Javier de Isusi
El Premio Nacional de Cómic 2020 publica 'El año en que fuimos Reyes', sobre cuatro estudiantes que comparten piso y experiencias en Babilô, anagrama de Bilbao
Galardonado con el Premio Nacional de Cómic en 2020 por 'La divina comedia de Oscar Wilde', Javier de Isusi (Bilbao, 1972), arquitecto de formación y ... autor de historietas de profesión, es un creador prolífico con mucho que contar. Prueba de ello es su última obra, 'El año en que fuimos Reyes', recién publicada por la editorial bilbaína Astiberri. Se trata del primer volumen de un díptico contundente que transcurre en la ciudad de Babilô, un nombre que ya remite a Bilbao. Cuatro jóvenes estudiantes comparten piso y experiencias en un momento vital en su existencia. El dibujante y guionista vasco lleva tiempo bien situado en el mundo del cómic gracias a su serie de cuatro novelas gráficas 'Los viajes de Juan Sin Tierra', inspiradas por un largo viaje por Latinoamérica. 'He visto ballenas', 'Asylum' o 'Todas las mañanas' son ejemplos de su buen hacer.
– Babilô nos suena de algo.
– Llevo años visitando Babilô. Me crié en una ciudad muy decadente donde se respiraba una cierta nostalgia por una gloria pasada y, a la vez, se hacían proyectos grandilocuentes que no cuajaban en nada. Ya no es así, pero siempre tuve mucha curiosidad por imaginar cómo habría sido mi ciudad si esa decadencia no hubiera sido tan acusada y si esos proyectos algo megalómanos se hubieran realizado. Así nació Babilô, que, como muchos lectores deducen, es un anagrama.
– ¿Cómo apareció la semilla de 'El año en que fuimos Reyes'?
– No es una, sino muchas. Cuando acabé 'Los viajes de Juan Sin Tierra' presenté un proyecto a Astiberri de un cómic que iba a ser muy largo y que era de unos estudiantes universitarios que vivían una revolución, una especie de Mayo del 68. En ese cómic me inventaba la ciudad y ya ahí estaba el germen de lo que después se convirtió en Babilô. Pero ocurrió el 15-M. Cuando estuve en la acampada de Madrid no podía dar crédito a lo que veía, ¡era mi cómic! Se fue al rincón de pensar durante mucho tiempo; aunque contenía ideas que me seguían interesando, no sabía qué hacer con ellas. La solución me vino en un momento de inspiración raro… en una siesta.
– Habrá quien no sepa qué es el 'esquinismo', la materia que estudian los protagonistas de la historia.
– Se lo debo a Laia Jufresa, maravillosa escritora mexicana a la que conocí en el pueblo en el que vivo, en Extremadura. Ella le puso nombre a algo que todos hacemos de alguna manera y que tiene que ver con la pareidolia, reconocer patrones conocidos en un paisaje, en este caso urbano. Lo que hizo Laia en su relato 'El esquinista' me pareció una genialidad y le pedí permiso para usarlo en mi cómic como la disciplina artística que estudian mis protagonistas. De ahí que en el cómic la profesora que más nos enseña sobre esquinismo lleve su nombre, Laia. Sus discursos, de hecho, están sacados de su relato.
– Arte y revolución no siempre van de la mano.
– No tienen por qué. Con lo que el arte debe ir siempre de la mano es con la autenticidad, con la verdad de quien lo hace.
– Hay quien se queja últimamente de que se politiza todo y que el arte no tiene que ir por ahí.
– Todo es político. Los cómics de superhéroes, por ejemplo, algo que parece puro entretenimiento, son tremendamente políticos. Pero no porque hablen de realidades sociales, sino por la visión del mundo que imponen. Alan Moore, guionista de 'Watchmen', nos abrió los ojos en los años ochenta al mostrarnos a los superhéroes como lo que realmente son, unos idealistas individualistas que se toman la justicia por su cuenta. Esto de los superhéroes es solo un ejemplo de cómo todo, hasta lo aparentemente más trivial, es política. A veces, de hecho, no hay nada más político que decir 'vamos a dejar de lado la política', y entonces permitimos que se cometa un ge nocidio, por ejemplo.
– ¿Las revueltas sociales están tardando?
– Desde luego. Nos está pasando lo mismo que a la rana de la fábula. Si la echas en agua hirviendo se revolverá y saltará fuera de la olla, pero si la metes en la olla con agua templada y la vas calentando poco a poco, se irá cociendo sin protestar. Una revuelta es algo muy incómodo, para llegar a hacerla necesitamos sentir que lo que hay es insoportable, no nos basta con saberlo intelectualmente. El problema es lo cómodos que estamos, descargamos nuestra ira contra jueces o genocidas con un clic en Instagram y, mientras tanto, por poner un ejemplo, la sexta extinción masiva de especies continúa sin freno. Tiene toda la pinta de que para cuando reaccionemos será demasiado tarde.
– Leer un cómic o un libro, como el suyo, ¿puede significar un antes y un después?
– Ojalá. Para mí lo fue la lectura de 'Los desposeídos', de Ursula K. Leguin. Para poder cambiar algo antes tenemos que imaginarlo y contárnoslo. Una de las 'semillas' de mi cómic es precisamente eso: imaginar que se pueden hacer las cosas de otra manera, que podemos ser, como sociedad, más críticos y vigilantes. Más conscientes, en realidad.
– ¿Qué le ha inspirado?
– El cómic tiene muchas capas de lectura, está inspirado por multitud de cosas, pero en cuanto a la historia que cose todo el libro la intención era transportarme yo y al lector a ese momento tan efervescente que es el de empezar a compartir piso con amigos. De pronto la vida se hace muy real y excitante, amistad, amor, muerte… Todo es posible.
– Son importantes los personajes, su descripción y comportamiento.
– Son fundamentales. Son quienes vehiculan la historia. Una lectura posible podría ser la de prescindir de todo lo que les rodea, toda la movida social, estudiantil, y centrarse solo en sus relaciones; una historia costumbrista sobre cuatro amigos, cada uno con su manera de ser.
«Hace falta fe»
– Es un autor prolífico.
– Cuando me muera habré dejado muchas historias sin contar, tengo más historias que tiempo para contarlas, sobre todo si sigo usando el cómic como medio, porque es muy laborioso.
– Se maneja con la acuarela como pez en el agua. ¿Es su técnica favorita'?
– Sin duda. De hecho, cuando pruebo otras técnicas no me reconozco. Creo que con la acuarela tengo una voz propia, con otras técnicas me cuesta mucho más encontrarme, como si mi dibujo lo pudiera hacer cualquiera.
– ¿Cómo vive el oficio de dibujante?
– Mi oficio no es tanto de dibujante como de contador de historias, eso sí, con dibujos secuenciados; soy autor de cómics. Y lo vivo con enorme gratitud, porque, al menos hasta ahora, he podido vivir de ello, lo cual es raro en este país.
– La irrupción de la IA no lo está poniendo difícil.
– Ese tema no me inquieta demasiado. Como con la música, creo que la IA acabará con todos aquellos productos que se hacen de manera estandarizada o clonada. A mí esa música no me interesa y esos dibujos tampoco, que los haga una IA o una persona me da bastante lo mismo, de igual modo no tienen alma. La música con alma y los dibujos con alma pervivirán y, quién sabe, tal vez hasta se valoricen más.
– ¿Qué recomendaría a alguien que quiere ganarse la vida como dibujante?
– Mucha perseverancia. Y fe. Más que confianza en uno mismo, fe. Querer ganarse la vida como dibujante es dar un salto en el vacío, y para eso hace falta fe.
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