«El silencio nunca es neutral, es producido por estructuras de poder»
La artista palestina Shaima Sheikh Ali dialogará en las jornadas 'Art Beyond Fire' sobre la práctica artística como forma de resistencia frente a sistemas de opresión
Shaima Sheikh Ali tiene 27 años y llega a Bilbao en el marco de una residencia organizada por Moving Artists, en colaboración con TEJA y ... BilbaoArte, un programa que ofrece a artistas de países en conflicto un espacio seguro para trabajar, reflexionar y crear. «¿Es la práctica artística un acto de resistencia?», será la pregunta a la que responderá en su participación en las jornadas 'Art Beyond Fire' el próximo 27 de noviembre en el Palacio Euskalduna, junto a la fundadora del programa, Ixone Sádaba, y la artista iraquí Tara Abdullah.
Originaria del pueblo desplazado de Beit Thul, cerca de Jerusalén, y residente en Beit Hanina, Shaima se licenció en Bellas Artes en la Academia de Arte y Diseño Bezalel en 2022. Desde entonces ha mostrado su trabajo en Palestina, Jerusalén y Londres, en espacios y citas como Shubbak Festival, Vital Capacities o la exposición Tamas. Su práctica atraviesa la escultura, las instalaciones y el videoarte, siempre con una atención especial a las experiencias sensoriales que se activan en los espacios y a la tensión entre lo íntimo y lo colectivo.
Cuando habla de su obra no recurre a teorías, sino a heridas que atraviesan generaciones. El desplazamiento de Beit Thul no es para ella un episodio del pasado, sino «una herida que continúa moldeando cómo entiendo la tierra, la memoria y la pertenencia», explica. Crecer con un lugar que solo existe en relatos, fotografías y memoria oral le enseñó que el borrado «nunca es abstracto, es profundamente físico y emocional». Ese aprendizaje ha marcado su manera de mirar y también la forma en que se relaciona con los materiales, con los gestos y con las huellas que sobreviven a pesar de todo.
El entorno de Beit Hanina, donde creció, también dejó una impronta decisiva en su práctica. Shaima reconoce que ese contexto la formó más que cualquier educación académica. Allí aprendió a observar, a percibir los pequeños detalles y a trabajar con recursos limitados. Describe su ciudad como un espacio estratificado donde la expansión urbana, la presión política, la resiliencia comunitaria y las negociaciones constantes con el poder se entrelazan en la vida diaria.
Cartografiar la censura
En su obra, la memoria colectiva se vive desde la experiencia personal. «La resiliencia no es heroica, sino una práctica diaria y silenciosa. Improvisar espacios, adaptar movimientos y encontrar significado incluso en entornos restrictivos», señala. Nada de lo político sucede lejos del cuerpo. «En Palestina, la política penetra el hogar, el cuerpo y las rutinas diarias», afirma.
Su condición de mujer palestina con discapacidad añade otra capa de lectura a su trabajo. Crecer entre censura política, expectativas sociales y limitaciones físicas le enseñó que «el silencio nunca es neutral, es producido por estructuras de poder». Esa consciencia le ha dado una sensibilidad extrema sobre cómo la censura actúa en el cuerpo: aprieta la respiración, modifica la voz y restringe el movimiento. Incluso en Bilbao, donde puede hablar con libertad, su cuerpo responde todavía con cierta cautela. Esa tensión entre censura interna y libertad externa se ha convertido en el eje de su proyecto actual, un mapa sensorial que registra cómo las restricciones se alojan en la memoria, en el habla y en los gestos.
Durante estos meses también está colaborando con artistas locales y participando en actividades abiertas al público organizadas por BilbaoArte. La lentitud de la ciudad, la humedad de la ría, la niebla y las montañas han suavizado su ritmo interno y le han permitido observar cómo su cuerpo se relaciona con un espacio sin presión política inmediata. Ese contraste entre lo que se tensa y lo que se relaja está influyendo en la dirección de su obra.
Para Shaima, su práctica continúa la tradición del arte como resistencia y archivo. Crear se convierte en una forma de preservar aquello que está en riesgo de desaparecer: «Si no contamos cómo vivimos realmente en Palestina, otros contarán nuestras historias por nosotras». Insiste en nombrar su realidad con precisión: «No hablo de conflicto, hablo de genocidio, apartheid y colonialismo». El arte le permite respirar, no solo documenta dolor, sino que imagina otras posibilidades y cuestiona el presente y el pasado para abrir futuros.
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