Si no nos dejan ser vascos, seremos suizos

Lander Otaola, Maribel Salas, Susana Soleto, Ramón Barea y Mikel Losada, vecinos de Telleria en 'La pequeña Suiza'.

Este viernes se estrena en cines 'La pequeña Suiza', una comedia que se ríe de los nacionalismos y hasta de la violencia etarra. «Hace 15 años no podíamos hacer humor donde había dolor», admite su director Kepa Sojo

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

En una escena de 'La pequeña Suiza', los habitantes de este villorrio castellano enclavado en el corazón de Euskadi se llevan una decepción cuando el enviado del lehendakari les anuncia que todavía no pueden ser vascos. Y en medio del chasco se escuchan disparos… que resultan ser petardos. También aparecen por ahí un arsenal de armas de ETA y una bomba que explota en una campa dejando al pueblo sin ovejas. Las comedias que se ríen de la idiosincrasia vasca lo hacen asimismo de la violencia, un tema tabú hasta hace no mucho.

La sombra de '8 apellidos vascos', la película española más taquillera de nuestro cine, sigue siendo alargada. Sin embargo, 'La pequeña Suiza', que llega a los cines este viernes, se inspira en una deliciosa comedia de la productora británica Ealing de 1949, 'Pasaporte para Pimlico'. En ella, un barrio de Londres desatendido por el gobierno municipal descubre un documento que les vincula en el pasado medieval a Borgoña. Así que en plena posguerra declaran su independencia del Reino Unido para escapar de las miserias del racionamiento.

El Condado de Treviño, municipio burgalés en mitad del territorio alavés, es el espejo en el que se mira el Telleria de la ficción ideado por Kepa Sojo, donde se habla euskera y se cantan irrintzis desde tiempo inmemorial. Llevan 700 años esperando ser vascos, como verbaliza su alcalde, encarnado por Ramón Barea. Y cuando el Gobierno vasco -y su beneficioso régimen fiscal- les da de lado, el descubrimiento en la iglesia de una cripta con los restos del hijo de Guillermo Tell provoca que de euskaldunes pasen a querer ser un cantón de la Confederación Helvética. ¿Que no podemos ser vascos? Pues seremos suizos.

Sojo, profesor de Historia del Cine en la Universidad del País Vasco, autor de una excéntrica comedia, 'El síndrome de Svensson', estrenada en 2006, dedicó su tesis doctoral al cine de Berlanga. De ahí que los guiños a 'Bienvenido Mr. Marshall' sean numerosos en 'La pequeña Suiza', como esos habitantes engalanados (disfrazados) en los recibimientos de la nacionalidad de sus benefactores del 'Plan Marshall'… que siempre pasan de largo. El actor Edward G. Robinson, presidente del jurado del Festival de Cannes cuando 'Bienvenido Mr. Marshall' concursó, exigió la censura de la escena en la que las banderitas americanas se las llevaba el agua de lluvia por el desagüe. Aquí hay un plano similar con ikurriñas.

Kepa Sojo, director de 'La pequeña Suiza'.
Kepa Sojo, director de 'La pequeña Suiza'.

«Berlanga me contó que se inspiró en 'Pasaporte para Pimlico' a la hora de escribir el guion de 'Bienvenido Mr. Marshall'. De ella sacó todo el tema de las identidades», revela Kepa Sojo. «A nosotros se nos ocurrió la idea de un Treviño vasco que acaba queriendo ser suizo. Y después vinieron '8 apellidos vascos', 'Allí abajo'…». En Telleria habitan un alcalde pelín tarugo (Ramón Barea), un borroka que realiza esculturas (Lander Otaola), un cántabro emigrado a Suiza que defiende la españolidad del enclave (Enrique Villén), un 'birrocho' que quizá algún día salga del armario (Mikel Losada) y un cura que comercializa las armas que se encontró en un zulo etarra para ir pagando arreglos de la iglesia (Secun de la Rosa).

«Hace quince años hubiera sido imposible reírnos de la violencia en Euskadi, hacer comedia donde ha habido dolor», consiente el director laudiotarra. «Se lo debemos a Borja Cobeaga y Diego San José, a la brecha abierta por 'Vaya semanita' y '8 apellidos vascos'. Esta es una película comercial, para todos los públicos, superblanquita. Aunque tal como están las cosas nunca sabes si algún colectivo va a sentirse ofendido, yo solo hablo en nombre del que pertenezco: el de los vascos gordos».

Rodada en Artziniega y el Valle de Ayala con localizaciones de una Euskadi de postal, 'La pequeña Suiza' paga el peaje del consabido enredo romántico con tal de llegar al gran público y el cameo de Resines de guardia civil. Aparecen un par de personajes portugueses sin que venga muy a cuento por aquello de ser una coproducción hispano-lusa y algunos acentos viene y van. Pero tira con bala cuando bautiza Casillas a un perro o cuando el más abertzale de la aldea reconoce que es demasiado pedir para ser vasco estar obligado a ver ETB-1, «todo el día con pelota y arrastre de bueyes».

Un lanzamiento con más de 200 copias y una potente campaña publicitaria de la distribuidora eOne le han borrado a Kepa Sojo el mal sabor de boca que le dejó el lanzamiento «de estrangis» de su ópera prima. «Competimos con las elecciones y 'Los Vengadores'. Pero yo gracias a la uni no tengo la obligación de hacer una película al año, así que me lo tomo con tranquilidad».