Las diez mayores rarezas de David Lynch

El director David Lynch./
El director David Lynch.

Pedir a una amiga que le regalara el útero o decir no a dirigir 'El retorno del Jedi' porque le dolía la cabeza son algunos de los hits vitales de un friqui genial, que hace memoria en el libro 'Espacio para soñar'

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

«Vivimos en un mundo extraño». La frase del diálogo de 'Terciopelo azul' es toda una declaración de principios si hablamos de la obra de David Lynch. El director, nacido en Montana hace 73 años, abrió una brecha en el cine americano por la que se coló un mundo oblicuo y pervertido, suspendido entre la realidad y el sueño, que daría a la palabra fantasía una significación no prevista por los escapistas Lucas y Spielberg. 'Espacio para soñar' (ed. Reservoir Books) es una suerte de memorias escritas a cuatro manos entre el realizador y Kristine McKenna. Un repaso a la vida y las obsesiones del autor de 'Twin Peaks', al que un día Mel Brooks llamó «James Stewart venido de Marte». He aquí diez momentos gloriosos de un friqui genial.

1.- Desnuda y apaleada

Lynch gozó de una infancia de cuento en Boise, Idaho. «Una época dorada y maravillosa» en la próspera América de los 50, jugando en la calle con los amigos y descubriendo el rock y el sexo. Sin embargo, en 'Espacio para soñar' rememora un episodio que marcaría su vida y su obra. Una noche, jugaba con su hermano en la calle donde vívía cuando, de repente, surgió de la oscuridad una mujer desnuda con sangre en la boca. «La mujer veía hacia nosotros pero no nos veía. Tenía miedo, le habían pegado una paliza, pero era hermosa incluso traumatizada como estaba». Años más tarde, el director rodó en 'Terciopelo azul' la aparición de Isabella Rossellini desnuda, cubierta de moratones y en estado de shock, deambulando desnuda por la calle. Como la Ronnete Pulaski de 'Twin Peaks' caminando ida por las vías del tren.

2.- ¿Me regalas tu útero?

Raffaella De Laurentiis cuenta que Lynch está obsesionado con la anatomía humana. Cuando la productora se hizo una histerectomía tras el rodaje de 'Dune', el director le preguntó si podría regalarle su útero. Como en el hospital se negaron, De Laurentiis confiesa que consiguió el útero de un cerdo en una carnicería. Lo metió en un tarro con formaldehído, le puso su brazalete de hospital y se lo regaló a Lynch, que lo tuvo en el congelador durante años. «En una ocasión pasó la aduana con el tarro. Probablemente una de sus mujeres acabaría tirándolo a la basura», imagina De Laurentiis.

David Lynch en el rodaje de 'Terciopelo azul' (1986).
David Lynch en el rodaje de 'Terciopelo azul' (1986).

3.- Despide a ese cabronazo

La peor experiencia de Lynch con un actor la tuvo con Anthony Hopkins, el doctor Frederick Treves de 'El hombre elefante'. El director quería a Alan Bates para el papel, pero no pudo ser. Hopkins llegó a decirle a Lynch que no tenía derecho a dirigir esa película y pidió al productor,Mel Brooks, «que despidiera a ese cabronazo». Lynch, que le dirigía a gritos, reconoce que solo dos veces en la vida ha padecido ataques de ira similares. «Tony está perfecto en la película, es un grandísimo actor, pero durante la mayor parte del rodaje tuvo una actitud hosca», recuerda. «Cuando lo llevas dentro, te sale y no puedes hacer nada para evitarlo. Tony estaba cabreado con la vida».

4.- Lynch y el Hombre Elefante

David Lynch recibió un día una inesperada llamada a comienzos de los 90. Era Michael Jackson, que quería que hiciera una especie de tráiler para su álbum 'Dangerous'. Lynch construyó un mundo en miniatura que rodó en 'stop action' y conoció al cantante el día que tenía que filmar su rostro durante unos minutos. Jackson apareció tras nueve horas de maquillaje y acribilló a Lynch a preguntas sobre el Hombre Elefante. «Intentó comprar los huesos y la capa y qué sé yo qué cosas más que tenían en el museo. Un tipo muy agradable». Otro músico que se hizo amigo del realizador es Ringo Starr. Cada año acude a su cumpleaños, que se celebra en la sede de Capitol Records en Los Ángeles, en el que Starr lanza brazaletes con las palabras paz y amor.

5.- La pesadilla de 'Dune'

'Dune' es la película que peor sabor de boca le ha dejado a Lynch, que tras las ocho nominaciones al Oscar y las excelentes críticas de 'El hombre elefante' tenía carta blanca en Hollywood. El productor Dino de Laurentiis se aseguró por contrato el 'final cut' o montaje final: la versión de cinco horas que presentó Lynch quedó reducida a la que llegó a los cines en 1984, que duraba dos horas y diecisiete minutos. Los críticos Roger Ebert y Gene Siskel la calificaron de «peor película del año»; 'Time' aseguró que era «tan difícil como un examen final». «Empecé a venderme antes de iniciar el rodaje», confiesa el director, que desde entonces siempre se aseguró el 'final cut'. Al menos, se lo pasó bomba en el rodaje en México dilapidando un presupuesto de 40 millones de dólares y duchándose cada día con un sorbo de vodka en la boca: la manera de evitar tragarse agua.

