«Ser el malo siempre es mejor: la gente solo se acuerda de ti»

El actor Jack Taylor ha recibido el homenaje del Festival de Cine Fantástico de Bilbao./Jordi Alemany
El actor Jack Taylor ha recibido el homenaje del Festival de Cine Fantástico de Bilbao. / Jordi Alemany

Jack Taylor, el actor guiri que reinó en el cine de terror español durante décadas, también puede presumir de haber rodado con Polanski y Milos Forman. A los 83 años recibe el homenaje del Fant bilbaíno

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Solo en 1973 trabajó en 'El ataque de las vampiras', 'La llamaban La Madrina', 'Autopsia', 'La orgía nocturna de los vampiros', 'El último escalofrío' y 'Don Yllán, el mágico de Toledo'. Jack Taylor (Oregón, 1936) ha paseado su porte aristocrático en más de un centenar de películas y series de televisión. La profundidad de su mirada azul celeste le ha reservado personajes inquietantes en filmes de 'serie B' a las órdenes de estajanovistas del género como Jess Franco y Amando de Ossorio.

Pero Taylor también puede presumir de haber vivido el rodaje de 'Cleopatra' de Mankiewicz, compartido plano con Schwarzenegger en 'Conan, el bárbaro', donde era el sacerdote gay que Arnie tumbaba de un puñetazo, y haberse puesto a las órdenes de Roman Polanski en 'La novena puerta' con Johnny Depp. El Fant, Festival de Cine Fantástico de Bilbao, ha entregado su Premio de Honor a un intérprete que se ha ganado el cariño de los aficionados al género y cuya filmografía supone un recorrido por el llamado 'terror de pipas' con incursiones en las coproducciones que se rodaban en nuestro país cuando necesitaban a un actor que hablara en inglés. A sus 83 años, sus ojos siguen siendo un océano de inquietud.

–¿Se acuerda alguna vez de que se llama George Brown Randall?

–Solo cuando voy al médico o al banco. Ni mi madre me llamaba George, ni mis nietos lo hacen. Ese nombre se quedó en la prehistoria. Me gusta el nombre de Jack Taylor, me siento Jack Taylor.

–¿Cuándo adoptó ese nombre?

–En 1963, me salvó la vida. El sindicato vertical no me dejaba trabajar cuando vine a España. Llegué en 1961 desde México para hacer una comedia musical en el teatro. Mi primera película aquí fue 'Los guerrilleros', con Rocío Jurado y Manolo Escobar. El sindicato me quitó ocho películas seguidas, menos mal que vino un productor francés con un contrato para varias película. Él me cambió el nombre y por eso me salvó la vida. Me intentaron vetar hasta 1974. Pero no guardo rencor.

–¿Pero por qué le vetaban?

–Era una represalia, pero no me gusta hablar mal de los compañeros. Aquí estoy, feliz.

–Según la base de datos IMDB, ha hecho 127 papeles en películas y series.

–Alguien sacó la cuenta y en realidad eran 330. No lo sé, nunca los he contado.

–¿Se acuerda de todas sus películas?

– No. Algunas tienen títulos cambiados. A veces me he encontrado en televisión con películas mías antiguas, me siento afortunado de que estén en circulación todavía.

–Supo lo que era una estrella cuando coincidió con Marilyn Monroe en 'El show de Jack Benny'.

–Con todos los respetos, aprendí cómo se fabricaba una estrella. Ensayábamos viernes y sábado y grabábamos el domingo. Cuando vino Marilyn a ensayar llevaba bastón por un accidente que había tenido en un rodaje con Robert Mitchum. Estaba con rulos y sin maquillaje. A la hora de grabar apareció espectacular, era otra persona. Era glorioso verla. Eso es lo que hace Hollywood.

–¿Por qué se marchó de Hollywood?

