'Oreina', una Euskadi con hermanos que no se hablan

'Oreina', una Euskadi con hermanos que no se hablan

Koldo Almandoz compite en la sección Nuevos Directores del Festival de San Sebastián con un canto a la integración ambientado en un país «donde las ideas por las que se luchaba se han diluido muy rápido»

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUISan Sebastián

Dos hermanos que viven cada uno de ellos en su mitad del mismo caserío sin hablarse podrían dar pie a unas cuantas interpretaciones sobre este país. Koldo Almandoz (San Sebastián, 1973), premiado cortometrajista y autor de un inclasificable largometraje, 'Sipo Phantasma', compite este año en la sección Nuevos Directores del Zinemaldia con 'Oreina' (Ciervo), un drama de ritmo moroso pero intenso calado que entre sus muchos temas contiene un canto a la integración. No es gratuito que sus imágenes culminen a los sones de 'To Alice', el memorable tema de Itoiz. «Una vez le escuché decir a Juan Carlos Pérez que en el País Vasco cuando hacemos algo en el arte y la cultura la diferencia es si firmas o no con un lauburu. Itoiz nunca firmó con lauburu», apunta el director.

«Denbora ihesean doa», «el tiempo se nos escapa libre», canta Itoiz en 'To Alice' después de que hayamos conocido al triángulo protagonista de esta historia ambientada en un inusual paisaje cinematográfico, los pabellones y las marismas del río Oria, una periferia que es al mismo tiempo naturaleza y vestigio de un esplendoroso pasado industrial. Allí, en un caserío al borde del agua viven dos hermanos antitéticos. Uno posee el porte frágil de Ramón Agirre, Premio Zinemira en esta edición del festival. Es un intelectual que ha regresado a casa después de quince años como profesor en París. No puede volver a la universidad porque está acusado de acoso. Compra libros, va al cine en versión original y queda en un chat con hombres para encuentros furtivos, aunque su homosexualidad reprimida le haga siempre salir huyendo.

El otro hermano es Patxi Bisquert, el emblemático e inolvidable 'Tasio' de Montxo Armendáriz. Sabe trabajar con las manos, no ha hecho otra cosa en la vida, salvo el tiempo que estuvo en la cárcel por motivos políticos. Cazador furtivo, pesca angulas para unos empresarios chinos que se las compran a precio de oro. Es un bruto con corazoncito que paga los estudios al tercer vértice del triángulo, Khalil, un joven emigrante que llegó con seis años a Gipuzkoa. Aprende un oficio en una escuela-taller y trapichea de vez en cuando. El debutante Laulad Ahmed hizo que el director cambiara el origen del personaje, de magrebí a saharaui. Ahmed habla euskera a la perfección en una película donde también se escucha árabe, francés y castellano.

Koldo Armendariz.
Koldo Armendariz. / M. Fraile

'Oreina' se toma su tiempo al describir los personajes y plantear un nudo dramático. Sin apenas diálogos, está atenta a los sonidos de la naturaleza. «Soy consciente de que al principio resulta lenta», reconoce Almandoz. «Quería mostrar un ritmo vital, como las mareas, en el que ves que transcurre el tiempo pero casi no te das cuenta». Aginaga y las marismas del Oria son un paisaje que el director conoce bien. «Me servía para reflejar la idea del tránsito. Porque es una zona por la que pasaba todos los días y era invisible a mis ojos, hasta que un día me empecé a fijar. Es una geografía muy habitual en el norte de España, donde hay poca distancia desde el centro de la ciudad hasta la naturaleza salvaje».

Sin buenismos

'Oreina' toma su nombre de la cabeza de ciervo disecada en el hogar de los hermanos, testigo mudo de la historia. No pasan grandes dramas en un filme que, curiosamente, tiene una secuencia que transcurre en el mismo cine donostiarra donde se proyectará en el festival. Que un recién llegado a este país sirva para acabar con el odio enquistado entre hermanos es una hermosa idea que comparte Koldo Almandoz. Sin buenismos y sin los clichés del cine social. Esos hermanos a hostias son el pasado; el chaval de tez oscura, el presente.

«He querido sugerir, no subrayar», concluye el director. «Yo he vivido esta misma situación en mi familia. Tengo la sensación de que en Euskadi siempre nos hemos fijado más en lo macro, en la lucha, las grandes ideas, y hemos abandonado lo íntimo. Y de ahí vienen los dramas de personas que han arrastrado su vida y la de sus familias por decisiones más grandes. De repente, ahora se dan cuenta de que lo importante de la vida lo han apartado por unas causas que en muy pocos años se han diluido de una manera muy rápida». 'Oreina', otra muestra del nuevo cine vasco adulto y sensible, se estrena en cines el próximo viernes.