'Mula': Clint Eastwood se hace narcotraficante

Clint Eastwood, un abuelo acuciado por las deudas que trabaja para narcos latinos.

La crepuscular 'Mula', dirigida y protagonizada por el actor a sus 88 años, se basa en el personaje real de un anciano que trabajó para el Cártel de Sinaloa

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Florista, veterano de guerra y narcotraficante a los 87 años. Parece una loquísima invención de guionista, pero el personaje que encarna Clint Eastwood en 'Mula' existió de verdad. Acuciado por las deudas, Leo Sharp combatió en la II Guerra Mundial, cultivaba lirios y era la mejor 'mula' (transportista de droga) del Cártel de Sinaloa. A pesar de su aspecto de anciano inofensivo, 'El Tata', como le llamaban en el negocio, fue interceptado en 2014 con cinco bolsas que contenían 104 kilos de cocaína del Chapo Guzmán. La sentencia que le condenó a tres años de cárcel se dictó el mismo día en el que cumplía 90 años. «Esa no es la forma en la que se honra a nuestros héroes», lamentó su abogado defensor.

Sharp no llegó a cumplir toda la pena: murió en 2016 a los 92 años. Clint Eastwood, que hará 89 el próximo mes de mayo, se mete en la piel de un personaje controvertido en una cinta que dirige con pulso firme. Si bien la historia de este jubilado recuerda la trama de 'Breaking Bad', 'Mula' está más cerca del western crepuscular que del thriller policial, a pesar de la presencia de Bradley Cooper, el agente encargado de darle caza.

Cuando internet finiquita su negocio de floristería, este abuelo repudiado por su propia familia (Dianne Wiest encarna a su exesposa y Alison Eastwood a su hija) encuentra un trabajo cómodo en el garaje de una banda de narcotraficantes latinos. Recorrer al volante de su camioneta los vastos espacios de Estados Unidos, de El Paso a Chicago, es un aliciente para este hombre torturado por los pecados del pasado y los demonios familiares. «Es la última vez», repite todo el tiempo.

Es como si Eastwood, personaje y cineasta, supiera que le queda poco tiempo tras vivir de manera libre, dentro y fuera de la pantalla, fiel a su propia esencia. Tan libre que dinamita la corrección política al mostrar a un narco bondadoso y a todos los latinos como seres malignos.