Ted Bundy se confiesa

Ted Bundy./
Ted Bundy.

Joe Berlinguer dirige 'Las cintas de Ted Bundy', un documental dividido en cuatro capítulos que se adentra en la mente de este asesino en serie tan fascinante como aterrador

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

La llegada de plataformas de vídeo bajo demanda como Netflix, Amazon o HBO, ha traído a nuestro país un subgénero, el de los documentales de asesinos en serie y sucesos, que en Estados Unidos siempre ha gozado de gran popularidad pero que en España no acababa de encontrar su público. Ahora, la internacionalización de los contenidos, facilita al consumidor el acceso a productos fascinantes que, con la presencia de estas nuevas plataformas, cuentan un impulso nuevo. Quizá la punta de lanza de toda esta producción reciente fue 'Making a Murderer', la serie que relataba la asombrosa historia de Steven Avery, un hombre que pasó 18 años en prisión por una sentencia errónea y que, dos años después, fue condenado a cadena perpetua por el asesinato de una mujer en base a unas pruebas ciertamente dudosas. Casi a la par llegaron producciones como 'The Jinx', 'Amanda Knox', 'The Keepers' o 'Wild Wild Country'.

Ahora irrumpe en Netflix 'Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy', un documental dirigido por Joe Berlinguer, que se adentra en la mente de uno de los 'serial killers' más espeluznantes de la historia de Estados Unidos. Para ello Berlinguer parte del trabajo que desarrollaron dos periodistas, Stephen Michaud y Hugh Aynesworth, que participan en el documental. Ambos entrevistaron a Bundy en múltiples ocasiones cuando éste se encontraba en el corredor de la muerte, llegando a acumular más de cien cintas con sus declaraciones. Es de esos fragmentos, que a finales de los ochenta dieron lugar a un libro, de los que se vale Berlinguer para ir tejiendo un relato tan fascinante como atroz. Una historia que comienza situando al espectador en una época más bien turbulenta para Estados Unidos, la década de los setenta. Políticamente, el país trataba de ponerse en pie ante el fracaso en la guerra de Vietnam y viviría uno de sus periodos más convulsos, a raíz del escándalo del Watergate. Por otro lado, el índice de criminalidad se había incrementando hasta niveles insospechados.

Ted Bundy, junto a una de sus novias y en el juicio. A la derecha, uno de los periodistas encargados de entrevistar a Bundy.

Con las cintas como motor y una puesta en escena y grafismos exquisitos, el autor de 'Paraíso perdido' se desplaza cronológicamente por la vida de Bundy hacia su final, en una silla eléctrica ubicada en una prisión de Florida el 24 de enero de 1989, pero no duda en utilizar los esclarecedores audios de forma fragmentada, saltando al pasado y volviendo al corredor de la muerte cuando la situación lo requiere.

A través de sus cuatro capítulos, el documental va dibujando un retrato ciertamente inquietante: el de un estudiante de Psicología y Derecho aplicado, inteligente, con buena presencia y una sonrisa encantadora que, en realidad, esconde a un maníaco depresivo ególatra e inseguro, capaz de violar, mutilar y acabar con la vida de 36 mujeres, tal y como logró confirmar la policía.

Entre audio y audio, Berlinguer busca razones al comportamiento de Bundy, con entrevistas a los facultativos que lo estudiaron, a las personas que perdieron a sus familiares e incluso a potenciales víctimas que lograron escapar de sus garras pero apenas atisba alguna. Lo que sí subraya el realizador es que el asesino en serie poseía un magnetismo fuera de toda duda que inspiraba cierta confianza. Así, muchos de sus secuestros se realizaron a plena luz del día, con engaños torticeros; logró fugarse en dos ocasiones de prisión, la primera de ellas saltando por la ventana de la Biblioteca de la Corte de Aspen a la que había acudido para preparar su defensa; y provocaba con facilidad las risas y cierta camaradería de los periodistas en sus encuentros con la prensa, así como las carcajadas de los asistentes a los juicios en los que se representó a sí mismo -especialmente esclarecedoras son las escenas en las que más que defenderse a sí mismo, parece estar vanagloriándose de los crímenes que ha cometido-.

«Queremos poder decir que podemos identificar a esta gente peligrosa. Lo que asusta realmente es que no puedes. La gente no sabe que hay asesinos potenciales entre ellos. ¿Cómo podría alguien vivir en una sociedad donde la gente que le gusta, quiere, admira, con la que vive y trabaja se puede convertir al día siguiente en la persona más demoníaca que puedan imaginar?», dice Bundy al final de la serie. Y esta es, precisamente, la tesis que trata de apuntalar el documental.

 

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