'White Gold': el consumismo en la era Thatcher

El trío calavera de 'White Gold'./
El trío calavera de 'White Gold'.

La serie británica, protagonizada por Ed Westwick, es una ácida comedia social ambientada en 1983 en un negocio de ventanas de PVC de Essex

Nuria Nuño
NURIA NUÑO

Vincent Swan no es Frank Underwood. Sin embargo, como tenía por arraigada costumbre el despiadado presidente de 'House of Cards', el protagonista de 'White Gold' también rompe la cuarta pared. En su caso, sus ácidos y sarcásticos monólogos mirando directamente al objetivo de la cámara que le graba no están dirigidos a Dios, su conciencia o sus enemigos políticos, sino a un público al que trata de seducir y guiar para que se zambulla en la Inglaterra de los ochenta. Una década prodigiosa en la que reinaban los radiocasetes, los Betamax y descollaban en el mercado los primeros móviles -tamaño 'zapatófono'- y los ordenadores personales.

Ante esa audiencia se irán despachando en pequeñas píldoras muchas de las claves del nacimiento de la cultura del consumismo en la era Thatcher. Para ello, el creador de la serie, Damon Beesley (The Inbetweeners), sitúa esta historia en 1983, en el Essex de su infancia. Y la ambienta en la nada glamurosa sala de exhibición y ventas de una empresa de ventanas aislantes de doble acristalamiento. La elección de ese espacio no es en absoluto casual. Aquellos primeros años de la década de los ochenta fueron una época en la que poseer una vivienda con cerramientos de Policloruro de Vinilo, el popular PVC, era señal de que uno se estaba ganando bien la vida… o, al menos, esa era la imagen que pretendía transmitir.

Fue tal el 'boom' que aquellos pedazos de plástico se convirtieron de la noche a la mañana en el 'oro blanco' al que alude el título de la serie; una fortuna para quienes apostaron por ese floreciente negocio. Eran tiempos en los que la clase media estaba dispuesta a invertir en cualquier cosa que le aportara cierto bienestar o que, simplemente, le sirviera para aparentar ante los suyos y sus vecinos. «Sus flamantes ventanas nuevas les costarán más que sus casas», comentan con sorna los integrantes de ese equipo de ventas sin escrúpulos. Todos ellos harán lo que haga falta por una venta hasta el extremo de arrojar la honestidad por la ventana.

Tomando esta premisa como punto de partida, esta ficción, una producción original de la BBC2 -de la que Netlix ya ha estrenado en España sus dos temporadas- se desarrolla como una inteligente y ácida comedia social que cuenta las turbias andanzas de Swan (Ed Westwick), el engreído jefe de ventas de la firma Cachet Windows, y dos de sus desprejuiciados comerciales: Martin Lavender (Joe Thomas), un músico fracasado poco dotado para ganarse la vida como vendedor; y Brian Fitzpatrick (James Buckley), un sujeto capaz de estafar a cualquiera con tal de añadir una venta -y su correspondiente comisión- a su expediente.

A lo largo de cada capítulo, de apenas media hora de duración, este trío calavera demuestra su mezquindad y su querencia por las chapuzas. Son capaces de romper cualquier regla para encasquetar un pedido a los incautos que se rinden ante su convincente verborrea. Un juego sucio que también pondrán en práctica ante una competencia que no se queda corta en eso de desplegar las malas artes ante su potencial clientela. Y es que este oro blanco es del que no reluce.

Un fotograma de la serie.
Un fotograma de la serie.

Ed Westwick, que alcanzó la popularidad hace ya más de una década como Chuck Bass, el millonario protagonista de 'Gossip Girl', se mete de nuevo en los zapatos de un joven cínico y manipulador, juerguista y mujeriego; cuyo comportamiento también recuerda al Jordan Belfort interpretado por Leonardo di Caprio en 'El lobo de Wall Street'. En esta ocasión, su personaje aspira a convertirse en un nuevo pícaro de referencia; un creído autocomplaciente, un antihéroe, un charlatán sin escrúpulos, capaz de vender arena en el desierto; y cuya máxima aspiración, en la primera temporada, es disponer de un coche de empresa y seguir defraudando a Hacienda.

En el fondo, es un pobre diablo. Un trabajador más, sumido en graves problemas familiares y financieros, que busca desprenderse de sus deudas y salir a flote en aquella Inglaterra constreñida por el modelo liberal impuesto por la 'Dama de Hierro'. A medida que avanzan los capítulos mejorará su nivel de vida -a él también le encanta aparentar- y avanza su interés por cambiar de aires con el propósito de mudarse a Marbella en busca de nuevas oportunidades de negocio. Aspira, nada menos, que a meterse en el entonces floreciente 'boom' de la copropiedad que fascinaría a miles de compatriotas británicos, ansiosos por disfrutar de unas vacaciones o de su jubilación jugando al golf en la Costa del Sol.

'White Gold' es, en definitiva, una farsa desgarradora sobre el mercantilismo y el consumismo, con tintes machistas en muchas ocasiones y, en general, muy malhablada; que no está exenta de un humor un tanto gamberro e infantiloide. Todo ello maridado con la presencia de mafiosos de poca monta y una cuidada y acertada ambientación, a la que no es ajena una banda sonora en la que se dejan escuchar con agrado grandes éxitos setenteros y ochenteros como 'Gloria' de Umberto Tozzi; 'Another one bites the dust' de Queen; el 'Solsbury Hill' de Peter Gabriel; 'Hungry like the wolf', de Duran Duran; el archiconocido 'Relax' de Frankie Goes To Hollywood o el 'I don't like Mondays' de The Boomtown Rats por citar tan solo algunos de los temas que pueden disfrutarse a lo largo de sus dos temporadas.

Tras su estreno en la BBC2, 'White Gold' logró saltar las fronteras del Reino Unido gracias a un acuerdo firmado entre la cadena británica y Netflix, que agregó esta comedia un tanto bizarra a su catálogo. La posibilidad de verla en 'streaming' llegó poco después de que el creador del proyecto, Damon Beesley, anunciara que la serie había sido renovada para una segunda temporada. Esta entrega, que se ha estrenado este año, presenta de nuevo al desventurado y chapucero trío protagonista metiéndose en nuevos líos por culpa de una feroz competencia.

Esta segunda temporada, sin embargo, había quedado en 'stand by' por motivos ajenos a la producción. Finalmente, pudo rodarse después de que Ed Westwick volviera al trabajo tras ser absuelto de los cargos de agresión sexual que habían presentado contra él tres mujeres. Casi un año después de iniciarse la investigación, los tribunales concluyeron que era inocente. El caso se cerró y el actor británico pudo retomar su papel. Eso sí, todavía habrá que esperar para ver si se materializa una tercera entrega que nos regale al chuleta Vincent Swan inmerso en el salvaje oeste del mercado inmobiliario de una ochentera Marbella.

Las dos primeras temporadas de 'White Gold' ya están disponibles en Netflix.