Seis ejemplos de que ganar un Oscar no es sinónimo de calidad

Michael Keaton, en 'Birdman'./
Michael Keaton, en 'Birdman'.

'Kramer vs. Kramer', 'La vuelta al mundo en 80 días', 'Crash', 'Shakespeare in Love' o 'Birdman' son algunas de las películas que no merecían la estatuilla

Josu Eguren
JOSU EGUREN

A lo largo de la historia de los Oscar, han sido muchas las películas que han recibido la estatuilla a mejor película sin merecerla. Aquí van seis ejemplos.

Michael Todd (1956)

La vuelta al mundo en 80 días

Nadie recuerda 'La vuelta al mundo en 80 días', de Michael Todd, salvo por el debut de Cantinflas en Hollywood, una simpática adaptación de la novela de Julio Verne a partir de la cual se podría fechar el principio del fin del cine de variedades producido por los grandes estudios. Formalmente anacrónica, si se la compara con algunas de sus contemporáneas como 'Marty' o 'La ley del silencio', 'La vuelta al mundo en 80 días' solo merece ser rescatada para señalar el contraste entre los viejos modelos de producción y el cine transgresor, violento, reflexivo y de profunda carga psicológica de principios de los 60 que conectó la obra de autores como Arthur Penn y Elia Kazan con el de los heraldos del nuevo Hollywood.

Robert Benton (1979)

Kramer vs. Kramer

Sin duda hay peores películas ganadoras de un Oscar -basta remontarse a los primeras ediciones de unos premios que siempre han valorado más lo político que los méritos artísticos- pero a 'Kramer vs. Kramer' le penaliza haberles arrebatado la la gloria a dos obras maestras como 'All That Jazz' o 'Apocalypse Now'. Menos sensacionalista de lo que dan a entender las secuencias extremadamente lacrimógenas en las que Dustin Hoffman y Meryl Streep libran una batalla feroz por la custodia de su hijo, el Oscar a la película de Robert Benton solo puede entenderse en el contexto histórico y social de un país que todavía estaba asimilando las secuelas de las recién promulgadas leyes de «divorcio libre».

John Madden (1998)

Shakespeare in Love

Seamos serios, ni siquiera John Madden ha asimilado todavía que esta entretenida y juguetona intriga amorosa que rima los versos del bardo de Avon con las aventuras sexuales romántico sexuales del joven Shakespeare en la corte isabelina mereciese un premio que se le negó a dos rivales de la talla de 'La delgada línea roja' y 'Salvar al soldado Ryan'. Aun reconociendo los méritos del director inglés, que fue capaz de hacer digerible una comedia romántica sobre fondos barrocos y brillo de bisutería protagonizada por Gwyneth Paltrow, 'Shakespeare in Love' no puede ser interpretada más que como otro golazo por la escuadra de Miramax, la entonces todopoderosa productora y distribuidora fundada por Harvey y Bob Weinstein.

Paul Haggis (2005)

Crash

Si el Oscar puede llegar a convertirse en una maldición -que se lo pregunten a Mira Sorvino, a Cuba Gooding Jr. o a Roberto Benigni-, las dos estatuillas que recibió Paul Haggis como productor y guionista de 'Crash' podrían haber hundido para siempre la carrera de un director que tocó el cielo con su ópera prima tras haberse hecho con el Oscar al mejor guion original por 'Million Dollar Baby', en 2004. A los conspiranoicos nos gusta soñar con la posibilidad de que tras el éxito de la película estuviesen Tom Cruise y la alargada mano hollywoodiense de la Iglesia de la Cienciología (de la que Haggis renegó tras haber permanecido durante más de 30 años a las filas del culto a L. Ron Hubbard) pero la realidad parece mucho más simple: un drama sobre el racismo con vidas cruzadas, diálogos sólidos y la sorpresa que produce encontrarse con algunos actores muy lejos de sus registros habituales sedujeron a los académicos que compraron al peso una película muy por debajo de 'Brokeback Mountain' y 'Munich', algo que reconoce hasta el propio Haggis.

Tom Hooper (2010)

El discurso del rey

No olvido horrores como 'Chicago', 'Una mente maravillosa' o 'Slumdog Millionaire' pero una película tan tramposa como 'El discurso del rey' no puede faltar en mi lista. Si los 2000 fueron la década de los fiascos, los 2010 se inauguran por todo lo alto con un título que tiene el honor de haberle robado el Oscar a 'La red social', el año en el que la película de Tom Hooper era la peor elección posible de entre las diez candidatas a la estatuilla: 'Cisne negro', 'Inception', 'Toy Story 3', 'Winter's Bone', 'Valor de ley'... Otro triunfo de los Weinstein que hicieron magia en la promoción de este drama sobre la política como el arte de la interpretación -en gran angular- marcada por el tartamudeo de Colin Firth. El toque de calidad de la banda sonora compuesta por Alexandre Desplat y un plantel de aristócratas de la escena británica envuelven en papel de regalo una película que tiene el honor de ser menos recordada que 'The Artist', algo que ya es difícil.

Alejandro G. Iñárritu (2014)

Birdman

El apoteosis de la forma hueca y superficial, solo apta para personas muy impresionables, o adoradores de la verborrea morosa del director mexicano, que vienen a ser lo mismo. 2014 pasará a la historia como el año en el que millones de espectadores descubrieron el plano secuencia -primero fue 'True Detective' y después la virgueria «sin cortes» fotografiada por Emmanuel Lubezki para Iñárritu-, un alarde técnico de puesta en escena que hipnotizó primero a la crítica y después a los académicos que votaron alegremente por la película más falsa y pedante de este siglo: una denuncia contra la deriva del cine espectáculo que se escuda tras la interpretación magistral de Michael Keaton pero que juega con sus mismas armas y rellena de paja casi dos horas de sopor infinito.