¿Pero cuántas veces nos podemos morir?

Natasha Lyonne en 'Muñeca rusa'./
Natasha Lyonne en 'Muñeca rusa'.

Netflix juega a 'Atrapado en el tiempo' con su nueva serie, 'Muñeca rusa'

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Hace unos días se celebró el día de la Marmota, simpática tradición anual instaurada por los granjeros de Estados Unidos y Canadá con la que se predice cada año el final del invierno, basándose en el comportamiento de este animal. El cine popularizó esta costumbre con la película protagonizada en 1993 por Bill Murray, que en España se tituló 'Atrapado en el tiempo', en la que un meteorólogo se desplaza hasta Punxsutawney para cubrir el evento y es víctima de un bucle temporal que le obliga a repetir el mismo día cada mañana.

No es la única vez que el cine ha jugado con una situación similar en sus argumentos. 'Código fuente' o la española 'Rewind' también obligaban a sus protagonistas a vivir idénticas situaciones como si estuviesen encerrados en un desajuste temporal que nunca cesa, para desesperación del personal.

Con la misma idea juega 'Muñeca rusa', que Netflix estrenó el pasado 1 de febrero, un día antes de que la marmota saliese de la madriguera. ¿Casualidad? No lo creo. La plataforma americana raramente deja algo así al azar. Y es que la trama que plantea esta ficción bebe indiscutiblemente de aquel filme que dirigió Harold Ramis. En el centro encontramos a una mujer acostumbrada a vivir al límite, con pocos prejuicios y que coquetea a menudo con los excesos, tanto que tras la fiesta por su 36 cumpleaños fallece inesperadamente por un descuido en la carretera. O eso parece. Porque, inexplicablemente, tras su muerte, reaparece en su fiesta de cumpleaños como si nada hubiera pasado. A partir de ahí morirá en sucesivas ocasiones y de maneras distintas para siempre regresar al mismo punto, a esa celebración rodeada de amigos que no son conscientes de lo que ocurre.

¿Pero cuántas veces puede morir una persona? Creíamos que una, pero a juzgar por esta producción unas cuantas más. Ahora falta saber qué le ocurre y si puede hacer algo para huir de este desconcertante bucle. Las hipótesis son muchas y variadas. ¿Está realmente muerta y en realidad se halla atrapada en una especie de purgatorio? ¿Sufre alucinaciones como consecuencia del consumo de drogas en su cumpleaños? ¿Vive una pesadilla de la que despertará en algún momento? El personaje principal no será el único desconcertado. El espectador consume el primer capítulo sin entender prácticamente nada y sin recibir demasiada información sobre las razones del bucle temporal. Pero los episodios son tan cortos y cuentan con tan buen ritmo que es inevitable no engancharse y seguir adelante para intentar comprender qué sucede. Si alguien se descuida ve la serie del tirón, teniendo en cuenta que se divide en únicamente ocho entregas.

Charlie Barnett, en un fotograma de la serie.
Charlie Barnett, en un fotograma de la serie.

La corta duración del metraje juega a favor de este título, que es posible que en los primeros episodios resulte demasiado repetitivo. Hasta el cuarto capítulo -en el que entra en escena un nuevo personaje que puede ayudar a aclarar el misterio- los acontecimientos se calcan y la trama no avanza: vemos a la protagonista morir una y otra vez por diferentes razones -a cual más tonta- sin que nada le ayude a descubrir la razón de semejante delirio. La sensación es que la propia audiencia está también atrapada en un bucle. A favor juega el humor negro que inspira el guión, una selección musical que hace todo más llevadero (es difícil sacarnos de la cabeza ese significativo tema que acompaña al personaje cada vez que renace, 'Gotta Get Up de Harry Nilsson') y una protagonista con la que la audiencia empatiza enseguida pese a su brusco carácter. Ahí, a mitad de serie, la matrioshka a la que remite el título aparece y van surgiendo capas en la historia que nos ayudan a entender los sucesos. Más o menos.

Natasha Lyonne deja de lado por un tiempo el traje naranja de 'Orange is the new black' (no es la única, también vemos a Dascha Polanco y Rebecca Henderson) para ponerse en el epicentro de esta serie. Ella lo es todo. No solo porque interpreta un personaje central -con el que se empatiza pese a que su forma de comportarse daría motivos de sobra para odiarla-, sino porque además es la guionista junto con Amy Poehler y Leslye Headland. El resultado final es irregular y más allá del misterio con el que está rodeado todo el argumento la serie tiene poco más que aportar. Es entretenida pero fácilmente olvidable.

 

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