El regreso de Rafael Azcona

Una imagen del rodaje, con Raúl Arévalo y Juan Diego Botto./
Una imagen del rodaje, con Raúl Arévalo y Juan Diego Botto.

Víctor García León lleva a la pantalla 'Los europeos', primera novela del guionista de 'El verdugo'

Boquerini .
BOQUERINI .

Parece imposible, pero aun quedaba un texto de Rafael Azcona por llevar al cine. El guionista publicó su novela 'Los europeos' en 1960 con la editorial Arión, dirigida por Fernando Baeza. La publicación aparecía editada en París. Según reveló hace años el propio Azcona (Logroño 1926 - Madrid 2008) con motivo de la presentación de la reedición del libro en Ibiza, la censura prohibió el libro y fue por este motivo por el que Baeza decidió publicarlo con un pie de imprenta francés. El libro se reeditó en 2006 ya sin censuras. Durante muchos años Berlanga la quiso llevar a la pantalla y siempre hubo diferentes circunstancias que se lo impidieron. Ahora ha sido Víctor García León ('Vete de mi', 'Selfie') quien la ha llevado a la pantalla. Ha sido el último rodaje de 2018, que se ha desarrollado entre Ibiza y Barcelona, y ya está en postproducción, pensando en su estreno en el segundo semestre del año.

Si la anterior adaptación de una novela de Azcona, 'Los muertos no se tocan, nene' (2011) estuvo dirigida por José Luis García Sánchez y producida por Juan Goná (Goná Films), ahora son los hijos de ambos, Víctor García León (hijo de José Luis García Sánchez y de la cantante Rosa León) y Jaime Goná (hijo de Juan, responsable de Gonita Films), quienes se han hecho cargo de la película, y en el caso de la producción contando también con Enrique López Lavigne, de Apaches Films, A Contraluz e Invivo Films y el apoyo de Televisión Española. Protagonizan la película Juan Diego Botto y Raúl Arévalo, contando también con Stéphane Caillard, Iñigo Aranburu y Boris Ruiz.

La adaptación y el guion lo firman Bernardo Sánchez (que había sido el responsable de la adaptación de 'Los muertos no se tocan, nene') y Marta Libertad. La película cuenta la historia de Miguel Alonso, un delineante del Madrid de los años 50 al que alquilan un piso que a su vez está alquilado. No tardará en aparecer Antonio, el hijo tarambana y un poco cafre de su jefe, un arquitecto bien situado, que le invita a veranear a la isla de Ibiza en el verano de 1959, en busca de sexo y fiesta, atraídos por la imagen de libertad que transmite la isla. Allí, coincidirán con unas chicas valencianas que les harán sumergirse en la vida de fiestas nocturnas de la zona, la que está plagada de niños ricos que solo quieren pasárselo bien. Antonio se muestra encantado y no tiene problemas en desenvolverse en este nuevo ambiente, mientras que Miguel prefiere hacerse a un lado, hasta que conoce a la misteriosa Odette, una joven francesa que hará que espabile un tanto y se una a la juerga. Con ella vivirá una agridulce historia de amor que acabará metiéndole en las complicaciones indeseadas que él quería evitar. Como en todas las historias de Azcona, ser europeos será un paraíso perdido. Se toca la felicidad con los dedos… y se la quitan.

La película es una tragicomedia que cuenta algo que Azcona conocía de primera mano. El escritor y guionista riojano veraneó en Ibiza, en concreto en San Antoni en 1957, arrastrado por su amigo Fernando Guillermo de Castro. Desde aquel año regresó a Ibiza cada verano hasta 1964, año en que se casó y cuando su carrera de guionista cinematográfico cobró gran importancia. «La novela es fantástica, la historia de dos señores que viven en Madrid una vida horrible, gris y asexuada y se van a Ibiza cuando empieza a abrirse la cosa, ven a europeos, follan, beben... y todo en maravilloso y, conforme avanza la película, te demuestra que estamos incapacitados para ser europeos», cuenta Víctor García León, que añade que «va a ser «una película más ambiciosa, industrialmente, que 'Selfie', mi anterior trabajo».

El productor Enrique López Lavigne asegura: «Yo concibo el pasado como un reflejo de quiénes somos. Aunque la novela esté ambientada hace 60 años, Azcona, que era un genio, hace ya entonces el retrato perfecto del español que pretende ser europeo y no lo consigue», mientras que García León apostilla: «Europa siempre será la zanahoria en el palo. Por mucho que nos esforcemos por integrarnos, siempre seremos ese tipo que se pone un esmóquin para ir a una fiesta y cuando llega se siente como un camarero».