Gerard Butler protege al presidente por tercera vez

Gerard Butler vuelve a la acción en 'Objetivo: Washington D.C'.

El actor escocés cierra con 'Objetivo: Washington DC' la trilogía que inició con 'Objetivo: La Casa Blanca'. Morgan Freeman repite como mandatario yanqui

Borja Crespo
BORJA CRESPO

El otrora anabolizado actor escocés Gerard Butler, ahora rendido al bótox o algo similar, saltó a la fama luciendo tableta de chocolate en la hipervitaminada '300', festín de cuerpos escultóricos repartiendo mamporros. En la taquillera cinta de Zack Snyder basada en el popular cómic de Frank Miller interpretaba a Leonidas, el Rey Espartano, un cabezota de mucho cuidado. Guy Ritchie le quiso en el thriller 'RocknRolla' para dar vida a un matón de tercera con buena planta, el bautismo de sudor y fuego. Desde entonces no ha cesado en su empeño de encarnar un rol tras otro de macho alfa, desde la adrenalítica 'Gamer' a la incomprendida 'Dioses de Egipto' o la alimenticia 'Geostorm'.

A Butler le van los héroes de acción, también los galanes de comedia, pero eso es otra historia. En 'Objetivo: Washington D.C.' vuelve a calzarse, por tercera vez, el traje de agente con nómina tramitada por las oficinas del presidente de los EE UU. Las tribulaciones de los servicios secretos norteamericanos dan mucho juego en la ficción made in USA. Tanto en la pequeña como en la gran pantalla, los guionistas al otro lado del gran charco no se cortan a la hora de explorar las zonas grises de sus mandatarios y defensores de la ley, algo que no vemos con tanta facilidad por estos pagos. Poner en entredicho a la clase política no está bien visto en todo el globo, aunque a la hora de la verdad se sigan trasmitiendo mensajes conservadores.

Tras 'Objetivo: La Casa Blanca', donde los villanos del filme secuestraban al presidente en tan simbólico edificio, llegó 'Objetivo: Londres' y ahora toca el supuesto cierre de la trilogía con 'Objetivo: Washington D.C.', aunque todavía quedan ciudades fotogénicas por el mundo. Butler empezó siendo un antiguo agente retirado tras una difícil trayectoria -algo traumatizado por sus hazañas, como mandan los cánones- que volvía a la acción para poner las cosas en su sitio y vérselas con una nueva amenaza de Occidente. Dirigía el enredo Antoine Fuqua, un realizador solvente.

En la secuela, tras el fallecimiento del primer ministro británico en extrañas circunstancias, el tenso protagonista, ya en activo, se enfrentaba a un nuevo peligro que afectaba a la seguridad del funeral del mandatario inglés, convertido en la boca del lobo. Los principales líderes mundiales sufren atentados mortales, a excepción del presidente de EE UU., que se libra gracias a la pericia de su subordinado pero se ve acorralado en las calles de la capital de Reino Unido. Siguiendo la estela de '1997: Rescate en Nueva York', cult-movie firmada por el maestro del fantástico John Carpenter, los protagonistas debían escapar de su enemigo entre edificios, encontrándose con supuestos aliados, o todo lo contrario. Babak Najafi ('Proud Mary') llevaba los mandos con el fuste justo.

Morgan Freeman retoma el papel de presidente de Estados Unidos en el filme.
Morgan Freeman retoma el papel de presidente de Estados Unidos en el filme.

Butler regresa, como el Séptimo de Caballería, nadie puede pararle en su deseo de justicia, como si fuese un superhéroe imbatible, pero esta vez es objetivo es él. Cae en una trampa que le incrimina como posible autor de un intento de asesinato del presidente, a quien presta su imagen el siempre carismático Morgan Freeman. Ric Roman Waugh, responsable de la curiosa 'Shot Caller', thriller carcelario estrenado directamente en Netflix, se encarga de la labor de dirección con tesón. Cumple con las líneas que marca el cine de evasión de esta envergadura y se atreve a reflexionar sobre el género de acción, firmando la mejor propuesta del lote.

La actriz Piper Perabo, la de 'El bar Coyote' -vaya sambenito- sustituye a Radha Mitchell en el papel de la esposa del protagonista, completando el reparto principal el inmenso Nick Nolte (con un papel entrañable). «Me emocionaba mucho volver a la serie», afirma Butler. «Especialmente me emocionaba hacer algo nuevo con el personaje y llevar las cosas en una dirección diferente. Es conocido por sus aires de tipo duro, pero también por su humanidad, y ahora podemos ver mucho mejor de dónde viene. Lo bueno es que, aunque esta película tiene un carácter más personal, también tiene más acción que nunca, por lo que la aventura se intensifica en todos los niveles. Hay un combate brutal, épico y delirante, pero al mismo tiempo hay un drama auténtico, y creo que además esta es la entrega más divertida de la saga». Bien vendido.

«Nunca pensé en Objetivo: Washington D.C. como una secuela», añade el director. «La veo más como una entrega fresca y novedosa, que puede verse de forma independiente a la vez que trae consigo todo lo que los fans desean ver. Queríamos que el espectador pudiera entrar en la cabeza del protagonista a medida que éste pasa de la ofensiva a la defensiva, del orgulloso combatiente al fugitivo, para que pudiera ver y sentir todo lo que le ocurre. Para los fans, es una oportunidad de ver cómo funciona, y para los espectadores que no han visto el resto de la saga, espero que la vean como un descubrimiento de un personaje realmente cercano que ha de sobrevivir en una situación extraordinaria».

«En esta entrega, te das cuenta de que ese hombre que has visto pasar por todos esos tiroteos, explosiones y golpes ha tenido que pagar un precio», concluye Butler. «Ha estado librando una silenciosa batalla en su trabajo y en su hogar, pero lo mantiene todo en secreto porque no quiere decepcionar a nadie y quiere seguir haciendo el trabajo que ama y en el que cree. Digamos que no es el mejor momento para que toda la nación piense que es un terrorista prófugo. Además, tiene muy clara la cuestión de que, sea cual sea su destino, el presidente está en grave peligro, y él es la única persona que puede averiguar de dónde proviene la amenaza». Siempre al rescate.