La continuación de 'Big Little Lies' no convence

Nicole Kidman y Meryl Streep, en un fotograma de la serie./
Nicole Kidman y Meryl Streep, en un fotograma de la serie.

Pese a que las interpretaciones y la puesta en escena rayan la excelencia, la segunda temporada de la ficción de HBO peca de un argumento predecible y unas subtramas carentes de interés y mal articuladas

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

(Este artículo contiene spoilers sobre la primera temporada)

La segunda temporada de 'Big Little Lies' comienza casi de forma más prometedora que la primera. Por un lado, porque ya conocemos a los personajes y su intrincado trayecto vital. Basada en la novela de Liane Moriarty, la serie de HBO comenzaba con un misterio que iba desvelándose a medida que se adentraba en las complejas relaciones entre un grupo de mujeres de Monterrey, una pequeña localidad estadounidense. Después de que Bonnie (Zoë Kravitz) empujara a Perry (Alexander Skarsgård), el marido de Celeste (Nicole Kidman), por las escaleras y ese falleciera, las cinco hacían piña. Lo que parecía otra historia más acerca del manido cliché de la competitividad entre las mujeres, se tornaba en un todo un ejercicido de sororidad. Así que hay ganas de ver cómo ocultan un secreto que podría llevarlas a la cárcel. Por el otro, porque alguien ha llegado al municipio costero con una única intención: desestabilizar al grupo. Se trata de Mary Louise, la madre de Perry, a la que da vida una siempre excelente Meryl Streep.

Siguiendo el hilo de la anterior tanda de capítulos, la segunda temporada comienza con una imagen recurrente, la de las pesadillas que tiene Celeste en torno al suceso. Y sirve de reclamo para presentar al personaje de Streep, que lleva unas semanas viviendo en casa de su nuera. Ella es la gran baza de la ficción y desde el primer momento se deja claro que Mary Louise no está ahí solo para ayudar a la mujer que se ha quedado viuda y con dos hijos al cargo, sino que esconde otras intenciones. De apariencia frágil y cándida, poco a poco se irá inmiscuyendo en las relaciones entre las cinco de Monterrey para averiguar si lo que ocurrió con su hijo fue un accidente o no. Es una idea genial y digna de aplauso, pero quizá su ejecución no esté a la altura porque, pese al gran trabajo de Streep, el personaje desvela sus cartas desde el principio y resulta tan maniqueo y tan predecible que acaba convirtiéndose en una caricatura, arruinando cualquier atisbo de sorpresa en la serie. Comentarios como el que lanza a Madeline (Reese Witherspoon) al poco de conocerla -«La gente bajita no me parece de fiar»- son maravillosos pero convierten a Mary Louise en una enemiga del espectador y eso juega en su contra.

Aún con todo, es una trama interesante, llena de momentos importantes, y que no decae. El problema es que más allá de esta historia, la serie flaquea a lo grande. Ni la deteriorada relación entre Madeline y Ed (Adam Scott) ni los problemas económicos que atraviesan Renata (Laura Dern) y Gordon (Jeffrey Nordling) carecen del interés suficiente. Son vueltas y vueltas a más de lo mismo y resultan más bien estériles, pese a contar con algún que otro hallazgo, en forma de comentario sarcástico, y a que las actuaciones de todos ellos son soberbias. Ni siquiera el personaje de Madeline como gran cerebro del quinteto brilla aquí como lo hizo en la anterior entrega y es una pena porque Whiterspoon demuestra en cada secuencia su enorme talento.

Estirar el chicle

Aún más insulsa resulta la trama que envuelve a Bonnie y Nathan (James Tupper). Desde el accidente, la mujer apenas se comunica con su pareja. La situación es tan insostenible que este ha pedido a la madre de ella que les haga una visita... Desde fuera el espectador tiene la sensación de que no han sabido otorgar un propósito a ciertos personajes. Ocurre también con Jane (Shailene Woodley), que da vueltas y vueltas a una relación con un incipiente novio.

A pesar de todos estos problemas, la serie lanza reflexiones interesantes acerca de lo complejo de superar un duelo -incluso aunque seas una mujer maltratada-, del dolor de los hijos, del sentimiento de culpa, de las relaciones tóxicas o de las inseguridades de una mujer que se ha dedicado en cuerpo y alma al cuidado de los suyos -la discusión entre Madeline y su hija Abigail por ir a la Universidad-.

El caso es que todas estas decisiones erróneas podrían haberse subsanado con una temporada más corta, algo que funcionara más como un epílogo y no tanto como una continuación de la primera temporada. Porque da la sensación de que el chicle no solo está estirado hasta el infinito sino de que ha perdido todo su sabor.

Y ni siquiera cuando afronta sus dos últimos episodios, con un juicio que es también todo un duelo actoral, resulta catárquico porque la escenificación es tan melodramática que saca al espectador de la escena de forma irremediable, alcanzando a veces lo ridículo. Es una pena, pero siempre nos quedará la primera temporada.

La primera y la segunda temporada de 'Big Little Lies' están disponibles en HBO.

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