Las joyas de San Petersburgo

Las joyas de San Petersburgo

El museo privado Fabergé de Rusia tiene la mayor colección de joyería rusa y artes decorativas de los siglos XIX y XX

ALLA ZINIAKOVASan Petersburgo

El primer museo privado Fabergé de Rusia, que cuenta con la mayor colección de joyería rusa y artes decorativas de los siglos XIX y XX, se inauguró en el malecón del canal Fontanka a finales de 2013, en el centro de San Petersburgo, cerca del famoso puente Ánichkov y de la principal arteria de la ciudad, la avenida Nevski. Este singular museo contiene la colección más importante del mundo de huevos de Pascua de la casa de joyería Carl Fabergé. Expone artículos únicos de oro, plata, bronce, porcelana y pinturas de gran calidad.

Muchas de estas piezas pertenecían a la familia imperial rusa y a representantes de otras monarquías europeas. Hay más de 4.000 bienes de valor cultural devueltos a Rusia. Fueron sacados del país y vendidos en el extranjero por los bolcheviques tras la Revolución de octubre de 1917. Todo comenzó en 2004, cuando el magnate ruso de origen judío, Víctor Vékselberg, adquirió para su colección personal más de 200 joyas de Fabergé que pertenecieron a la realeza. Lo hizo en la subasta de Sotheby's de Nueva York.

Fueron vendidos por familiares del millonario estadounidense Malcolm Forbes, editor de la revista que lleva su apellido. Era propietario de la segunda colección más importante del mundo en número de obras maestras de huevos de Pascua imperiales. La mayoría de los lotes adquiridos de la mundialmente famosa marca de joyería Fabergé fueron a parar a Vékselberg y sin tener que llegar a pujar, un evento sin precedentes en el mercado global de subastas. La cantidad oficial invertida sigue sin ser revelada. Los expertos creen que ascendió como mínimo a los 120 millones de dólares.

Milagro en miniatura

El núcleo de las joyas rescatadas y expuestas en el Museo Fabergé de San Petersburgo son nueve huevos de Pascua, la mayor colección del planeta en cuanto al tamaño de las piezas. Constituyen un verdadero milagro de la mecánica y el arte de la joyería. Hoy día están valorados muy por encima de su precio en dinero. Sorprenden a quien los contempla por su suntuosidad y enorme belleza.

Tradición rusa

Regalar huevos durante la Pascua es una antigua tradición rusa y un símbolo peculiar de una época pasada. La Pascua, la principal festividad de la cristiandad ortodoxa hasta la Revolución bolchevique, era especialmente amada en Rusia, ya que coincidía con la llegada de la primavera, las temperaturas más cálidas y el despertar de la naturaleza.

Ya desde finales del siglo XIX, la Pascua adquirió un significado universal y toda una rama del arte aplicado evolucionó con la producción de composiciones en forma de huevo. Fue cuando las obras de Fabergé se hicieron famosas en todas partes. Formaban parte de las colecciones personales del príncipe Yusúpov, del barón Rothschild, de la duquesa de Marlborough o del magnate petrolero Nobel, sobrino del famoso Alfred Nobel.

Huevos imperiales

Fabergé realizó un total de 71 huevos de Pascua, de los que 54 tuvieron como destinatarios miembros de la familia imperial rusa. Cada una de estas maravillas exigía casi un año de meticuloso trabajo. Según los casos, llevaban en su interior «sorpresas» que podían ser relojes, dispositivos musicales o réplicas en miniatura de barcos, palacios o carrozas reales. El zar Alejandro III le regaló 10 huevos de Pascua a su esposa. Esta tradición de obsequiar creaciones de Fabergé a las zarinas continuó con el siguiente monarca, Nicolás II, que encargó 44 huevos para su madre y su cónyuge.

El pollito

El Museo Fabergé de San Petersburgo incluye en su exposición el primer huevo imperial, que se llama «Kúrochka» (pollito), regalado en la Pascua de 1885, y el último, la 'Orden de San Jorge', realizado en 1916. El prototipo de ésa primera obra de Fabergé fue un huevo del tesoro real danés. En el siglo XVIII, en Dinamarca los huevos de Pascua de joyería se hacían con un pollito sorpresa en el interior.

Según el principio de las 'matrioshkas', las muñecas rusas que llevan dentro de sí otra muñeca, el huevo 'Kúrochka', recubierto de esmalte blanco por fuera, lleva dentro la yema, que es una bola de oro en donde se aloja a su vez una gallinita también dorada con una corona de rubí en sus entrañas. Se lo regaló Alejandro III a su esposa María Fiódorovna en 1885. Este simpático huevo de la gallinita sirvió de base para la creación de una colección completa.