David Lynch, en el set de 'Twin Peaks'.
David Lynch, en el set de 'Twin Peaks'.

6.- El séquito de Lynch

David Lynch no solo dedica su tiempo al cine.Sus obras de arte se exponen en todo el mundo, trabaja en música y publicidad, construye muebles y hasta comercializa su propia marca de café orgánico. La mayor parte de su tiempo lo pasa en el estudio de su casa de Hollywood Hills, la Pink House, diseñada por el hijo de Frank Lloyd Wright. Su espacio de trabajo, un búnker de cemento, lo preside una reproducción de 'El jardín de las delicias' del Bosco. También tiene a mano una colección de instrumentos de dentista y una caja con «bichos muertos» que le suministra un amigo con regularidad. Su equipo de empleados fijos incluye un ingeniero de sonido, un montador, un encargado de mantenimiento, un archivista, un productor interino y un asistente personal.

7.- Las mujeres de Lynch

Lynch no es partidario del matrimonio, pero se ha casado en cuatro ocasiones y es padre de tres hijos: Jennifer Chambers Lynch (1968), directora de cine, Austin Jack Lynch (1982) y Riley Lynch (1992). En 'Espacio para soñar' descubrimos que ha tenido novias desde adolescente. Rompió con Mary Fisk, su segunda esposa, cuando se enamoró de Isabella Rossellini durante el rodaje de 'Terciopelo azul'. Y a esta la dejó (por teléfono) cuando se enamoró de su montadora, Mary Sweeney. «A veces me pregunto si el hecho de que yo no meditara fue una de las razones por las que me dejó», reflexiona en el libro Rosselllini. «Lo intenté durante un tiempo, pero nunca lo logré. Soy italiana, y en Italia estamos atormentados por el catolicismo». Casado en la actualidad con la actriz Emily Stoffle, el director de 'Mullholland Drive' necesita tener una compañera cerca salvo cuando está trabajando, que es casi siempre.

8.- '¿El retorno del Jedi?' No gracias

Un dolor de cabeza impidió que Lynch dirigiera 'El retorno del Jedi'. Tras el éxito de 'El hombre elefante', George Lucas llamó al realizador y le pidió que se vieran en San Francisco. «George empieza a hablarme de 'Star Wars'. Me sentía halagado, pero no sé por qué fui, ya que 'Star Wars' no es mi onda», cuenta Lynch. «El caso es que mientras él hablaba empecé a sentir dolor de cabeza, y la cosa fue a más. Montamos en su Ferrari y fuimos a almorzar a un sitio de ensaladas. Para entonces tenía la cabeza a punto de estallar y solo pensaba en largarme». El director, que no estrena en los cines un largometraje desde 'Inland Empire' en 2006, asegura que cuando no rueda no siente ningún tipo de ansiedad. Tampoco le amarga el alejamiento del público de las salas. «Al final no quedará ningún cine y la gran mayorúa de la gente verá películas en el ordenador o en el teléfono móvil», vaticina.

Un joven David Lynch con una amiga.
Un joven David Lynch con una amiga.

9.- Con Brando en la cocina

En raras ocasiones, David Lynch se topa con otro genio más zumbado que él. Es lo que ocurrió con Marlon Brando, al que conoció gracias al actor Harry Dean Stanton. Ambos fueron a tratar de convencerle para que trabajara en una película titulada 'The Dream of Bovine'. Brando ojeó el guion, miró a los ojos al director y le espetó: «Basura de lo más pedante». Después el actor le habló sobre un proyecto suyo para hacer galletas con plantas que crecen en agua salada y la idea de un coche que funcionaría cociendo hierba. Otro día Brando se plantó sin avisar en casa del cineasta vestido con harapos. Preguntó qué había de comer y se conformó con un tomate y un plátano. Cuando Mary Sweeney, la mujer de Lynch, apareció en la cocina, Brando le regaló un anillo hecho con la pegatina del tomate.

10.- A los pies del Maharishi

'Espacio para soñar' está dedicado a «su santidad el Maharishi Manesh Yogi y a la familia del mundo». Y en sus últimas líneas Lynch confía en que «todo el mundo sea feliz y esté libre de enfermedad, que haya buenos auspicios por doquier y que el sufrimiento no aflija a nadie. Paz». Devoto y divulgador de la meditación trascendental, el autor de 'Terciopelo azul' considera al Maharishi la persona más importante de su vida. «Cambió las cosas a un nivel cósmico y profundo, no hay nada que se le puede comparar». Lynch lleva meditando desde 1973 y su inmersión en el círculo del Maharishi le costó el divorcio de su primera mujer. Era la época en que rodaba su ópera prima, 'Cabeza borradora', al tiempo que trabajaba como repartidor del 'Wall Street Journal'. En 2008 asistió al funeral en India de su gurú y se sumergió en el Ganges rodeado de sus cenizas.