'Climax' y otras polémicas promesas

La provocación como un elemento para llamar la atención y arrastrar a la gente a las salas es tan vieja como el cine. 'Anticristo', 'Nine Songs' o 'A Serbian Film' también discurrieron por ese sendero

El tráiler de 'Clímax'.
Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDO

Uno de los carteles de 'Climax' de Gaspar Noé se ocupa por entero con la frase en grandes letras mayúsculas: «Despreciaste 'I Stand Alone', odiaste 'Irreversible', detestaste 'Enter the Void', maldijiste 'Love', ahora inténtalo con 'Clímax', mi nueva película». Está claro que el director francés ha aprendido a hacer de la promesa del escándalo un 'tag' publicitario, y que las opiniones controvertidas sobre sus películas, las protestas por la violencia insoportable de la violación de 'Irreversible' o la decepción ante la orgía de provocador esteticismo de 'Love' no hace mella en su prestigio. Un prestigio basado en la polémica y en el dar que hablar, aunque luego la valoración estrictamente cinematográfica de sus películas (si una cosa puede separarse de otra en su caso) sea finalmente regulera; o más biende amplio abanico, cubriendo todo el espectro entre el cero y el diez, según gustos y sensibilidades personales.

La provocación como un elemento para llamar la atención a priori y arrastrar a la gente al cine,o por lo menos despertar curosidad y morbo, son tan viejos como el cine, y desde el desnudo y la expresión orgásmica de Hedy Lamarr en 'Éxtasis' (1933), si no antes, con el burdel y las insinuaciones sadomaso de 'La reina Kelly' (1929) y otras obras salidas de tono y ampliamente censuradas de Erich Von Stroheim, el anzuelo de la provocación y el escándalo ha atraído a la gente al cine para desesperación de quienes trataban de acallar a los artistas que traspasaban los límites. No hay que olvidar otra forma de publicidad provocadora, la del genial William Castle que, yendo más allá de los trucos esgrimidos por Hitchcock, utilizó geniales y prometedores mecanismos para 'shockear' al público: butacas con mecanismos vibrantes en su interior para hacer creer que el bicho que se metía hasta en el proyector de 'The Tingler' (1959) estaba a punto de devorar por dentro al incauto, o cómplice, ciudadano que compraba la entrada. Sarna con gusto no pica.

Y aquí vuelve Gaspar Noé con 'Climax' a prometer un explosivo cóctel de sexo, drogas y violencia, todo potenciado por una cámara móvil e incisiva, que en largos planos recorre la pesadilla mental y carnal que sufren, o gozan, los protagonistas de la película, un grupo de jóvenes bailarines que van a pasar tres días a un abandonado edificio en medio del bosque para preparar unas coreografías... pero alguien les pone alguna droga lisérgica en la bebida, lo que provoca comportamientos nada ortodoxos.

Toda provocación o promesa de impacto emocional, moral y sensual corre el riesgo de desembocar en decepciones, en un sentido u otro, o trastocar las expectativas: el «no es para tanto», ya sea en el motivo de escándalo o en la simple concepción cinematográfica de la película. En el pasado Festival de Cannes Gaspar Noé ya provoco la habitual disparidad de opiniones, entre los que le consideran un genio y quienes ven demasiado truco publicitario en su forma de concebir el cine. Ahora que se estrena en salas es momento de testear y opinar. De momento repasemos cinco entre tantas películas que han jugado al escándalo, más o menos conscientemente, y luego han provocado la clásica disparidad entre el entusiasmo y el gatillazo. Y en los apartados más proclives a generar ofendidos y aludidos: sexo, religión y violencia.

1
John Cameron Mitchell (2006)

Shortbus

Terapia sexual en grupo. Y sexo explícito. Eso prometía, y provocó la consabida expectación en el Festival de Cannes de 2006, la segunda película de John Cameron Mitchell, director estadounidense que estaba en pleno 'hype' tras convertir en una película de culto su drama musical transgénero 'Hedwig and the Angry Inch' (2001). Las fotos promocionales indicaban, como las de 'Climax', una fusión de cuerpos jóvenes en revoltijo. Y la película daba lo que prometía, sexo explícito al tratar diversos casos que surgían en club polisexual: desde una dominatrix a una terapeuta sexual que tiene que fingir el orgasmo en casa y algunas relaciones homosexuales. Cameron Mitchell se cuidaba de alejarse del porno con un exquisito tratamiento visual. Pero dejó a muchos insatisfechos ante una propuesta bastante errática que, como suele ocurrir, fue recibida en Cannes con poco entusiasmo, y en cambio en el Festival de Gijón encontró sus adeptos, y dos premios: guion y dirección artística.

