que alguien volviera la cabeza al pasar... Y eso que era el final de ETA...

Uribe se refiere a lo que ocurrió tras la publicación del libro ‘Allí donde ETA asesinó’, un recorrido visual por los ‘escenarios’ de algunos de los crímenes de la banda terrorista. «Ni siquiera fue un proyecto mío, sino algo que se les ocurrió a otras personas y para lo que no encontraron un fotógrafo en Euskadi... A mí me gustó y lo hice porque quería poner mi granito de arena».

Epopeya en Indonesia

En la trilogía del surf, el escenario es otro, el suyo. «Si fuera montañero, sería la montaña. Pero yo empecé a hacer surf de chaval. El surf es placer, placer, placer y relajación. Cuando no hay nadie, eh, que ahora vas a Sopelana y está imposible. Cuando tienes un día bueno de surf y te encuentras diciendo ‘qué bonito’... Es el amigo al que siempre puedes volver. Un buen colega».

Suena idílico, pero no lo es para los personajes de los tres relatos. ‘Nanga’ es «una epopeya homérica en la que alguien (un vasco) quiere desvincularse hasta de su nombre y viaja sin parar por una isla indonesia». ‘Más allá de Al Ganzug’, «un homenaje a la novela ‘Benito Cereno’ de Melville y una venganza contra un subteniente que me hizo la vida imposible en la mili, además de hablar sobre la imposibilidad de realizar muchos sueños»; aquí el paisaje es la costa mauritana, donde un joven californiano que está eludiendo la Guerra del Vietnam tropieza con un joven vasco prófugo del ejército español. Y ‘Doce poemas de amor en Zicatela’ es un relato en el que «el personaje principal es más cínico. Y muy poco fiable», se ríe; ahí aparecen dos chicas australianas, un bilbaíno y los mexicanos del Pacífico.

Pacífico es el modo en que se plantea la vida Uribe, dejada atrás la oscuridad. «Quiero vivir, disfrutar y respetar», resume. Trabaja en proyectos a largo plazo, sin pensar en presiones de ningún tipo. Poetas imaginarios que le sirven para publicar sus propios poemas, un atlas mundial de poesía cartográfica que terminará en 2020 y una novela con la que quiere abarcar 3.000 años de Historia del mundo «en un registro más humorístico, alegre, socarrón».

- ¿Cuánto hay de su amigo Ramiro Pinilla en su forma de plantearse la escritura?

- Mucho. En la escritura y en la vida. Él trabajaba a muy largo plazo y era un gran ejemplo. Yo lo llamaba ‘mi maestro’ y él me echaba la bronca. Yo llegué a su taller con 22 años y de él aprendí de todo.

 

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