Entre el ataúd de Malévich y el caballo de Velázquez
El Premio Gure Artea 2025 distingue la larga trayectoria multidisciplinar, crítica y pedagógica de Jon Mikel Euba, un singular viaje que conduce a lugares insospechados
El estudio de Jon Mikel Euba (Amorebieta, 1967) en Rekalde está lleno de cajas de embalaje que recuerdan un poco a féretros de madera de pino, continentes de sus obras de arte, que van y vienen viajando por galerías, museos, países. Encajonadas, no es tan fácil pedirle que enseñe una de ellas, algunas de sus esculturas son inmensas además, porque los formatos que maneja un artista multidisciplinar de larga carrera no se circunscriben al espacio descrito entre los cuatro vértices de un cuadro. Pese a ello, sobre la amplia mesa despliega las piezas de un puzle, y cobra enorme cuerpo un caballo, ejemplar de su serie 'Condensed Velázquez'. Solo un ejemplo dentro del recorrido por la singular trayectoria de Euba, que conduce al viajero a lugares insospechados.
«Ese proyecto surge de una visita que hice al Museo del Prado en 2005. Tuve una experiencia con uno de los cuadros ecuestres de Velázquez y me dije 'tengo que saber exactamente qué pasa aquí'». Es una constante en el trabajo de Euba otorgar un lugar preeminente a los procesos de creación, es decir, entender la obra por cómo se llega a ella, al igual que en los 70 la Velvet Underground consideraba que la asistencia a un ensayo podía ofrecer una experiencia superior a la propia actuación. O como cuando él mismo formó parte de una residencia de artistas en Luxemburgo donde cualquier persona podía entrar para contemplar a los creadores en plena faena, «como en un zoo».
Tras el primer contacto con aquel caballo, se dedicó a viajar a Madrid para saber qué pasaba dentro de aquellas imágenes,tratando de evitar leer nada al respecto: «Entonces fui entendiendo cómo Velázquez creó un código para representar a las mujeres, subidas a un caballo que siempre estaba caminando, realizando la técnica del 'passage'. Y otro para los hombres, donde el animal aparecía haciendo la corveta, un salto hacia atrás con el que se queda un momento como una estatua, arriba, en el aire sobre dos patas. Descubrí cosas muy interesantes sobre cómo él representa el poder y cómo eso te afecta cuando tú te estás enfrentando a esa masa, contemplando esa composición pictórica con caballo».
Este proyecto con el que compartió su análisis sobre las pinturas ecuestres de Velázquez es de los trabajos que más le siguen reclamando:«Nunca sabes. Puedes hacer una exposición mañana y no se vende nada. Y, sin embargo, con esto de hace tanto tiempo aún me llega alguien de México que sin conocerme y solo con ver la pieza te dice 'quiero esto'». Es solo un ejemplo de cómo concibe el arte Euba.
Hay mucho más en su larga, prolífica y singular trayectoria artística, que le ha hecho merecedor del premio Gure Artea de este año. El jurado destacó «la heterogeneidad de su trabajo, su papel como referente intergeneracional y su constante labor pedagógica y de transmisión del conocimiento a través de libros, talleres y proyectos educativos». También resaltó que su práctica representa una forma de «resistencia y experimentación, y constituye una referencia única dentro del panorama artístico vasco e internacional». Una trayectoria ligada estrechamente a reputados artistas vascos como Sergio Prego, Itziar Okariz, Txomin Badiola, Ángel Bados...
Otro proyecto más reciente nace de su fascinación por el ataúd de Malévich; el artista había proyectado para cuando le llegara su hora un féretro con forma de cruz que tuvo que ser descartado por la imposibilidad de pasar con él a través de las puertas, pero su discípulo Nikolái Suetin le diseñó un original ataúd basado en sus principios suprematistas con un rectángulo negro en la parte donde debía ir la cabeza del muerto, como en su famosa obra. «He intervenido varias imágenes de dicho ataúd para una obra que se titula '400 Movimientos para esquivar lo predecible' (2021), una videoproyección doble que se presentará a primeros de año en el Reina Sofía de Madrid». Además de en este museo, Euba forma parte de las colecciones del MACBA de Barcelona, MUSAC de León, FRAC de Angouleme o el MUDAM de Luxemburgo...
