'Better Things', elogio de lo cotidiano

Un fotograma de 'Better Things'./
Un fotograma de 'Better Things'.

Pamela Adlon es la madre más imperfectamente perfecta de la ficción en 'Better Things'. Su tercera temporada la consagra como una de las propuestas más deliciosas del panorama seriéfilo actual

Jorge Barbó
JORGE BARBÓ

Sam no aparecería como ejemplo en ningún manual de maternidad sensato. Su forma de entender la crianza se aleja muchísimo de los mínimos de ejemplaridad y rectitud que se le exigen a una progenitora en estos días tan extraños como timoratos. Sus consejos sexuales para su confusa hija prepúber y su forma de gestionar las borracheras de la mayor, una caprichosa bomba de hormonas en continuo riesgo de explosión, provocaría un ictus a esas 'mamis cuquis instagramers' y a esas profetas de la educación infantil blandita que pululan por YouTube. Pero el caso es que, por encima de sus formas agrestes y su descarnado sentido de la honestidad, ella es, con toda seguridad, la madre más imperfectamente perfecta que cualquiera podría tener. Parafraseando a aquella poligonera celebrity cañí, por sus hijas ella sí que maaa-ta.

Pamela Adlon es Sam Fox en la deliciosa 'Better Things'. Y en este caso ese, 'es' ya no puede ser más pertinente: no queda nada claro dónde se encuentra la difusa frontera que separa actriz y personaje. Sam también es una intérprete acostumbrada a pasarle las páginas al guion de la mediocridad, a actuar bajo los focos que iluminan el segundo plano. Aunque, en realidad, ambas son dos animales de la interpretación, dos mujeres fuertes de talento apabullante y de un ingenio refrescante. Entre otras, Pamela lo demostró hace unos años en la nunca lo suficientemente valorada 'Californication', en la que interpretaba junto a David 'Mulder' Duchovny a una tierna y deslenguada depiladora de pubis. Por su parte, Sam saca a relucir su ingente capacidad para el trabajo en las pelis cutres que le toca rodar para pagar las facturas de ese nido que, sola, se ha tenido que construir para criar, a salvo, a sus tres polluelas gritonas, pedigüeñas y egoístas hasta la vergüenza ajena.

Y es en esa faceta de madre, de poderosa señora de su casa, de hija, de hermana, de descacharrante amante ocasional y de amiga leal en la que Sam interpreta el papel de su vida. Sin necesidad de las zarandajas del método Stanislavski, ella se deja la piel hasta firmar el elogio de lo cotidiano que es 'Better Things', la serie de FX cuya tercera temporada se acaba de estrenar en España a través de la plataforma HBO.

Sin Louis CK

El punto de partida de esta nueva tanda de capítulos se sitúa en el traslado de la hija mayor, Max (Mikey Madison), a Chicago para estudiar en la universidad. Y con ella, como un porteador en el Orient Express, acarreando decenas de cajas y maletas (repletas de condones y condones y más condones), que se va su madre. El dichoso viaje sirve a la protagonista para ponerse frente al espejo del paso del tiempo. Y en él, igual que en el fondo de un vaso en la cafetería del aeropuerto, se ve tan deformada que, por un momento, le cuesta reconocerse. ¿Que este es un recurso ya muy visto? En absoluto. Precisamente la gran virtud de 'Better Things' es la de no caer jamás en los lugares comunes y de huir como de la peste del discurso maniqueo. Sus personajes ni son buenos ni son malos: son reales. Su ternura es tan bestia como verdadera. Sus códigos morales son tan honestos como cuestionables. Sin filtros.

Debería ser el último motivo para acercarse a 'Better Things', pero lo cierto es que esta tercera temporada llega marcada por su relación pegajosa con el movimiento MeToo, que parece impregnarlo todo. A saber. Pamela Adlon ha formado durante décadas tándem creativo con el genial cómico Louis CK, condenado al ostracismo después de que se confirmaran las acusaciones de acoso sexual a, al menos, cinco mujeres. Todas relataron que el creador, director y protagonista de la muy imprescindible 'Louie' les había obligado a presenciar cómo se masturbaba. El defenestrado cómico, que dejó de hacer gracia de la noche a la mañana, acabó confesando.

El caso es que Louis CK también había sido el cocreador, el productor y director y guionista ocasional de 'Better Things'. Su escándalo sexual hizo que la relación profesional con Adlon saltara por los aires y que ella decidiera continuar con la serie sin su ayuda, con un nuevo equipo de guionistas (todas mujeres) y con una nueva productora. Sin embargo, la 'showrunner' y actriz, que aseguró sentirse decepcionada y sorprendida por las acusaciones a su amigo, decidió hacer gala de una lealtad a prueba de escándalos y mantuvo el nombre de Louis CK en los títulos de crédito. No se lo perdonaron. Desde el movimiento feminista le cayeron críticas a granel e, incluso, se llegó a pedir el boicot de una serie que, vaya cosas, cuenta con el argumento más feminista –con permiso de 'Girls'– de todas cuantas han visto la luz en los últimos años. Qué días más extraños estos.