2
Srdjan Spasojevic (2010)

A Serbian Film

Otro caso de polémica y prohibición generada por los escandalizados que eleven muy por encima de lo que le corresponde el eco mediático de un filme. La violación de un bebé es una idea suficiente desagradable y rechazable como para incluirla de forma explícita en una película, pero el director Srdjan Spasojevic consideró interesante insertarla entre unas cuantas escenas ya suficientemente escabrosas y rebuscadas, para contar otro descenso a los infiernos, el de un actor porno que ante la falta de trabajo se ve envuelto en una 'snuff movie' y una orgía de auténtica perversión. La discusión sobre si la famosa escena era simulada o real alcanzó puntos bastante delirantes y la proyección de la película en el Festival de Sitges desembocó en una denuncia que cayó sobre el director del certamen Ángel Sala. Luego fue prohibida su exhibición en la Semana de Terror de San Sebastián. Y total, la película, demasiado volcada en epatar, tampoco valía gran cosa. Su director, al parecer, no ha vuelto a hacer nada más que el corto que aportó al filme colectivo 'The ABC's of Death'.

3
Jean-Luc Godard (1984)

Yo te saludo María

Sabido es que Jean-Luc Godard está entre lo más provocador que haya dado el cine, y casi cualquier otra arte, pero sus ganas de descolocar y agitar al personal suelen ser más bien conceptuales, artisticas, expresivas y los tabús que ataca no se quedan en los que asustan a los censores. Pero en 1984 la montó buena. Todo por imaginar cómo sería el embarazado de la Vírgen María en una época contemporánea, en la primera mitad de esa década en la que parecía que todos los tabús ya estaban superados. Ya en el Festival de Cannes el fundamental director franco-suizo se llevó un tartazo en la cara, el papa Juan Pablo II se indignó por lo que consideraba una ofensa y hubo beatas arrodilladas y rezando a las puertas de algunos cines intentando que no entraran los pecadores. Por supuesto, todo esto activó considerablemente la taquilla y el escasamente comercial Godard logró uno de sus mayores éxitos, aunque no se trate de una de sus mejores ni más representativas películas.

4
Lars Von Trier (2009)

Anticristo

Como en el caso de Gaspar Noé, la filmografía de Lars Von Trier abunda en películas adecuadas para esta selección, de 'Nymphomaniac' a la reciente e hiperviolenta 'The House That Jack Built'. Pero 'Anticristo' tocó fibras sensibles en diversos sectores. Como película sigue siendo de las más discutidas de su filmografía, atractiva por la imaginería visual habitual en el danés y repulsiva por la violencia rebuscada de algunas de sus imágenes y por su chocante mezcla de sexo, horror y teología. Sin olvidar la pretenciosidad ambivalente habitual en Lars Von Trier. No faltaron las deserciones en la sala ni los aplausos entusiastas en el Festival de Cannes. Sí hubo unanimidad en resaltar el 'tour de force' de Charlotte Gainsbourg y Willem Defoe, que se mostraron muy orgullosos de su trabajo.

5
Michael Winterbottom (2004)

Nine Songs

La película, con una de las estructuras más extrañas y originales de toda la historia del cine, venía de un director poco dado a llamar la atención, más allá de sus constantes y estimulantes cambios de género, como Michael Winterbottom. En esta pequeña experimentación se propuso contar los encuentros de una pareja, principalmente sexuales, con las canciones de algunos de los conciertos a los que asistían por la noche. Tan sorprendente como la franqueza de la cámara en la cama de los amantes, resultaba el hecho de que las canciones filmadas en conciertos de Franz Ferdinand, Black Rebel Motorcycle Club, Primal Scream o Elbow se incluyeran enteras y de forma alternada con las escenas íntimas. A pesar de su carácter inclasificable, compitió en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, provocando no pocos desconciertos, el disfrute de los melómanos del sector indie pop, y el estupor general ante el plan de estar contemplando eyaculaciones a las 9.00 de la mañana.

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