'Suburra', el lado oscuro de Roma

Un fotograma de la segunda temporada de 'Suburra'./
Un fotograma de la segunda temporada de 'Suburra'.

Mafia, Iglesia, drogas y corrupción forman parte del cóctel que agita la primera ficción italiana de Netflix. En su segunda temporada, la serie profundiza en las nuevas alianzas y estrategias que se tejen para controlar la costa de Ostia

Nuria Nuño
NURIA NUÑO

Suburra daba nombre a un populoso barrio de la antigua Roma, donde parte de sus habitantes, el subproletariado urbano, sobrevivían en míseras condiciones. Allí convivían el crimen y la inmoralidad con el poder de la gran urbe. Hoy por hoy, se conservan algunas ruinas y vestigios de aquel universo oscuro y podrido; en el que se dice que vivió el mismísimo Julio César. Aunque lo que sigue estando más presente en el lenguaje popular italiano, en especial, en la jerga de los romanos, es su denominación; un término que se emplea para definir un lugar donde la violencia campa a sus anchas. Un escenario en el que los delitos y las tácticas mafiosas son el caldo de cultivo. En definitiva, un sitio con muy mala fama, por donde es mejor no asomar la cabeza; ya que uno se arriesga a encontrar lo que no busca si se deja caer por allí.

Conocida esta circunstancia, el espectador puede intuir lo que le espera en 'Suburra, sangre en Roma', la primera ficción transalpina avalada por el sello de Netfix, que recurre a una 'marca' reconocida de Italia: la mafia. En este caso, uno de los primeros detalles que llama la atención es que la acción transcurre en la ciudad fundada por Rómulo y Remo. Tradicionalmente, la literatura, el cine y las series han tenido especial querencia por retratar a los capos mafiosos que operaban en Nápoles y Palermo. Sin embargo, la capital italiana también cuenta con sus propios bajos fondos, donde soporta la acción del crimen organizado. Lejos de la Cosa Nostra siciliana y de esa Camorra napolitana inmortalizada en la neorrealista 'Gomorra', llegó a la pequeña pantalla 'Suburra'. Y lo hizo en 2017, de la mano de la productora Cattleya, responsable de 'Roma Criminal' y la exitosa 'Gomorra'.

Esta ficción, cuya segunda temporada ya está disponible en la plataforma, está basada en una obra escrita por el juez y novelista Giancarlo de Cataldo. El libro se convirtió en un 'best-seller' que fue adaptado al cine en 2015. La serie es una precuela de la trama que se narraba en la película. En este caso, una historia de corrupción urbanística, donde no faltan las traiciones y los chantajes. 'Suburra' se inspira en un escándalo de corrupción real, que comenzó en el año 2008 por la venta de unos terrenos en Ostia, el distrito marítimo de Roma. En la ficción, esta ciudad costera es territorio de los Adami, que controlan el narcotráfico y los negocios ilegales de la zona. Esa familia posee también unos solares junto a la playa que están bajo el punto de mira de la mafia romana.

En el epicentro de toda la operación jugará un papel fundamental 'Samurai', un capo mafioso que moverá todos los hilos a su alcance para lograr la licencia necesaria que le permita a él y a sus socios levantar ese ambicioso proyecto urbanístico en la costa mediterránea. Eso sí, para ello debe comprar las tierras que le faltan a los Adami e incluso al Vaticano. La venta de esos terrenos generaría unas grandísimas plusvalías; de modo que no resulta extraño descubrir que a ese reparto del 'pastel' se quieran sumar políticos corruptos, miembros de la Iglesia, bandas locales y promotores inmobiliarios. La competencia por hacerse con esas tierras será feroz y mostrará el lado más oscuro de Roma. Todos los implicados colisionarán, una y otra vez, con la mafia, que no está dispuesta a compartir el botín. Obviamente, los límites entre lo legal y lo ilícito se diluirán en una desaforada lucha por el poder y el dinero; que acabará de la peor forma posible; en toda una espiral de violencia.

La trama está narrada a través de las vivencias de tres jóvenes delincuentes, con pasados, ambiciones y sueños diversos pero conectados con el tráfico de drogas a pequeña escala: Aureliano Adami (Alessandro Borghi), Alberto 'Spadino' Anacleti (Giacomo Ferrara) y Lele Marchilli (Eduardo Valdarnini), hijo de un oficial de Policía que trapichea con estupefacientes y organiza fiestas sexuales para miembros del clero. Los tres ansían ganarse el respeto entre los suyos y hacerse con el poder en Roma. Para ello, no dudarán en aliarse, cuando les convenga, con Sara Monaschi (Claudia Gerini); una ambiciosa consultora financiera que colabora con el Vaticano. También será una pieza importante en el tablero el político Amedeo Cinaglia (Filippo Nigro), un idealista que renuncia a sus principios por sus ansias de poder. Con semejante galería de personajes, resulta imposible encontrar en toda la serie a alguno sin mácula. Todos ellos terminarán por sucumbir a la fuerza centrífuga de la corrupción y acabarán convertidos en marionetas del todopoderoso 'Samurai' (Francesco Acquaroli). Precisamente, es este mafioso sin escrúpulos el que resume de una forma acertada la esencia de la producción; al referirse a la Suburra como un lugar que «no ha cambiado en 2000 años. Patricios y plebeyos, políticos y criminales, prostitutas y curas… Roma».

Tres fotogramas de la segunda temporada de 'Suburra'.

Las presiones que ejercerá para hacerse con la venta de los terrenos salpicarán al trío protagonista. Pero, lejos de amedrentarse ante el mafioso, los jóvenes verán la situación como una oportunidad, ya sea para hacerse con el control de sus clanes y mantener su propia estructura al margen de los poderes fácticos que dominan Roma o para liberarse de la extorsión a la que les somete el jefe de la organización criminal.

El papel de la mujer

La segunda temporada, estrenada en febrero, profundiza en las nuevas estrategias, alianzas imposibles y traiciones que se tejen para controlar Ostia. Prosiguen también las disputas entre los clanes familiares rivales, aunque al cóctel de mafia, Iglesia, drogas y corrupción que agitaba la acción en 'Suburra' se suman ahora más ingredientes. En los nuevos episodios saltan a la palestra temas de rabiosa actualidad como la crisis migratoria en Italia, el auge del populismo como trasfondo de las elecciones a la Alcaldía de Roma y el impacto de las 'fake news'.

Una de las sorpresas de esta segunda entrega es la forma en que se aborda el relevo generacional y el papel de la mujer en los clanes delictivos. Ellas también son ambiciosas y ya no se conforman con permanecer en un discreto segundo plano como simples espectadoras de lo que ocurre. No quieren ser sólo la 'mamma', ni la esposa ni la hija. Desean controlar a sus familias y ser las que tomen las decisiones; liderar a los suyos, en definitiva. En este punto, cobran especial protagonismo Angelica (Carlotta Antonelli), una codiciosa joven casada con Spadino; y su suegra Adelaide (Paola Sotgiu); la matriarca del clan gitano que no cree que su hijo pequeño pueda ejercer con garantías como el cabeza de la 'famiglia'. Ambas chocan constantemente; y no sólo por sus visiones contrapuestas de los negocios; sino también porque comparten techo. Todo el clan convive en el gran palacio familiar de los Anacleti, un recinto donde se recrea el universo de los gitanos italianos, con diálogos en sinti; dialecto del romaní, que imprimen más realismo a las relaciones familiares. Entre esas paredes, queda claro que la batalla por el poder la ganará quien consiga mandar en la casa.