Cabinas, 'Seiscientos' y carteles taurinos en el primer capítulo de ETA

El equipo de rodaje se desplegó en el entorno del Palacio foral./Pankra Nieto
El equipo de rodaje se desplegó en el entorno del Palacio foral. / Pankra Nieto

El rodaje de la serie de Mariano Barroso en el centro de Bilbao despierta expectación

DANIEL FRANCOBilbao

Cabinas de teléfono, taxis Seat 600, bicicletas antiguas y carteles de corridas de toro y peleas de boxeo han devuelto a Bilbao a la década de los 60. De la mano del director Mariano Barroso, el equipo de rodaje de 'La línea invisible' ha regresado esta mañana a la ciudad para continuar con la grabación de la serie que narra los orígenes de ETA.

En la intersección de las calles Licenciado Poza y Rodríguez Arias, justo enfrente de la Biblioteca foral, Teresa (Aia Kruse), espera cerca de una cabina telefónica a los hermanos Etxebarrieta, Txabi (Àlex Moner) y José Antonio (Enric Auquer). Mientras tanto, un hombre compra el periódico al vendedor callejero, pasan dos señores con cajas de madera llenas de verduras recién cogidas de la huerta, cruzan las calles personas en bicicleta y coches de la época: 'Mini Morris', 'Seat 1500',' Peugeot 404'. El viaje en el tiempo es inmediato. Los dos hermanos llegan en un 'Citroen 2CV6'. «Este es el momento en que el espectador verá por primera vez Bilbao», explica Rafael Portela, productor de la serie. «Se trata de una escena del primer capítulo, que, antes de situarse en Bilbao, muestra una Euskadi más rural para hacer contraste con la gran ciudad».

El equipo del rodaje se instaló en Bilbao a partir de las siete de la mañana. Ya han grabado en otras zonas de la ciudad -a finales de mayo en el Casco Viejo- y en Navarra, entre Lesaka y Etxalar. Han acordonado las calles Cardenal Gardoqui, Astarloa, Bertendona, Licenciado Poza y Rodríguez Arias con permiso para rodar un solo día. Los viandantes podían transitar libremente excepto durante los momento de grabación, cuando se les les pedía que pasaran por zonas concretas para no salir en escena. Para la gente ha sido un espectáculo, una sorpresa inesperada en plena mañana festiva de julio. «La verdad es que no hemos tenido ningún problema con la gente, se han mostrado muy interesados y dispuestos a colaborar», asegura el productor.