Lo que cuentan las mujeres en las series

Las nuevas plataformas y los avances sociales han propiciado una mayor demanda de personajes femeninos de interés

Un fotograma de 'Orange is the New Black'./
Un fotograma de 'Orange is the New Black'.
Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Conviene recordar en estos días que los primeros éxitos en ficción televisiva tuvieron a una mujer detrás. Aunque ahora esté prácticamente olvidada la madre fundadora de la telecomedia estadounidense fue Gertrude Berg, quien en 1920 creó la radionovela 'The Rise of the Goldbergs' y más tarde la adaptó con éxito para la pequeña pantalla (1949-1955) con el nombre de 'The Goldbergs'. Fue la guionista, protagonista y productora de la serie e hizo de esta «una de las mejores de la CBS en el periodo de posguerra», como señala Joy Press en el libro 'Dueñas del show', en el que valora el papel de la mujer en esta industria actual y recuerda grandes precursoras como Lucille Ball ('Yo amo a Lucy'), Marlo Thomas ('Esa chica') o Mary Tyler Moore ('La chica de la tele').

¿Qué pasó después para que este medio se convirtiese en un mundo eminentemente masculino? Obviamente el papel de la mujer -relegada durante años a los cuidados familiares y privada de oportunidades para acceder a puestos de responsabilidad- tuvo mucho que ver. Era la pescadilla que se muerde la cola: si no hay una representación femenina relevante detrás de las cámaras eso se ve reflejado en el tipo de personajes que se escriben para las series. Aunque existen otros factores, asociados a estigmas y etiquetas, que han pesado en la tele de las últimas décadas. «La historia de las mujeres en la televisión es esta: si son 'problemáticas' no se las contrata», dice Norma Safford-Vela (guionista de 'Roseanne'), según recoge Press en su libro. Y lo apunta en contraposición con hombres como David Chase o David Milch, que a pesar de tener fama de conflictivos han ocupado un lugar preminente en la industria.

Amy Adams, en 'Heridas abiertas'.
Amy Adams, en 'Heridas abiertas'.

Afortunadamente esta coyuntura está cambiando en los últimos años. «La presencia de personajes femeninos en las series de televisión es cada vez mayor, es algo innegable, y en ese mayor protagonismo llevamos varios años viendo como el tratamiento de esos personajes ha ido creciendo, no solo en número, además se ha visto enriquecido con un notable incremento de tramas. Ahora no hay «series para mujeres, ahora tenemos series donde se refleja la realidad circundante o de la experiencia femenina, series donde los personajes ya no están tan constreñidos por los roles. Sin ir mas lejos series como 'Big Little Lies', 'Top of the Lake', 'The fall'... plantean nuevos roles femeninos para la sociedad actual», explica la poeta y librera Luci Romero, quien junto a la historiadora Áurea Ortiz, está desarrollando un estudio que pretende «reflexionar sobre producciones que suponen un punto de inflexión en la historia reciente de la representación de las mujeres, analizar referentes femeninos ineludibles tanto para el público como desde el punto de vista de las creadoras».

Ambas son conscientes del cambio de paradigma respecto a las mujeres en las series actuales y apuntan algunas claves para entenderlo. «Las series han alcanzado una gran madurez y ocupan un lugar central en el consumo de cultura audiovisual debido a que son cada vez más diversas y más arriesgadas. El auge de las plataformas de contenidos y la condición serial, es decir, el hecho de poder desarrollar una ficción a lo largo de varias horas, está siendo determinante en la creación de personajes con muchos matices, alejados de tópicos y con arcos narrativos de gran complejidad. Considero que esto está afectando positiva y muy especialmente a los personajes femeninos, en calidad y en cantidad», explica Ortiz, que es consciente también de la influencia del auge del feminismo. «Es el signo de los tiempos. Las series, todas las ficciones en general, sea cine, literatura o cómic, se alimentan de la realidad y se construyen en torno a lo que existe en la sociedad. Hay una mayor demanda de personajes femeninos de interés y de superación de algunos clichés ya muy gastados», añade.

