Zinemaldia

«Nuestros políticos no son hongos: la tierra es la que está podrida»

El director Rodrigo Sorogoyen, a la izquierda, y el actor Antonio de la Torre, durante la presentación de 'El reino', que compite en la sección oficial de la 66 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián./EFE
El director Rodrigo Sorogoyen, a la izquierda, y el actor Antonio de la Torre, durante la presentación de 'El reino', que compite en la sección oficial de la 66 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. / EFE

Antonio de la Torre da vida a un político corrupto en 'El reino', una traslación al cine sin nombres ni siglas del caso Gürtel con la que Rodrigo Sorogoyen aspira a la Concha de Oro

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

'El reino' comienza con una mariscada y concluye en un programa de televisión como el de Ana Pastor en La Sexta. En medio, Rodrigo Sorogoyen narra el descenso a los infiernos de un político autonómico que ve frustrado su salto a Madrid cuando se destapan sus chanchullos. Antonio de la Torre (Málaga, 1968) encarna a este superviviente nato, ambicioso y más listo que el hambre, que no está dispuesto a ver finiquitada su carrera sin llevarse por delante a sus compañeros de partido. Sorogoyen, que ganó junto a Isabel Peña hace dos años el premio al mejor guion en San Sebastián por 'Que dios nos perdone', retrata a un país hundido hasta las cachas en la corrupción.

Bárcenas, Correa, El Bigotes… No se citan siglas ni se dice qué ideología tiene este nido de víboras, pero es fácil adjudicar a los personajes ficticios su correlato en la vida real. De la Torre, experiodista y muy combativo en las redes, hasta acudió a un juicio de la Gürtel para conocer de cerca a estos reyes destronados. El malagueño abordó al Bigotes y le convenció para comer unos días después. El 'conseguidor' del PP valenciano le dijo una frase que aparece en la película: «No me llames, solo mensajes».

-Estos personajes han hecho de la mentira su forma de vida. Estos días de falsos másteres y currículos inventados resulta muy oportuno.

-¿Has visto 'Black Mirror'? A mí se me ocurre un episodio: el autoengañómetro. Un chip que nos implantan para marcarnos la diferencia entre quienes nos creemos que somos y quienes somos en realidad. Te aseguro que poquísima gente -y yo me incluyo entre ellos- pasaría la prueba. A todos nos sucede, construimos un relato de nuestra vida. Yo lo voy haciendo sobre la marcha cuando me entrevistan. Y en ese relato siempre hay un nivel de autoengaño. La mentira como forma de vida en la clase política es la punta del iceberg de una sociedad dispuesta a tolerarla.

-De ahí la escena en la película en la que a un cliente de un bar le devuelven el cambio de más y no dice ni mu.

-Exacto. No tenemos unos políticos así porque nos hayan salido unos hongos, sino que la tierra está podrida. La gran revolución, como dice Pepe Mujica, vendrá cuando haya cultura entendida como el conjunto de valores que aceptamos para convivir en la sociedad. Solo cuando los valores morales se asuman no habrá tolerancia con el corrupto. Si yo esta noche te consigo una entrada para el Kursaal porque muevo mis hilos, eso es una pequeña corrupción.

-Mariscadas, yates, rólex de oro, casoplones, puticlubs, toneladas de testosterona y la zafiedad de nuevo rico. ¿Son nuestros políticos así?

-No lo sé. Yo me he metido en el personaje como si fuera yo, tratando de no juzgarlo y de entender que es un tío que vive así. Yo mismo me he metido mariscadas, ¿eh? Desde el principio tuvimos cuidado de no hacer de malotes, porque entonces dirían 'ya vienen los de la ceja'. Me vi con mucha gente de la política que nos ayudó para contar esta historia desde dentro. Si no lo hacíamos así nos iba a quedar un panfleto.

-No nombrar ningún partido ni la comunidad en la que transcurre la acción, ¿no es caer en la corrección política?

-No. No colocamos unas siglas porque el problema es más global, es de la gente. Se trata de cambiar la manera de pensar, no un partido. Si de algo pueden servir las películas -y es a lo que yo aspiro como ciudadano- es a hacer un mundo mejor. El problema del que se corrompe es que eso obliga a que alguien se quede fuera del sistema. No haces daño a nadie comiéndote un mariscada, el problema es que te la estoy pagando yo. Mujica cita mucho a Séneca: «No es más pobre quien menos tiene, sino quien más precisa».

-Se nota que quiere hablar de 'La noche de 12 años', la película, también presente en San Sebastián, en la que da vida al expresidente uruguayo. Volviendo a 'El reino', ¿por qué abordar desde la ficción algo con lo que desayunamos todos los días? ¿No se corre el peligro de que estemos inmunizados?

-Sí. Yo he recomendado a un cuñado películas de Michael Moore y me ha contestado, 'sí, lo que ya sabemos'. Hay personas que han perdido la capacidad para escandalizarse. Y si perdemos la curiosidad, ¿para qué coño estamos vivos?

-Usted no la ha perdido, basta leerle en Twitter.

-Me interesa mucho la política y tengo mis contradicciones. Como periodista creo que la información tiene que rular, la batalla por la información es urgente y hay que pelearla. Hay que militar en la búsqueda de la verdad, yo lo intento hacer como actor, por eso me interesa esta película.

-¿Nunca le han tentado para meterse en política?

-Con una cosilla, pero no era viable en este momento de mi vida. Tengo una carrera que me gusta y dos hijos pequeños. Pero no descarto en un futuro seguir sintiéndome vivo.

-Venga, hábleme de Mujica. No todos los políticos son iguales.

-No todas las personas somos iguales. Yo destacaría de Pepe Mujica la ausencia de vanidad. Él es consciente de que le buscan y de que quiere ser escuchado. Dice que trabaja de 'a trueno' sabiendo que es para otros la llovida…

Madina, Cifuentes y Rubalcaba, asesores del filme

Cuenta Rodrigo Sorogoyen que no han incluido en 'El reino' elementos de la realidad que parecerían de ficción, como que Francisco Granados terminara en la misma cárcel que inauguró unos años antes. La Gürtel y el caso Bárcenas conforman las tripas del guion de un trepidante thriller que quiere rezumar verdad. De ahí la larga nómina de asesores de la cinta, que van de Cristina Cifuentes a Alfredo Pérez Rubalcaba, pasando por Eduardo Madina, la periodista Ana Pastor, Álvaro Pérez 'El Bigotes' y David Marjaliza. El resultado no es redondo -falla la composición que Bárbara Lennie realiza de la periodista-, pero su ritmo no decae en ningún momento y su mensaje despierta la indignada adhesión del espectador. ¿Cómo es posible que no se hubiera hecho antes una película así?

 

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