La feria del grabado FIG acerca el arte al gran público con 60 stands y Taiwán como invitado
El Euskalduna acoge una cita que todos los años atrae a 10.000 personas y ofrece piezas tan valiosas como un 'calder' de 150.000 euros
Media hora después de abrirse las puertas, ya era un hervidero de gente el espacio dedicado a la Feria Internacional de Grabado y Arte sobre ... Papel (FIG Bilbao) que acoge el Euskalduna hasta el domingo. Son más de 3.500 metros cuadrados con 60 expositores, la mayoría españoles, pero también se han montado algunos de Irán, Brasil, Italia, Portugal... Hay varios stands vascos –desde la galería Juan Manuel Lumbreras a la librería Astarloa, pasando por Bilbao Formarte y Ediciones 4/4– y no faltan las actividades divulgativas, como charlas y talleres para el gran público. «Esta es nuestra 14ª edición y contamos con seguidores muy fieles. Los hay que vienen de Cádiz en autobús y el público local tampoco falla. El año pasado vinieron más de 10.000 personas y ahora es muy probable que se supere esa cifra. Hace tiempo que somos una referencia al sur de Europa», subraya Iñaki Alonso, presidente de FIG Bilbao.
En esta ocasión la pieza más cara que se pone a la venta es un gouache sobre papel de Alexander Calder, con dimensiones generosas (75 x 109), que cuesta 150.000 euros. Es parte del catálogo de Astarloa, que también cuenta con dos originales de Saura (65.000 euros cada uno) y otro de Picasso (95.000). «La nuestra es una propuesta arriesgada y puede que no vendamos nada. Pero... ¡ya veremos!», deja caer Iker Madariaga, al frente del local bilbaíno, especializado en libros, arte y antigüedades. No son pocos los curiosos que se detienen a mirar la obra de Calder. Se exhibe sin detallar el precio y soñar es gratis.
En el FIG lo habitual son los precios más asequibles. Entre las obras más visitadas (a 450 euros cada una) destacan las estampas en aguafuerte y punta seca de la joven lituana Vitalia Samuilova, que se alzó el año pasado con el premio Open Portfolio, el programa de promoción de la feria. Las escenas en blanco y negro, con figuras desvaídas, a la fuga o en pleno encuentro, tienen un componente muy sugerente que remite a su propia experiencia. «El azar y el intercambio son fundamentales en mi obra. La vida irrumpe en todo momento», reflexiona la creadora, con la pequeña Pina, de dos meses, entre sus brazos. Reside en París y está dispuesta a seguir quemando etapas.
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Miren Arzalluz, directora del Guggenheim, se toma su tiempo para observar detenidamente el trabajo de Vitalia Samuilova y tiene la respuesta rápida cuando se le pregunta por lo que siente en ese momento: «Una vez más, se demuestra que no hay que perder la esperanza. Esto es una alegría, animo a toda la gente a venir y cargarse de energía». La creación se abre camino y en el FIG hay una efervescencia que hermana la veteranía de Alejandro Quincoces con la juventud de Vitalia Samuilova. Las obras borrascosas del artista bilbaíno, muy especialmente el óleo 'Cantábrico X', atraen como un imán, lo mismo que el puesto de Aquari, una empresa consagrada a la producción de papel. No es fácil resistirse a nada y hay electricidad en el ambiente. Los estudiantes de arte se frotan las manos y toquetean todo lo que pueden, también los libros de la editorial Nórdica (el de Marco Polo es una joya), y muchos acaban apuntándose en la subasta que ha organizado la tienda 'Tórculos Ribes', especializada en material de trabajo para hacer grabado.
Tributo a Koldobika Jauregi
Este año, el país invitado es Taiwán y todo resulta sumamente tentador. La principal artífice de esta edición es Diana Chow, una gestora cultural que lleva media vida tejiendo lazos entre Oriente y Occidente. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Navarra, está afincada en Pamplona y nunca ha perdido contacto con su país. «¡Esto es un sueño hecho realidad! Hace tres años coincidí con el artista guipuzcoano Koldobika Jauregi y nos animamos a centrarnos en Taiwán. Él ya no está entre nosotros pero sí su obra», recalca la experta, feliz de ver el gentío que no cesa de subir y bajar por la escalera mecánica de la entrada.
A pocos metros, como bienvenida de lujo, se encuentra el tríptico de Liao Shiou-ping (Taipéi, 1936), el 'padre' del grabado contemporáneo en Taiwán que luce bajo el edificante título de 'Doble felicidad I, II y III'. En los extremos del tríptico dominan las formas geométricas y los objetos domésticos, lo mismo tenedores que peines y tijeras, con tonalidades rojas y doradas. En el centro hay una puerta que invita a imaginar lo que habrá más allá. Eso sí, la pieza más emotiva de todo el FIG Bilbao es 'Gramíneas 2023', de Koldobika Jauregui (1959-2024), que se empapó de filosofía zen durante su estancia en Düsseldorf y terminó abrazando la abstracción con un sentido muy marcado de la permanencia y la apertura hacia lo desconocido. «Es la única persona que he conocido que ha leído el I-Ching. Era el más oriental de los vascos. O el más vasco de los orientales. Quién sabe», reflexiona Diana Chow.
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