«El capitán Ahab es el personaje que se le olvidó escribir a Shakespeare»

José María Pou estará en Bilbao hasta este domingo./Maika Salguero
José María Pou estará en Bilbao hasta este domingo. / Maika Salguero

En 'Moby Dick', hasta el domingo en Bilbao, vive la obsesión de una venganza, el papel «más extremo» de sus 50 años de carrera

TERESA ABAJO

El 2 de octubre de 1968, «a las ocho y media de la tarde», José María Pou debutó en el Teatro Español de Madrid, a las órdenes de Adolfo Marsillach, en 'Marat-Sade', «el primer texto comprometido políticamente» que se representó en la dictadura, «con solo tres funciones autorizadas». Con un látigo en la mano, en el papel de un enfermero de un hospital psiquiátrico, él también empezó a hacer historia. Dos años después, en su primera gira, ya vino a Bilbao. «Amigo» de Calixto Bieito, con quien trabajó en 'El rey Lear', «que nos cambió la carrera a los dos», llega al Teatro Arriaga con el personaje «más extremo y complicado» de su carrera. «Desde la primera frase me removía por dentro, me obsesionaba».

'Moby Dick' es uno de esos clásicos que todos creemos conocer, aunque pocos han leído las 800 páginas de la novela de Herman Melville. Pou la devoró a los trece años «en una edición reducida de la editorial Juventud» que contaba como una aventura la «venganza personal de un loco» que arrastra a toda una tripulación. El texto de Juan Cabestany que dirige Andrés Lima «destila» su esencia en una función de hora y cuarto en la que, según las críticas recibidas desde su estreno en enero, Pou demuestra ser «más grande que la ballena blanca».

– Cumple medio siglo en el escenario sin conocer el paro y eligiendo siempre los papeles. ¿Qué le diría a un actor que debute hoy?

– Admiro profundamente a las nuevas generaciones, porque no lo tienen nada fácil. Le podría recomendar únicamente paciencia y tenacidad. Debes estar absolutamente convencido de que tienes algo que contar, de que sabes contarlo y de que habrá un público dispuesto a escucharlo.

En el Arriaga

Cuatro funciones.
Del jueves 11 al domingo 14, 19.30 horas (el domingo a las 19.00).
El equipo.
Texto de Juan Cavestany basado en la novela de Melville. Dirige Andrés Lima y junto a Pou actúan Jacob Torres y Óscar Kapoya.
Ambiente especial.
Se proyectan imágenes rodadas bajo el mar bajo para este montaje, que tiene como banda sonora la grabación de un coro de voces graves.

– Uno de sus grandes personajes, 'El rey Lear', de alguna manera le llevó a meterse en la piel del capitán Ahab.

– Sí, es verdad. En 2005, a las 48 horas de interpretar 'El rey Lear' en Barcelona con Calixto Bieito, el productor Daniel Martínez nos propuso hacer 'Moby Dick' con los medios que necesitáramos. En todo este tiempo Calixto y yo no hemos conseguido unir nuestras agendas, y si yo, con 74 años, ya no lo hacía... A mí nunca se me había ocurrido interpretar al capitán Ahab. Y te advierto de una cosa: él y el rey Lear tienen mucho en común.

– ¿En qué se parecen?

– Los dos están haciendo un viaje hacia la muerte, y son conscientes de ello. Te diré más: hay una escena fundamental de una tormenta, que se reconstruye con rayos y truenos. Cada vez que la hago, me parece que estoy interpretando al rey Lear cuando Shakespeare le hace decir: «Rugid, vientos, soplad». Creo que fue Ray Bradbury, guionista de la película de John Houston, quien dijo una frase definitiva: «El capitán Ahab es el personaje que se le olvidó escribir a Shakespeare».

– ¿Usted también lo cree?

– Sí, tiene el aliento de los grandes personajes, esos que trascienden. Es un marino de buena familia que a raíz de un accidente de trabajo en el que la ballena blanca le amputa una pierna se siete humillado y no sueña más que con la venganza. A lo largo de la historia hemos visto obsesiones personales que llevan a multitudes a la muerte y la destrucción.

– ¿Alguna vez ha perseguido algo con tanta furia que ha llegado a perder la perspectiva?

– No. Soy un ser apasionado, pero también bastante racional.

– ¿Se identifica más con el escribiente Bartleby, otro personaje de Melville que ha llevado al teatro?

– ¡Ah! Ese relato siempre me ha acompañado. Bartleby es lo opuesto a la locura y la obsesión de Ahab. Es la inacción, la resistencia.

– ¿Ha dicho muchas veces, como él, 'preferiría no hacerlo'?

– He dicho que no a muchas más propuestas de las que he aceptado. Y en la vida me he plantado delante de muchas cosas. Ese 'no quiero participar en eso, no lo acepto', el mundo te lo plantea cada día. Cuando empecé en la profesión lo hice frente al franquismo, luego ante otras cosas. En los últimos años, ante esas atrocidades con los inmigrantres y los desplazados, lo que sale es decir ' voy corriendo a hacer lo que haga falta'.

– En 'El reino' le vemos como un presidente autonómico corrupto. ¿Es un retrato fiel de los políticos o hay esperanza?

– Yo conozco a políticos que cada mañana salen de su casa con auténtica vocación de servicio público. Gracias a que hay políticos que están en una segunda línea de resistencia, y no en primer plano llenándose la boca con gilipolleces, buscando titulares, este país funciona. Si no, estaría paralizado. Lo que retrata la película es un tipo de políticos muy mediocres que creo que hemos engendrado entre todos en los últimos años.

– ¿Qué les diría a los nacionalistas vascos que envidian el procés?

– Todo el mundo conoce mi postura, nunca he tenido un sentimiento independentista y soy muy crítico con la forma en que se ha llevado el procés. Creo que si desde el 11 de septiembre de 2012 todas las salvas que se han gastado, los titulares, las bravuconadas y las cosas feas que se han hecho en el Parlamento catalán... si todo este esfuerzo se hubiera dedicado a un objetivo concreto, arrancar de la Constitución y del Estado español un referéndum pactado, ya se habría conseguido. Sin embargo, se ha ido por un camino que no conduce a nada.

– ¿Qué hemos perdido con la dimisión de Lluís Pasqual como director del Teatre Lliure?

– Es algo que lamento mucho, y casi toda la profesión. Es uno de los grandes hombres del teatro europeo de los últimos años. No tengo datos, pero hay gente que decía que debería haberse comprometido más con el procés, y algunos medios defensores de esta causa alimentaron el fuego contra Lluís Pasqual. Me parece una barbaridad. Hoy mismo he sabido que como consecuencia de su salida, la joven compañía del Teatre Lliure se va a disolver.

– Muchos actores se quejan, y con razón, de que suenen móviles durante la función, pero usted ha llegado a parar funciones por eso.

– He interrumpido más de 10 o 15 funciones por los móviles. Señores, si no quieren que sigamos... Ahora suenan mucho menos, pero al principio era terrible. Nosotros en comunión con el público estamos creando un clima, un castillo de emociones, y el público debe ser consciente de que esa magia se puede romper.

 

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