Las mujeres en las series ya no solo son 'la esposa de' o 'la madre de'. Y el interés en torno a ellas va más allá de con quién se acuestan. Esa etapa afortunadamente está superada. Lo que antes era una excepción ahora casi se ha convertido en norma. «'The good fight' me parece un ejemplo magnífico: una mujer mayor de 60, una lesbiana y una afroamericana como protagonistas de una ficción que no centra en el entorno familiar», cita Ortiz, que también considera destacable «la aparición de antiheroínas como las protagonistas de 'Heridas abiertas' o 'Homeland' o la cantidad de investigadoras de series policíacas y thrillers, como 'The fall', 'Happy valley', 'Brön/Bröen', 'Forbrydelsen', 'Top of the lake', incluidos procedimentales como 'The closer' o 'Ley y orden: unidad de víctimas especiales', donde el personaje de Mariska Hargitay ha quedado como jefa y protagonista».

Un fotograma de 'Big Little Lies'.
Un fotograma de 'Big Little Lies'.

El cambio va más allá de lo que vemos en pantalla. La aparición y consolidación de una generación potente de 'showrunners' mujeres ha favorecido esta apertura de temas y de modelos. «En Estados Unidos encontramos muchos referentes, las mujeres han ido ganando más espacio como guionistas y como realizadoras. Mujeres que cuentan sus propias historias. Una de las más importantes es Shonda Rimes, una de las productoras mas poderosas de la televisión. Creadora de 'Anatomia de Grey', pero además, guionista y productora de series como 'Sin Cita Previa', 'Scandal', 'Cómo defender a un asesino' o 'The Catch'. Otros ejemplos serían Jenji Kohan, creadora de 'Weeds' o por ejemplo de 'Orange is the new black', a destacar porque en sus producciones cuenta con repartos mayoritariamente femeninos y mujeres de todo tipo de procedencia, talla o raza. Otro ejemplo podría ser Amy Sherman-Palladino, ya trabajó en la mítica 'Rosseane', pero ha sido la guionista y creadora de series como 'Las chicas Guilmore' o 'La maravillosa The Marvelous Mrs. Maisel'. La lista es larga, hay muchas más, y es sintomático de que las cosas están cambiando», argumenta Romero. La lista se completaría con, entre otras, Lena Dunham ('Girls'), Tina Fey ('Rockefeller Plaza'), Liz Meriwether ('New Girl') o Jill Soloway ('Transparent').

¿Qué retos quedan para el futuro? Áurea Ortiz tiene una respuesta: «Aún hay un buen número de ficciones muy deudoras de modelos del cine y la narración clásicas que vuelven sobre lo de siempre: buddy movies, series de policías cargadas de testosterona como 'Hawaii 5.0', 'Magnum' o los varios 'NCIS'».

En el caso español continúa habiendo desproporción en los puestos de responsabilidad. Uno de los casos más sintomáticos ha sido el de la plataforma Movistar, que ha encargado la mayor parte de sus ficciones a hombres. Ahí están Urbizu, Berto Romero, Cesc Gay, Alberto Rodríguez, Mariano Barroso, los Sánchez Cabezudo o Juan Cavestany frente a Mar Coll o Leticia Dolera. Pese a todo este es un mercado donde algunas mujeres tienen mucho que decir en materia de ficción, como Sonia Martínez, jefa de este área en Atresmedia o Teresa Fernández-Valdés, socia de Bambú, una de las productoras nacionales que más ha tenido en cuenta al público femenino. Títulos como 'Velvet' o 'Las chicas del cable', unidas a 'Vis a vis' o 'La otra mirada' han otorgado gran visibildiad a las mujeres en las pantallas españolas. «Ahora la figura del 'showrunner' ya es más habitual, se hacen capítulos de 50 minutos o 30 y ya no manda el concepto de serie que deba contentar a toda la familia. Esto va completamente a favor de la mayor diversidad y complejidad de los personajes, como lo demuestra el personaje de Amelia Folch en 'El ministerio del tiempo', aunque aquí todavía tengamos 'Las chicas del cable' en vez de 'Big Little Lies'. Supongo que, en general, en España y fuera de ella, la situación se habrá normalizado cuando no haya que hacer libros o deje de ser necesario plantearse cuestiones como estas que estoy respondiendo», culmina Ortiz.

Mar Coll, durante el rodaje de 'Matar al padre'.
Mar Coll, durante el rodaje de 'Matar al padre'.

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