La bilbaína Arantxa Echevarría emociona en Cannes con la historia de amor de dos adolescentes gitanas

Una escena de la película 'Carmen y Lola'.

«Ser mujer, gitana y lesbiana significa no existir», denuncia la directora

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Arantxa Echevarría (Bilbao, 1968) nunca había estado en Cannes. «Todo me llama la atención, esto es como un parque temático», confiesa a EL CORREO. «Ahora mismo estoy en la playa frente al mar, contemplando los yates atracados. Todo muy glamuroso». La autora de 'Carmen y Lola' no olvidará la noche del lunes, cuando subió al escenario junto a medio centenar de directores para conmemorar los 50 años de la Quincena de Realizadores, la sección paralela de Cannes, donde se presenta su ópera prima. «Se me saltaban las lágrimas. Ya solo pido conocer a Cate Blanchett (presidenta del jurado este año), a ver si se pasa por el Palais».

Echevarría debuta como directora tras una amplia experiencia en puestos técnicos en el cine con una historia de amor prohibido entre dos gitanas adolescentes. El germen del guion fue la noticia de una boda entre dos gitanas en 2008, que posaban de espaldas para que sus familias no las reconocieran. «Ser mujer, gitana y lesbiana significa no existir», sostiene la cineasta. Los tabúes y prejuicios se han acentuado con el auge de la Iglesia evangélica en esta comunidad.

«Cuando éramos pequeños los gitanos eran muy de la virgen, muy católicos, pero hoy casi todos son evangélicos», descubre. «En el culto las mujeres se sientan a un lado y los hombres al otro. Hace unos años, la Iglesia evangélica les ayudó mucho, a encontrar trabajo y en las familias. Como el gitano es muy agradecido, se volcó en la Iglesia. Yo me alegro mucho de su labor social, pero culturalmente es un lastre que no les ayuda a avanzar acorde con la sociedad que vivimos».

'Carmen y Lola' ha convencido a los periodistas que la han visto en Cannes. «Está mal que yo lo diga, pero gusta porque está hecha con mucha honestidad, desde el respeto y la verdad», defiende Echevarría. «La gente se siente inmersa en la cultura gitana y empatiza con las protagonistas porque son personajes reales. Aunque sean dos gitanas lesbianas, sacan el adolescente que todos llevamos dentro y nos reconocemos en ese primer amor que todos hemos experimentado. Noto mucha expectación, se está corriendo la voz en el festival de que la peli está bien».

La directora Arantxa Echevarría ha viajado a Cannes por primera vez.
La directora Arantxa Echevarría ha viajado a Cannes por primera vez.

Tras recorrer mercadillos y sitios de roneo (el cortejo de chicos y chicas por separado, sin hablarse), la directora bilbaína encontró a sus dos actrices. Zaira Romero, que tenía 16 años en el rodaje, apareció enseguida; Rosy Rodríguez, de 17, fue la entrevistada número 875. Cuando se les preguntaba en el casting si les importaba salir fumando en la película, la mayoría huían. Zaira ni siquiera había besado nunca a un chico. Su primer beso fue a una mujer y ante la cámara.

Las dos actrices se estrenarán mañana en la alfombra roja. Hoy han perdido el vuelo que les llevaba a Niza, desbaratando la agenda de promoción del filme. «Cometimos el error de dejarlas solas y venir nosotros primero. Están muy emocionadas pero con un disgusto enorme, porque les han quitado todos los líquidos de las maletas», sonríe la directora. Durante el rodaje en el barrio madrileño de Hortaleza, el equipo aguantó insultos y escupitajos. Zaira y Rosy ya se han visto en los primeros reportajes sobre el filme. «Dicen que salen muy feas en todas las fotos...».

Cine social

Arantxa Echevarría llegó a contactar con quince lesbianas gitanas en chats de internet, pero ninguna quiso dar la cara y menos protagonizar una película. «Ni ella ni sus familias estaban preparadas, no podía pedirles tanto». 'Carmen y Lola' cuenta con un presupuesto de 700.000 euros y subvenciones del Ministerio de Cultura, la operadora de telefonía Orange y la comunidad de Madrid. La distribuidora independiente Super 8, que apostó por ella cuando era solo un guion, la estrenará a comienzos de septiembre.

«Echo de menos más cine social», lamenta la cineasta. «La cultura está cercenada en España. Y cuando un país es culturalmente pobre, el futuro es también muy pobre. Yo soy de la época de Saura; cuando era imposible hacer cine social, ellos lo hacían. Y nosotros, que tenemos toda la libertad del mundo, no lo hacemos. Somos unos vagos». Solo espera de Cannes que la película se vea, «cuanto más gente, mejor». «Y que el público se acerque al mundo gitano».

 

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