El círculo de la vida

El círculo de la vida
Josu Eguren
JOSU EGUREN

El canto de la selva: El círculo de la vida

Brasil. 2018. 114 m. (TP). Drama.
Directores:
João Salaviza y Renée Nader Messora. Intérpretes: Douglas Tiepre Krahô, Henrique Ihjãc Krahô.

Calificación:

Tal y como señalaba la historiadora Fatimah Tobing Rony en su espléndido ensayo 'El tercer ojo: Raza, cine y espectáculo etnográfico' (1996), «en géneros tan diversos como el cine de propaganda colonial, las grabaciones científicas entendidas como registros positivistas, y las películas de Tarzán, el cine etnográfico a menudo se utiliza para rendir culto a las ideologías del imperialismo y el nacionalismo; y ha sido un instrumento de vigilancia y entretenimiento ligado a un discurso de poder, conocimiento y placer. Resulta imposible hablar de lo etnográfico sin hablar de la raza [...] de tal modo que el consumo obsesivo de imágenes de ese Otro racializado conocido como el Primitivo recibe la etiqueta de 'canibalismo fascinante'».

Ignoro si João Salaviza y Renée Nader Messora conocen la obra de Tobing Rony pero el primer largometraje de esta pareja creativa de directores lusos no refuta plenamente la afirmación de que el cine etnográfico simula representar una realidad inalterada en la que la mirada colonizadora interviene para codificar lo auténtico y encajarlo en los patrones ideológicos de la narrativa occidental. 'El canto de la selva' se adapta a los ritmos de una pequeña comunidad de indios Craô, en el estado brasileño de Tocantins y entre los ríos Manoel Alves Grande y Manoel Alves Pequeno, para reconstruir la historia de Ihjãc, un joven indígena al que el espíritu de su padre muerto le conmina a celebrar una ceremonia funeraria que guiará su alma hacia el más allá.

Aunque Slaviza y Nader Messora observan la escena como moscas pegadas en una pared resulta inevitable que a través del guion fuercen un conflicto que empujará a Ihjãc a abandonar su aldea obligándole a perderse en el laberinto de la jungla burocrática brasileña. Es entonces cuando aflora la memoria del genocidio de los pueblos indígenas e Ihjãc acepta el rol para el que está predestinado, honrando así un legado cultural en el que reside la fuerza del pueblo al que pertenece.