AUTORRETRATO

AUTORRETRATO
Josu Eguren
JOSU EGUREN

La casa de verano

Francia. 2018. 125 m. (12). Drama.
Directora:
Valeria Bruni Tedeschi.
Intérpretes:
Valeria Bruni Tedeschi, Pierre Arditi, Valeria Golino, Noémie Lvovsky.

Calificación:

Tras la primera secuencia de la película, donde una pareja escenifica la primera etapa de una ruptura sentimental que terminará en divorcio, Valeria Bruni Tedeschi se interpreta a sí misma en una audición ante el comité de créditos del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales francés. Cuando los expertos, presididos por el documentalista Frederick Wiseman, le expresan sus dudas referentes a un guion que se asemeja demasiado a sus anteriores películas y en el que apenas se esboza una trama coherente y articulada, la directora asiente afirmando que «así es la vida», libre e imprevisible, como quedará reflejado en el montaje de un largometraje con profundas raíces autobiográficas que apela a su separación del actor y director Louis Garrel, y a la punzante herida que le causó la muerte de su hermano Virginio en la vida real.

A diferencia de 'Un castillo en Italia', que completa el retrato de una decadente familia aristocrática franco-italiana, en esta ocasión la directora sí que se atreve a invocar a su hermana Carla a través de un personaje interpretado por Valeria Golino. La capa de ficción que envuelve a los huéspedes de 'La casa de verano' es tan fina que basta rascar con la uña del meñique para comprobar cómo las correspondencias con la realidad se multiplican: Bruni-Tedeschi no solo vuelve a reclutar a su propia madre -la pianista Marisa Borini- también pone en juego al fantasma de su hermano, a un sosías de su padre Alberto y a su coguionista -la actriz y escritora Noémie Lvovsky- a lo largo de un relato sobre las profundas secuelas emocionales que le causó su separación. No cuesta simpatizar con las situaciones cómicas de una obra que se espeja en 'Las reglas del juego', de Jean Renoir, pero la excentricidad del coro de personajes que rodean a la protagonista y la arbitrariedad del montaje sepultan los destellos de genio de una directora que encuentra la paz en una poética y preciosista escena final.