'Taxi a Gibraltar' o la épica de los desgraciados

Joaquín Furriel y Dani Rovira, en 'Taxi a Gibraltar'.

Dani Rovira y Joaquín Furriel protagonizan esta 'buddy movie', dirigida por Alejo Flah, a la búsqueda de un tesoro escondido en el Peñón

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

No se equivoca el cineasta Alejo Flah cuando destaca que pocas veces Gibraltar ha sido escenario de películas. 'Taxi a Gibraltar' está llamada a cambiar esa suerte, incluso pese a que el equipo sólo rodó durante un par de días en el Peñón. «La magia del cine», confiesa el realizador de origen argentino. Escrito por Flah y Fernando Navarro, el filme sigue los pasos de Diego (Joaquín Furriel), un argentino de verbo fácil, pícaro y embaucador que acaba de salir de la cárcel. Pronto cruzará su camino con el de León (Dani Rovira), un taxista malhumorado con numerosos problemas para llegar a fin de mes y a la espera de un bebé. Ambos se unirán para llevar a buen puerto un plan: extraer el oro que, según le dijo un compañero de celda a Diego, se encuentra en el interior del Peñón.

«La idea de Gibraltar surgió rápidamente», explica Flah. «Es un sitio único, en el que todo es posible y tan particular que permitía esta pequeña épica de los desgraciados que tiene la película. Es parte de Andalucía, pero luego hablan ese 'spanglish' tan especial y está el tema de los monos», argumenta. Y luego estaba el Peñón en sí, con esos kilómetros de túneles que lo horadan. «La imagen era tan fuerte como la de 'Encuentros en la tercera fase'. Se trataba de obsesionarte con esa imagen e ir detrás de ella», reflexiona el director.

Con estos mimbres en la cabeza, Flah y Navarro han construido una 'buddy movie' que se mira en películas como 'Mejor solo que mal acompañado', 'Límite 48 horas' y 'Arma letal'. «Me gustaba esta idea del encuentro de dos personajes que, de alguna forma, son antagónicos y emprenden un viaje, y también me interesaba la posibilidad que daba la 'buddy movie' de cruzar los géneros», relata. En este sentido, afirma que no le interesaba hacer una comedia al uso en la que los gags se sucedieran uno detrás de otro. Y es cierto porque en 'Taxi a Gibraltar' se juega no solo con la comedia, sino también «con la aventura y la emoción» que surgen de unos personajes desesperados, en un relato que quizá se ve algo lastrado por el uso del cliché y el tópico. Dice Flah al respecto que el quería partir del estereotipo «para terminar en el ser humano, aprehenderlo» y explicar por qué estos personajes actuaban así. «Creo que desde el guion eso está bien trabajado», explica, pero atribuye una gran parte de lo logrado al «gran talento» de unos actores que «han acabado humanizando estos aparentes estereotipos».

Para Furriel dar vida a Diego ha sido «muy divertido». «Es muy sano tener humor con lo que uno es. Alejo y yo fuimos reconociendo arquetipos de argentinos que nos llamaban la atención para ir poco a poco armando el personaje. Ese fue un poco el desafío», comenta. Ése y encontrar las herramienta y los recursos con los que Diego trata de seguir adelante en cada situación de conflicto. Pero Flah no solo se refiere a Rovira y Furriel cuando menciona el trabajo de los actores, también lo hace de Ingrid García-Jonsson, que da vida a Sandra, la muchacha que se encuentran bajando hacia Gibraltar y que sirve de contrapunto a esta pareja. «Los tres están en territorios donde normalmente no suelen estar y han conseguido dar mucha verdad y humanidad a los personajes», afirma Flah.

No le falta razón. Ni García-Jonsson ni Furriel, este último más centrado en papeles dramáticos últimamente, se han prodigado mucho en comedia. Rovira, en cambio, sí se mueve como pez en el agua en estas lides pero lo cierto es que su papel en la película, malencarado y algo menos expresivo y más contenido, le lleva a hacer comedia desde otro lugar, con resultados más que interesantes.

Arriba, Ingrid García-Jonsson, en un momento de la película; debajo, Alejo Flah, dirigiendo una escena, y Dani Rovira en un momento de la película.

La cinta también toca tangencialmente algunos asuntos de plena actualidad. Hay comedia en torno a la guerra que en los últimos meses han vivido taxistas y personal de VTC -y es uno de los mejores chistes de toda la película- y también con el 'brexit'. «Como guionista me alegra muchísimo que hayamos podido captar eso porque si uno piensa en que una película tiene tres años de desarrollo, hace tres años esos temas no estaban tanto en primera plana», sostiene. Y en un contexto en el que lo políticamente correcto se encuentra siempre sobre la mesa, asevera que no se tuvieron que poner freno. «La frontera de Gibraltar salta por los aires al grito de 'Gibraltar español', así que imagínate», justifica. «Lo que importa no es tanto el hecho de la provocación por la provocación, sino que la comedia sea algo orgánico que vaya con el transcurso de lo que cuenta la película», concluye.

La cinta, que llega este viernes a las carteleras españolas, también se encargará de abrir el Festival de Málaga en la Sección Oficial fuera de concurso.

El bocata marca la diferencia en los rodajes españoles

El argentino Joaquín Furriel lleva ya unas cuantas películas a sus espaldas en España. Por eso se hace obligado preguntar qué diferencias observa en los rodajes entre España y Argentina. «El bocata», dice entre risas. «La primera vez que rodé en España fue con 'El faro de las orcas' (2016). Estábamos tres argentinos y dijeron: 'Paramos para el bocata'. Nos quedamos pensando que aquello era un simulacro porque no había nadie en el set de rodaje y entonces vino un asistente y nos dijo: '¿Pero qué hacéis aquí? ¿No queréis unos sandwiches?'. Y entonces lo entendimos todo».

Más allá de la broma, cuenta Furriel que no ve grandes diferencias. «Hay la misma gran capacidad técnica y el mismo talento y deseos de hacer una buena película», asegura. «O al menos yo así lo siento. Tengo la suerte de que hasta ahora me han tocado proyectos interesantes y con gente muy comprometida».

Por cierto, que Furriel tuvo que compartir escena con un macaco. «Dicen que los niños y los animales son tema aparte, pues yo voy a añadir una tercera categoría para los macacos. Hubo que hacerlo con mucho cuidado y con el tiempo justo para que no se estresase y diera lo mejor de sí mismo», ríe.