Cartelera

Los secretos de la abuelita espía

Sophie Cookson encarna a la protagonista de joven.

Judi Dench protagoniza 'La espía roja', apagada crónica verídica de una agente británica que filtró información nuclear a la URSS durante 40 años

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

La bautizaron 'Granny Spy', la abuelita espía. Melita Norwood (1912-2005) se encontraba a sus ochenta y siete años pintando acuarelas en su casita de un barrio residencial en las afueras de Bexleyhead cuando dos agentes del MI5, el servicio secreto británico, llamaron a su puerta para detenerla. La acusaban de haber pasado a los soviéticos secretos relativos a la fabricación de la bomba atómica. En realidad lo hizo durante cuatro décadas, desde 1937 hasta 1979. Sus filtraciones al KGB fueron determinantes durante la Guerra Fría y ayudaron a la URSS en la carrera armamentística.

Entrevista Judi Dench

Parece una novela de John le Carré, pero Melita Norwood existió en la realidad. Nunca cobró de los rusos ni quiso aceptar la medalla que acreditaba su condición de agente doble. Vivió humildemente de su sueldo de funcionaria pública criando a una familia. Debido a su avanzada edad, el Gobierno británico no formuló ninguna acusación y no pisó la cárcel, falleciendo a los 93 años rodeada de sus hijos, nietos y bisnietos.

La rueda de prensa que esta 'James Bond' con aspecto de Miss Marple dio en el jardín de su casa al ser detenida proclamando que no había traicionado a su país ocupa las últimas secuencias de 'La espía roja'. El director teatral Trevor Nunn lleva a la pantalla con corrección académica pero sin pulso para el suspense la peripecia vital de Melita Norwood, que en el filme adopta el nombre de Joan Stanley (el título original es 'Red Joan').

La cinta se presentó en el pasado Festival de San Sebastián, donde Judi Dench recogió el Premio Donostia. La atemorizada viejecita que se ve inmersa en un interrogatorio policial nada tiene que ver con la resolutiva M, la jefa de James Bond.Sin embargo, el grueso del filme corre a cargo de la actriz Sophie Cookson, que encarna a la protagonista de joven. Su ingreso en la universidad de Cambridge y en una facultad casi íntegramente masculina como la de Físicas será el primer reto de esta particular heroína, que acaba trabajando en unos laboratorios que son una tapadera para desarrollar la bomba atómica.

Stanley se había introducido en Cambridge en una sociedad estudiantil comunista liderada por un joven estudiante ruso. Sin embargo, no se hizo espía por amor, sino por la culpa y la vergüenza que sintió como científica tras las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Revelar los secretos de ese arma al enemigo, pensó, ayudaría al equilibrio de fuerzas y evitaría una conflagración mundial.

'La espía roja' salta de los años 40 al presente en constantes flashbacks y, como suele ser habitual en las producciones británicas, la recreación de la época es impecable. Pero Nunn no acierta a dotar de entidad a dos personajes masculinos claves: su jefe en los laboratorios y posterior marido y su hijo, un abogado del Estado que nada sabía de la actividad delictiva de su madre. Tampoco consigue que sintamos empatía por una mujer inteligente embargada por un ambiguo sentimiento de justicia que le lleva a traicionar a su país. Lo que mejor funciona es el retrato de una sociedad machista que tenía reservado un puesto de sumisa secretaria a esta idealista que llevó a la práctica su credo político. Y el avieso detalle de la taza del Che en la que toma el té.