–Tuve mucha suerte en Los Ángeles: llegué y a las tres semanas ya estaba trabajando. Cuando uno es joven y ambicioso, enseguida quieres hacer algo importante, no quieres esperar cinco o diez años; en Hollywood hay un dicho que dice que te acuestas una noche y te levantas con 65 años. No quería que me pasara a mí. Mi físico no estaba de moda, todos se pensaban que era inglés. No encajaba en los papeles de jovencito tocando la guitarra en Santa Mónica. Pensé que tenía que marcharme a un sitio donde yo fuera distinto. Me hubiera gustado irme a Italia, pero no tenía dinero. Me fui a México, un país que quiero muchísimo. Aprendí español, trabajé en televisión y rodé once películas. También hice teatro, porque allí no importa el acento.

–Y un 29 de agosto de 1961 aterrizó en el caluroso Madrid.

–Me alojaba en el hotel Palace. Me duché, comí y me fui a ver la famosa Gran Vía. No había ni un alma. Un calor espantoso... Pensé, ¿dónde me he metido?

–Aquella era una España bastante pacata.

–Era una España gris. Aunque había más cabarets y 'dolce vita' que ahora, una alegría subterránea. Existía una censura terrible, en las películas siempre salía el cura, las monjitas, los alegres chicos de la tuna... 'Botón de ancla' y cosas así, todo muy decente. Yo no encajaba, así que casi siempre hacía de malo. Mucho mejor que ser el bueno, porque la gente solo se acuerda del malo. Las películas que rodé fuera no tenían el problema de la censura, muchas estaban prohibidas en España. Hoy en televisión salen cosas mucho más atrevidas...

Jack Taylor junto a Arnold Schwarzenegger en 'Conan, el Bárbaro', en una foto de juventud y en su última película estrenada, 'Wax' (2014), en la que encarna a un 'mad doctor'.

–Era más fácil burlar a la censura en las películas de terror en las que trabajó.

–Lo digo siempre: es mucho más erótico el vampiro corriendo detrás de una chica en minifalda en un cementerio que un beso en primer plano. Satisfacían el morbo del público de entonces. Yo hice muchas de aquellas películas porque nadie quería hacerlas. Cada una de ellas era una batalla ganada, porque querían quitarme de en medio.

–Siempre ha sido el extranjero. ¿Se ha sentido así en la vida real?

–En todas las culturas el extranjero es sospechoso por ser diferente. En la vida real, una vez que me han conocido me han aceptado. Nunca he tenido problemas. Me siento muy cómodo en España. Tengo pasaporte norteamericano, pero no ejerzo de ello. Soy residente permanente, cuando ya se podía tener la doble nacionalidad me dio pereza.

–¿Cómo intuye en un rodaje que la película va a ser mala?

–Tú sabes que estás haciendo un bodrio. Aunque a veces ruedas películas como 'Necronomicón', que resultó de culto. Siempre es mejor pensar que lo que haces no va a ser un éxito. Pero nunca se sabe, depende de tantos elementos... También he hecho películas buenas que no han sido un éxito.

–Hizo ocho largometrajes con Jess Franco, capaz de rodar con cuatro perras.

–Jess era un genio. De verdad. El problema es que a la semana de rodarlas se aburría y quería hacer otra. De las ocho películas que hice con él, seis son buenas. Rodaba para el montaje, tenía ese talento. Y si filmaba un poquito más lo metía en otra película. Tengo buenos recuerdos de ese sinvergüenza. Una vez me llamó para rodar en Madeira. No había dinero para dar de comer al equipo, así que me lo pidió prestado. Volvimos a Madrid y agradeció públicamente que yo había hecho la película gratis...

–¿Qué recuerda de 'Conan, el Bárbaro'?

–John Milius no me dio instrucciones, solo me dijo que iba a ser el sacerdote homosexual. Yo le corté: no hay que exagerar. Volé al El Ejido, en Almería. Me vistieron con esas faldas y esperé en una roulotte tres días. Me plantaron en el decorado, gritaron acción y vino Schwarzenegger. Pensé, dios mío, ¿cómo voy a parar a este armario? Hicimos la escena en una toma, por la tarde me mataron y Schwarzenegger vino con sus músculos: «John está muy contento». Y se acabó.

–¿Les enseña sus películas a sus nietos?

–Sí, claro. 'Conan' y 'La novena puerta', que hice con Polanski. Esa fue una experiencia muy bonita.