En el Bellas Artes en estos mismos momentos se expone una obra de Euba en el recién reinaugurado edificio de 1970, dentro de la muestra colectiva de artistas vascos 'Ataria'. Se trata de la pieza fotográfica 'Ankaz gora-Buruz bera' (2001). «El título habla de la relación entre dos expresiones en euskera que, al igual que en castellano, pueden utilizarse para referirse a lo mismo o a algo absolutamente diferente. 'Ankaz gora' (patas arriba) puede referirse literalmente a un cuerpo que está con los pies hacia arriba, o metafóricamente a algo desordenado, caótico, vuelto del revés. Por su parte, 'buruz behera' en mi casa la utilizábamos en un doble sentido: para designar literalmente la postura de un cuerpo u objeto colocado cabeza abajo, o bien un estado emocional de abatimiento o tristeza, como en el castellano 'cabizbajo'». Precisamente este martes a las 12 horas, Euba explicará esta obra ante el público en el Bellas Artes. Da la casualidad de que esta pieza convive en el tiempo y en ese mismo espacio del museo bilbaíno con la exposición de Baselitz y sus cuadros de personas del revés, o sea, cabeza abajo. O patas arriba.
El estudio de Euba, en realidad, más parece un almacén: ««Tengo piezas bastante pesadas; normalmente dependiendo del proyecto hago producciones que pueden ser muy caras y complejas, diseño en casa y mando construirl as a una empresa de metalistería». Pero también acoge objetos pequeños, delicados libros, muchos de ellos con sus curiosas 'partituras visuales', idea concebida cuando Euba se centró en el videoarte y la performance, entre 1995 y 2006. «Antes de acabar la carrera descubrí que yo no era un artista de estudio. Gané un premio de pintura en París en 1990, y demasiado pronto, aún en la facultad, tuve contacto con las galerías comerciales. Y el problema es que a veces, cuando tienes un producto, la galería quiere que sigas repitiéndolo. Gané también un premio de fotografía en París en 2003, el Altadis, y me llamaron para hacer exposiciones de fotografía, pero en determinado momento decidí hacer un quiebro».
La historia de las partituras
En Amorebieta, en los 90, era fácil colaborar con los suyos, buscar localizaciones y quedar para rodar sus piezas de vídeo con un coche. Pero luego necesitó crear una especie de guion estrictamente visual para que cualquier persona en cualquier lugar del mundo hablando cualquier idioma pudiera interpretar y ejecutar sus órdenes incluso a distancia en un rodaje con personas desconocidas. «Me llamaban de fuera, del extranjero también, y empecé a ir a sitios como Estambul, Corea... Ideé entonces el trabajo con partituras visuales, porque si no, yo tenía que hablar en inglés con una persona que traducía al coreano, y el coreano tenía que hacer lo que yo decía. Me di cuenta de que se perdía mucho tiempo. Y, sin embargo, si yo creaba una partitura visual, y ellos veían lo que había que hacer, solo debían copiarla».
¿Pero qué son las partituras visuales? Las primeras las creó con fotos de rockeros seleccionadas a partir del archivo de amigos músicos de Bilbao, como Madelman o Josetxo Anitua, de Cancer Moon. «Les pedía que me pasaran todas las revistas que tuvieran porque quería hacer una selección de cuerpos que estuvieran expresándose y tocando un instrumento que luego yo eliminaba de la foto. Eso daba lugar a posturas muy expansivas, o con gente doblada, tirada en el suelo que luego me servían para explicar lo que queríamos hacer... Seleccioné miles de imágenes y mi primera partitura estuvo confeccionada con cola y fotocopias».
Últimamente está dedicado Euba a crear libros de teoría, de pedagogía del arte o de estética. Su trabajo performativo y teórico se ha plasmado en publicaciones como 'Writing Out Loud' (2017) y 'Vulnerario' (2021). «No era una cosa premeditada el que yo fuera a escribir, sino que cada paso que vas dando profesionalmente te va llevando a que podrías hacer esto otro. También influye el haber impartido clases, sobre todo en el Dutch Art Institute en Holanda». Acaban de llamarle para ofrecer unos talleres y charlas en Buenos Aires el próximo año. El viaje no acaba para Euba.
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