'Miracle Workers', ¿y si Dios fuera un vago?

Daniel Radcliffe y Steve Buscemi, en 'Miracle Workers'./
Daniel Radcliffe y Steve Buscemi, en 'Miracle Workers'.

Steve Buscemi da vida al Señor en esta comedia que sigue la vida de dos empleados del cielo, uno de ellos encarnado por Daniel Radcliffe, que atienden el departamento de plegarias

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

¿Y si Dios fuera mezquino, arrogante, vago, vengativo y egoista? Es el planteamiento de 'Miracle Workers', la serie que desde hace un mes está emitiendo TNT. El simpar Steve Buscemi, caracterizado aquí con una lacia melena canosa y con un toque de vagabundo de la costa oeste estadounidense, da vida a este Yahve pasado de rosca que está hasta los mismísimos de la humanidad. Cada vez que echa un vistazo a los cientos de televisores que tiene en su lujoso despacho, se desespera: catástrofes naturales, violencia, el deshielo de los casquetes polares... Nada que no solucione una buena cervecita.

Creada por Simon Rich y producida por Lorne Michaels, ambos procedentes del Saturday Night Live, la ficción de TBS plasma el cielo como una suerte de factoría en la que trabajan miles de ángeles. Ahí están el departamento de animales, que cada vez que sufre recortes debe extinguir a alguna especie; de seguridad de volcanes, de constelaciones, de genitales -se ocupan de impulsar la pubertad- o de I+D -prevén los caballos voladores para 2024 y la eternidad del ser humano para 2028-... Y pronto pone el foco en Eliza Hunter (Geraldine Viswanathan), una joven que lleva en el departamento de barro varios miles de años y que está cansada de su labor. Acude al departamento de recursos angelicales para cambiar de área. Asegura que en la Tierra hay muchos problemas y quiere ser de más ayuda. Allí Gail (Angela Kinsey, la actriz de 'The Office') le traslada al departamento de atención a plegarias.

Y es aquí donde empieza lo bueno. Al frente de esta sección solo está Craig (Daniel Radcliffe), una persona con poca o ninguna habilidad social, que ha hecho de las pequeñas cosas su máximo placer. Con la luz apagada, en un sotano viejo y húmedo, el bueno de Craig trata de atender el máximo de plegarias posibles, pero hay un problema: llegan millones al día y apenas puede dar cuenta de un par. «Esto se diseño para atender una demanda menor», apunta ¿Y cómo atiende a las plegarias? «No podemos vulnerar las leyes de la física, así que utilizamos discretos fenómenos naturales para conseguirlo», explica mientras deshace cientos de miles de copos de nieve en tiempo real -horas- para que alguien encuentre las llaves del coche. Cuando consigue su cometido, el ser humano bendecido con la atención a su plegaria ejecuta un extraño baile de celebración que Craig repite al otro lado de la pantalla. Sí, así de plomiza es la vida en el cielo. Con el resto de plegarias, las más difíciles --«Por favor, que no me coman los lobos», «Sálvame», «Que no se pierda la cosecha y llueva»-, Craig considera que no se puede hacer nada, las etiqueta como difíciles y se las deriva a Dios que, apoltronado en su sofá y con una cerveza en la mano, tampoco hace nada.

Desencantada, después de provocar una catástrofe por no seguir las indicaciones de Craig, Eliza irrumpe en el despacho de Dios y le dice que tiene que hacer algo para ayudar a la humanidad. El Señor provee y anuncia que va a volar la tierra y, en sustitución, abrirá un restaurante. Dado que a Dios le gustan las apuestas, Eliza acaba proponiéndole que si logran cumplir con una de las plegarias imposibles, la Tierra siga su curso y ése acepta, otorgándole un plazo de dos semanas. Entre las complicadas se encuentran el Wifi, que acaben las guerras en todo el mundo, que la gente se relaje en Twitter, pero hay una que llama la atención de Eliza: que Sam (Jon Bass) y Laura (Sasha Compère), dos jóvenes de 24 años que se gustan, tengan dos citas y se besen -bueno, Dios prefería que «echaran un polvo» pero acepta el planteamiento romántico de Craig-. Ese será el cometido de la pareja de ángeles a partir de ese momento.

Eliza, Craig y Sanjay, en un fotograma de la serie.
Eliza, Craig y Sanjay, en un fotograma de la serie.

'Miracle Workers' no es la primera serie que ahonda en temas divinos. Ahí están 'Tan muertos como yo' o 'The Good Place', por poner un par de ejemplos, pero lo cierto es que la ficción resulta original y muy divertida. Con capítulos que no superan los veinte minutos de duración -hemos visto los cuatro que hasta el momento ha emitido Movistar-, la narración es ágil, directa y gratificante y los personajes están muy bien escritos y sirven de contrapunto los unos a los otros. Así, la irresponsabilidad de Dios se ve compensada con la atención al detalle de su mano derecha, Sanjay (Karan Soni) un ejecutivo del Universo venido a menos que ha acabado haciendo las veces de su secretario; mientras que la cautela y la tranquilidad de Craig, se contrarresta con la impulsividad de Eliza en un departamento que hasta tiene un botón para provocar apendicitis en los sujetos.

Por el camino, aparecen temas como la irrupción de una tercera persona en una pareja que se está formando -hilarante el personaje del que se enamora Laura, justo después de conocer a Sam-, la venganza de Dios sobr el presentador Bill Maher -azote de la religión y del republicanismo en Estados Unidos- o la búsqueda de un nuevo profeta. En pleno siglo XXI. De momento, parece que la historia aguanta y está lejos de agotarse. Habrá que seguirla de cerca.

TNT estrena un capítulo de 'Miracle Workers' todas las semanas.