Ian Gibson: «España necesita a Machado más que nunca»

Ian Gibson: «España necesita a Machado más que nunca»

El hispanista recrea el largo y doloroso camino final del poeta, muerto en el exilio hace ahora ochenta años

MIGUEL LORENCIColliure (Francia)

«España necesita a Machado más que nunca. Su esencia es el diálogo, escuchar y tratar de comprender, algo tan insólito como necesario hoy». Lo dice Ian Gibson (Dublín, 1939), hispanista y autor de 'Los últimos caminos de Antonio Machado' (Espasa), un ensayo en el que recrea aquellos terribles «días azules» previos a la tristísima muerte del poeta en Colliure, al sur de Francia, hace ahora 80 años. También los atormentados años de camino que le condujeron a ese final terrible que hoy es símbolo de una fractura que, según Gibson, «aún persiste». De una España «en la que no dejan cerrar todas las heridas». «Sus restos deben seguir en Colliure, como símbolo del exilio», propone Gibson ante la tumba de Machado, plagada de flores y banderas republicanas.

El hispanista se propuso destilar «la esencia» del autor de 'Soledades' y 'Campos de Castilla'. «Tiene mucho que decir a los españoles de hoy. Es muchísimo más necesario que nunca, quizá por ese énfasis en la necesidad de dialogar, de escuchar al otro y de comprenderlo», insiste Gibson. Una necesidad que liga «con ese concepto tan machadiano sobre la fraternidad, de la necesidad cristiana de tener en cuenta al prójimo».

«Todo se acaba a las tres y media de la tarde del 22 de febrero de 1939». Con esta frase inicia Gibson un libro dolorido y doloroso. Un emotivo viaje narrativo y documental en el que el lector acompaña a Machado en su penosa huida por la frontera francesa con su madre, comparte su desgarro en los días previos a su muerte, con solo 64 años, avejentado y derrotado.

«Tenía la intuición de que iba a morir», asume Gibson, que regresa «muy emocionado» al pueblo costero que le acogió y ante la fachada del hoy clausurado hotel Quintana, donde el poeta rindió cuentas con la vida. Llega el hispanista a Colliure cuatro días antes de que lo haga el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez que rendirá homenaje a Machado este viernes, con una ofrenda floral ante su tumba. «Machado sabía que la guerra se perdía y su dolor era inmenso y terrible», apunta Gibson. «Pasó la vida pensando en la España posible; esa España soñada, dialogante y fraternal, pero ve que su sueño es imposible, como lo vemos hoy con la derecha muy unida y la izquierda desunida en una España que no está plenanamente reconciliada», agrega el hispanista.

El dolor de la España peregrina

Gibson es partidario de que los restos del gran poeta sigan en Colliure, encarnando el símbolo del dolor del exilio y de la España peregrina. «Debe seguir aquí. Si la familia quisiera, podrían volver a España, pero mientras Franco esté en Cuelgamuros, Machado debe seguir en Colliure», plantea junto a la lápida e la que ha depositado claveles rojos y ha leido el retrato del poeta que caminaba «ligero de equipaje» y con su «torpe aliño indumentarios». «Si volviera algún día, con España plenamente pacificada, su lugar estaría en el cementerio civil de Madrid. No podemos meterlo en el cementerio de Soria junto a Leonor», dice Gibson. «En Colliure sigue siendo el símbolo de exilio y del horror de medio millón de españoles obligados a huir bajo las metralletas de la aviación italiana y alemana», agrega.

«Si lo traemos, los olvidamos y perdemos su huella», plantea el hispanista. «Machado es un símbolo del horror de la guerra civil, de la división de las familias, de los desaparecidos, de un espanto que aún esta con nosotros», asegura Gibson que, «como hispanista y como español», se confiesa «militante del la memoria histórica». «Si no respetamos esta memoria, nunca seremos el gran país soñado por Machado. Y la solución sería fácil si la gente fuera más magnánima y la derecha dejara de decir que abrir heridas es terrible», plantea. «Todos los seres humanos queremos saber dónde están nuestros muertos. La derecha, que lo pudo hacer durante cuarenta años, ahora dice que es abrir heridas. Es inaceptable. Hay que resolverlo para hacer de España el gran país que soñó Machado», insiste.

«Hay que hacer caso a Machado, hay que escuchar al otro», insiste Gibson, para quien seguimos en una tesitura «bastante vergonzosa». «El legado de Machado es esa determinación de escuchar al otro. Para dialogar se pregunta y luego se escucha, y esa machacona idea es fundamental para Machado», dice ante la pedregosa Playa de Colluire «donde fue acogido con generosidad» en un lluvioso día de enero hace ocho décadas.

Advierte que su libro «no es una biografía de esa que ningún joven leería». Aclara que se interesa por aspecto menos conocidos que revelan «al poeta soñador y amante del simbolismo». «Dijo que era un hombre atento a los sueños y este aspecto me fascina», dice Gibson.

Machado llegó a Colliure en la tarde del 28 de enero de 1939. Le acompañaba su madre, Ana Ruiz, su hermano José, la esposa de este, Matea Monedero, y el escritor Corpus Barga, que había ayudado a la familia a pasar la frontera. Moría el 22 de febrero, miércoles de ceniza, en el hotel Bougnol – Quintana, hoy clausurado y la venta sin que ninguna institución acuda a su rescate. Días antes escribio: «Estos días azules y ese sol de la infancia», sus últimos versos hallados en un papelito en el bolsillo de su gastado gabán junto a una nota sobre Shakespeare. El mismo día de su muerte llegaba a Colliure una cata del hispanista John Brade Trend ofreciéndole un trabajo de lector en la universidad de Cambridge que hubiera sido su salvación.

Su tumba estaba, como siempre, cubierta de flores frescas, versos, cartas y homenajes de todo tipo, y flanqueada por banderas triclores. Desde 1958 la comparte con su madre, que falleció 72 horas después que el poeta y que estuvo casi dos décadas en la zona del cementerio destinada a los pobres. En Colliure está la Fundación Antonio Machado, creada en 1977, que ha reunido 32.000 documentos relacionados con el poeta en los últimos cuarenta años.