A 47 metros 2

Otra muestra de terror marino de serie b

Fotograma de 'A 47 metros 2'.

Borja Crespo
BORJA CRESPO

El pasado verano se estrenó, con menos escenas hemoglobínicas de los esperado, 'Megalodón', para el deleite de los bañistas despistados, y éste que va mermando toca 'A 47 metros 2', secuela de un título que funcionó con cierta eficacia en taquilla hace un par de años (se rodó con 5 millones de dólares, pero recaudó más de 60).

No hay temporada estival sin alguna muestra de horror acuático. Desde el éxito de 'Tíburón', el clásico de Steven Spielberg, los escualos son una amenaza muy cinematográfica. Vuelve a emerger el terror y retoma la dirección Johannes Roberts, especializado en firmar producciones de índole fantaterrorífica con poca enjundia -suya es la terrible 'Los extraños: Cacería nocturna'-, hasta que estrenó la apertura de esta serie con cierta inspiración a la hora de reflejar una atmósfera claustrofóbica bajo el mar. Repite esquemas en pos del entretenimiento, trasladando los acontecimientos de México a Brasil, donde unas jóvenes turistas se adentran en unas misteriosas ruinas submarinas que están habitadas por algún que otro tiburón aficionado a dar dentelladas a toda figura humana.

Serie B de manual, lejos de la serie Z de 'Sharknado', saga incombustible que parodia el subgénero. En su día este tipo de proyectos se definían como «carne de videoclub», aunque poder degustar las secuencias del gran azul en pantalla grande puede entenderse como un punto a favor. Hay más sustos y el tramo final mejora el clímax de la cinta predecesora, de presupuesto más modesto.