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Toni Morrison, adiós a la drama de la literatura estadounidense

Toni Morrison, adiós a la drama de la literatura estadounidense

AITOR IBARROLA-ARMENDARIZProfesor de Estudios Norteamericanos. Universidad de Deusto

El pasado martes, 6 de agosto, nos llegó la triste noticia del fallecimiento de la escritora más excepcional de las letras norteamericanas durante estas últimas cinco décadas. Toni Morrison no sólo supuso un giro radical en el devenir de la novelística afroamericana, sino que obligó a los especialistas a reconfigurar el canon de la literatura estadounidense en su conjunto. El hecho de que su escritura no se limitase a la ficción narrativa –con once novelas en casi medio siglo– sino que incorporase también ensayos críticos, literatura infantil, teatro, ciclos de conferencias e incluso un libreto de ópera ('Margaret Garner') han contribuido a realzar su legado a la cultura de su país. Aunque la mayoría de los críticos han subrayado el lirismo de su prosa y su habilidad para captar los ritmos y matices del 'Black English', todos sus escritos –tanto de ficción como los de sesgo más social-académico– revelan un intelecto y un conocimiento de la historia y cultura de su gente incomparables. Cuando en alguna ocasión se le acusó de concentrar su atención en exceso en la cultura afroamericana y la situación de la mujer en la misma, ella repuso: «Ser una escritora negra no ha constreñido de ninguna manera mi escritura. No limita mi imaginación; al contrario, la expande. Es mucho más enriquecedor que ser un autor varón blanco porque sé mucho más del tema y además poseo la experiencia vital del mismo».

Aunque fue bautizada por sus padres como Chloe Ardelia Wofford en Lorain, Ohio, en 1931, optó por el nombre por el que hoy es mundialmente conocida con la publicación de su primera novela –'Ojos azules'– en 1970. Si bien ella nunca se sintió identificada con ese pseudónimo, que combinaba el nombre adoptado al convertirse al catolicismo (Anthony) y el apellido de su marido (Morrison), sí reconoció que era más fácil de pronunciar y probablemente más mediático. Chloe Wofford fue la segunda hija de un matrimonio de clase obrera descendientes de esclavos provenientes de Georgia y Alabama que habían emigrado al 'cinturón del acero' del norte en busca de un futuro mejor. De sus padres, Chloe heredó un sentimiento de auto-suficiencia y de dignidad, a pesar de las estrecheces económicas por las que pasó su familia. Además, le inculcaron una gran devoción y orgullo de sus tradiciones culturales, las cuales mantuvieron vivas tanto en sus relatos orales como en su afición por la música. Desde un principio, la joven afroamericana mostró voracidad por la lectura (desde los clásicos rusos pasando por Jane Austen hasta Twain y Faulkner) y unas notables aptitudes para los estudios (realizó su licenciatura en Estudios Ingleses en la Howard University y luego un máster en la prestigiosa universidad de Cornell entre 1949 y 1955).

Antes de embarcarse en su longeva carrera literaria, con ya casi cuarenta años, Toni Morrison ejerció como profesora en varias universidades (Texas Southern y Howard) y fue editora de textos para Random House en Nueva York. Estos empleos previos a la publicación de su primera novela le proporcionaron una serie de contactos con artistas y críticos afroamericanos que más tarde reseñarían sus obras. Además, su trabajo como editora le permitió facilitar la publicación de autobiografías de figuras memorables como Muhammad Ali y Angela Davis (activista social) o de las primeras obras de Gayl Jones y Toni C. Bambara. Sin embargo, ni sus perspicaces y rigurosos trabajos críticos ('The Black Book' (1974), 'Playing in the Dark' (1992) o 'The Origins of Others' (2017) ni sus puestos docentes en algunas universidades punteras de los EE.UU. (Yale, Princeton, Harvard, etc.) son comparables a los éxitos conseguidos por un puñado de sus novelas que son ya hoy en día clásicos de la ficción norteamericana. Títulos como 'Sula' (1973), 'La canción de Salomón' (1977), 'Beloved' (1987) o 'Paradise' (1997) no sólo cambiaron el paisaje de la literatura estadounidense a finales del siglo pasado, sino que fueron receptores de la mayoría de los premios literarios más prestigiosos del país (National Book Critics' Circle Award, National Book Award, Pulitzer Prize, etc.). Sus novelas se centran, sobre todo, en las heridas –psíquicas y sociales– que la esclavitud infligió en los afroamericanos y las consecuencias que aquel trauma ha tenido para generaciones posteriores. Dado lo complejo y emotivo de los temas que aborda, su narrativa puede resultar exigente para aquellos lectores aún no familiarizados con la misma. Los cambios de perspectiva, saltos en el tiempo, elipsis, etc. son parte consustancial de su concepción del lenguaje narrativo como un sistema para representar realidades tortuosas, pero también como un organismo vivo capaz de producir cambios en esas realidades.

Resulta sorprendente que una autora tan profundamente enraizada en la historia y el legado cultural de los suyos haya sido capaz de conectar con el público lector de países muy lejanos (Francia, India o el Reino Unido), en los que también ha recibido grandes reconocimientos. Según la Academia de las Artes sueca, cuando le concedió el Premio Nobel en 1993, son «su poder visionario y el lenguaje poético» los que dan a su obra ese toque único para captar «aspectos esenciales de la realidad americana». En el mensaje la editorial Alfred A. Knopf envió para informar de su fallecimiento estimó que el epitafio ideal para la novelista sería una frase suya: «Morimos. Y ese puede ser el sentido de la vida. Pero también nos valemos del lenguaje. Y esa puede ser la vara de medir de nuestras vidas». Probablemente sea una cita de su novela 'Beloved' la que mejor describe el efecto de su obra en los lectores: «Es una amiga de mi mente. Ella me recompuso, compañero. Las piezas de las que estoy compuesto, las recogió y me las devolvió todas ordenadas perfectamente. Es genial, ¿verdad?, cuando cuentas con una mujer que es amiga de tu mente».