'The Prodigy': una profecía de pacotilla

Jackson Robert Scott en 'The Prodigy'.

El director de 'El pacto' se apunta a la moda del terror domesticado para espectadores a los que realmente no les gusta el género

Borja Crespo
BORJA CRESPO

De no creer se antoja la frase promocional de 'The Prodigy' que luce en su tráiler televisivo: «Tan aterradora que tuvo que montarse de nuevo». No cabe la menor duda. Quizás también hubiera sido una opción volver a rodar tan insípida propuesta de principio a fin. La historia de un niño poseído por un ente oscuro permite ofrecer al respetable de manera irrespetuosa otra muestra de terror masticado para gente a la que no le gusta realmente el género, como tantos otros estrenos que funcionan gracias al singular criterio inexistente del espectador medio, muy fan de lo ya visto. Apenas unos sustos a base de subir el volumen de sopetón recuerdan la razón de ser de un relato menos macabro de lo deseable, dada su premisa de partida.

Se apunta claramente a la moda del horror domesticado y a ese hambre del público juvenil por filmes que cumplan con un claro objetivo: no dar opción a la imaginación del espectador y que éste no pueda pensar algo diferente a lo que va a pasar. Apenas muere una pobre mascota y poco más -no es spoiler cuando el dato es sumamente previsible- en un quiero y no puedo que tiene una escena calcada de manera escalofriante a uno de los cortometrajes nacionales más premiados de la temporada, '9 pasos', recientemente nominado al Goya.

Lo mejor de 'The Prodigy', no confundir con el grupo de electropunk de los 90, es la actuación del niño protagonista, Jackson Robert Scott ('It'), un Damien algo desnaturalizado que da un poco de sabor a canguelo a esta papilla que surge tras pasar por la batidora títulos como 'La profecía', 'El buen hijo' o 'Este chico es un demonio'. Taylor Schilling, conocida por su participación en la aplaudida serie 'Orange is the New Black', hace lo que puede como madre sufrida que pierde los papeles con poca credibilidad bajo las órdenes de Nicholas McCarthy, director de 'El pacto' (¿cuántas películas decentes hay con este título?).

El realizador se olvida de lo más importante de la fiesta, generar inquietud, ahogado por una estética de telefilme de sobremesa poco llamativa y una sucesión de topicazos sonrojantes que rozan lo irrisorio de manera involuntaria en algunas secuencias. Tras tanto piropo cabe decir que igual nos llevamos una sorpresa y triunfa en la taquilla española, de ahí ese tentador lema publicitario que abría estas líneas.