'Para Helga': rencor, odio y cotilleos en la plácida Islandia

'Para Helga': rencor, odio y cotilleos en la plácida Islandia

El escritor Bergsveinn Birgisson cuenta una relación amorosa que enfrenta los valores tradicionales a la modernidad

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

En algún momento de su estupenda novela 'Para Helga', publicada por Lumen, Bergsveinn Birgisson (Reikiavik, 1971) explica que el rencor, el odio y las maledicencias tienen una larga tradición en Islandia. ¿Pero aquel país no era un paraíso en el que se encarcela a los banqueros corruptos y sus habitantes pasan la Nochebuena leyendo libros en lugar de emborrachándose y discutiendo con los cuñados? «Siento romper la burbuja. Tenemos los mismos defectos que en cualquier otro lugar», asegura Birgisson.

Su 'Para Helga' es el retrato de una relación amorosa llena de pasión, envuelta por la exuberante naturaleza islandesa, en la que se hace el amor en los graneros y ordeñar una vaca puede ser un acto de gran sensualidad. «El paisaje guarda la memoria de nuestros ancestros y cuando lo perdemos de vista, algo puede ir mal», señala el escritor.

Ambientada en parte en los años 40, también es una pugna entre los valores tradicionales, la artesanía, la vida rural, frente a la modernidad y la prisa de las ciudades, que ya entonces se empezaba a atisbar.

«Ahora, mucha gente cree que no existe nada más allá de las ciudades. Pero en realidad, este rápido avance de la cultura materialista nos está haciendo más uniformes, estamos en una economía gregaria a la que interesa que todos pensemos lo mismo y que estemos uniformados», agrega Birgisson.

Entre nevadas y tempestades, se preguntan los protagonistas 'qué hubiera sido de mi vida si...', un arrepentimiento que la cultura escandinava y la mediterránea tratan de forma diferente. Bjarni, el granjero sobre el que gira la novela, se confiesa en una carta que se convierte también en una reivindicación del amor romántico y una celebración del 'carpe diem' porque en el futuro nadie sabe qué va a ocurrir. «Una de las misiones de los escritores y de los artistas es guardar el recuerdo de cómo eran las cosas hace mucho tiempo. Si perdemos ese contacto, el poder hará lo que quiera con nosotros», sentencia.

 

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