«No existen las palabras sucias, sino las mentes sucias»

Roger Wolfe./
Roger Wolfe.

El poeta inglés afincado desde la infancia en España recopila su obra en la antología 'La poesía es un revólver apuntando al corazón'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Parece extraño que un inglés nacido en el condado de Kent sea uno de los poetas españoles más apreciados y populares, pero así ocurre con Roger Wolfe (Westerham, 1962), un anglosajón que se instaló con su familia en Alicante siendo un niño y que ha hecho de la poesía sucia su reino. Tabaco, alcohol, café y tristeza pululan por los versos de este autor que la nueva generación de poetas reclama como maestro. «Eso está muy bien, pero a mí no me salva», dice Wolfe, que cita a su guía, Charles Bukowski. «A mí sólo me salva la próxima línea, el próximo párrafo, la próxima página».

«Me había pasado la noche traduciendo a Bukowski, toda la noche traduciendo, y con el alba un escalofrío metafísico/ recorrió mi cuerpo / como la visión de un dios petrificado, / y me levanté de la mesa y me preparé el enésimo café con leche y dos tostadas / y el mundo hizo serios esfuerzos por saberme a gloria». ('Noche en blanco', 1996).

La editorial Verso&Cuento acaba de publicar 'La poesía es un revólver apuntando al corazón', la antología de los poemas de Roger Wolfe. Escribe el autor que la poesía es «un rebaño de vacas cruzando mansamente un puente, por encima de una autopista de montaña», pero que también lo es «la mirada y la sonrisa de quien formula esa pregunta, sin darse cuenta de que 'lleva puesta' la más bella fuente de inspiración». «Es un guiño becqueriano que retoma el tema de 'poesía eres tú'», explica Wolfe.

Mientras prepara un ciclo autobiográfico en el que está trabajando y que abarcará varios volúmenes, adelanta, Wolfe recuerda su infancia en Alicante, la de un niño inglés que crece educado por los jesuitas en la España del tardofranquismo rodeado de compatriotas «chiflados», de héroes populares y televisivos (El Lute, Urtain, Félix Rodríguez de la Fuente, Eddy Merckx) y de un paisaje rico en «tonalidades pictóricas» que a primera vista parece no haberse filtrado en su poesía, pero que él reivindica: «No solo escribo de la soledad y de la incomunicación. Escribo también de la luz, de la inspiración, de los pequeños goces y alegrías de la vida, y de lo que significa estar vivo y coleando en el mundo que nos ha tocado en suerte. Para escribir poesía buena, es necesario haber leído bastante, dominar la lengua y sus recursos y haber vivido un poco».

«Estoy enfermo / Días enteros sin salir de casa. / La cabeza se me va./ Me relajo con pornografía y tranquilizantes, cigarrillos y café. Extrañas mezclas / Hoy he puesto la tele. / Una señora que quería volarle la tapa de los sesos a alguien y luego restregárselos por la cara. / La de ella. / Más muertos. Más cigarrillos, tranquilizantes y café. / Enfermo. Es evidente» ('Enfermo', 1993).

«Yo soy poeta, ensayista y narrador (me gusta definirme como Escritor Total). Trabajo con palabras. Y no existen las palabras sucias, sino las mentes sucias...; o eso dicen. Citaré en este sentido a Jiddu Krishnamurti: 'El observador es lo observado'». Desapegados, diletantes, comprometidos... Los poemas de Wolfe son humanos, la materia prima que le gusta diseccionar. «A mí me interesa lo esencial, no lo accesorio. El verdadero artista vive -y tengo que ponerme un pelín pedante- 'sub specie aeternitatis', todo lo contrario que el político de carrera, que no consideran otra cosa que no sea el corto plazo. O los medios de comunicación: el mañana les importa un bledo. Todo es inmediatez, todo es lo que en inglés llamamos 'servir al tiempo'. En las redes sociales, la cosa llega ya al delirio. Es un 'arda Troya' permanente... A mí lo que me trae sin cuidado es el ruido; yo busco las nueces».

«¿Los poemas? / Algunos funcionan, otros no. / Si lo que quieres / es una garantía, / cómprate un televisor» ('Artículo no sujeto a legislación vigente', 1998).

Respecto al interés de un nuevo público por la poesía, de la mano principalmente de jóvenes poetas que se han hecho un hueco a través de las redes sociales, Wolfe asegura: «El público de la poesía se ha ensanchado. Lo que no sé si se habrá ensanchado con él -con el público- es la poesía».

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