Nace así una tradición

1. El huevo 'Renaissance'. | 2 y 3. El huevo 'Pimpollo de rosa'.

El siguiente huevo, 'Renaissance' se hizo en 1894 y es el último regalo de Pascua de Alejandro III a su esposa, ya que el emperador murió ese mismo año. Está en posición horizontal, tallado en ágata, con un borde de oro y decorado con diamantes y rubíes. El huevo 'Pimpollo de rosa' fue el regalo de compromiso del zar Nicolás II a su prometida Alejandra de Hesse-Darmstadt, nieta de la reina inglesa Victoria con la que se casó en 1894.

El huevo está recubierto de esmalte rojo y decorado con coronas de oro, guirnaldas de hojas y flechas de diamante. En la parte superior, debajo de un gran diamante plano, hay un retrato en miniatura de Nicolás II, pintado en acuarela sobre una placa de marfil. La sorpresa es una reproducción de un brote de rosa de té. Tiene un botón que al apretarse abre los pétalos.

El preciso huevo 'Coronación' está dedicado al día cuando Nicolás II se convirtió en zar y se lo entregó a su esposa Alejandra en la Pascua de 1897. La sorpresa es una copia exacta en miniatura de la carroza real para las coronaciones construida ya en la época de Catalina II. Las ruedas giran, las puertas se abren y hasta el estribo es retráctil. El modelo resultó tan preciso que los especialistas del Museo del Hermitage que participaron en la restauración del auténtico carruaje para las coronaciones lo utilizaron como guía.

'El 300 aniversario de la casa Románov', huevo que recoge 18 miniaturas de retratos en marfil de las principales figuras de la dinastía imperial rusa, fue ejecutado por un maestro que empleó un pincel del grosor de una cabello humano. El último regalo de Pascua para la familia real fue la 'Orden de San Jorge', que Nicolás II pidió hacer para su madre. No hay gemas ni mecanismos complicados en el huevo, ya que en 1916, los mejores maestros fueron llamados a los frentes de la Primera Guerra Mundial. Fue el único que la emperatriz pudo llevarse al extranjero y conservar hasta su muerte.

El huevo 'El 300 aniversario de la casa Románov'.
El huevo 'El 300 aniversario de la casa Románov'.

Los joyeros de Fabergé

El mayor número de huevos de Pascua de Fabergé las poseen el museo que lleva su nombre en San Petersburgo, el Museo de la Armería del Kremlin de Moscú, el Museo de Bellas Artes de Virginia (Richmond, EEUU) y La Colección Real Británica. Muchos orfebres intentaron trabajar bajo la marca Fabergé y, a finales del siglo XX, incluso se organizó una exhibición de falsificaciones en Nueva York. Las obras originales se encuentran en las colecciones de cinco países: Rusia, Estados Unidos, Reino Unido, Mónaco, Suiza.

Carl Fabergé, destacado joyero y empresario ruso, nació en San Petersburgo en una familia de alemanes y daneses. Su padre había fundado una empresa de joyería en 1842, que en 1870 pasó a estar dirigido por Carl. Contaba con 15 talleres y más de 700 maestros, los mejores de Rusia trabajando los metales y piedras preciosas, la porcelana y las miniaturas. El negocio de Fabergé floreció en Rusia desde finales del siglo XIX y se hizo famoso en toda Europa. Muchos familiares de la familia imperial en el Reino Unido, Dinamarca, Grecia y Bulgaria recibieron joyas como regalo. En 1900 en París, Fabergé recibió el título de 'maestro de la Cofradía de Joyeros de París', y le fue impuesta la Orden de la Legión de Honor. Además de los encargos exclusivos para la alta sociedad, Fabergé hizo cosas destinadas a todos los segmentos de la población.

Pero con el comienzo de la Primera Guerra Mundial y el caos revolucionario de 1917, todo empezó a irse a pique. Fabergé se vio obligado a huir de Rusia y murió en Lausana, en 1920, a la edad de 74 años.

El archivo de la compañía se perdió irremediablemente, muchos secretos de joyero no se conocerán jamás. Lo que se logró salvar de su ingente obra acabó en la Armería del Kremlin de Moscú entre los años 1917 a 1922. La mayoría de los huevos de Pascua de la casa imperial rusa fueron vendidos por el Gobierno soviético a coleccionistas extranjeros.

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