Infierno bajo el agua

Caimanes y un huracán, terror total

Fotograma de 'Infierno bajo el agua'.

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Si el mar ya infunde respeto de por sí, el profundo océano, añadir en la ecuación alguna bestia salvaje, acechando bajo las aguas, enfatiza la sensación de pánico. A su vez, si al terror azul y la amenaza submarina con dientes afilados le sumamos una desconcertante climatología, el horror está garantizado. Y el gran espectáculo. Apenas un par de semanas después del estreno de 'A 47 metros 2', llega a las salas 'Infierno bajo el agua', donde los tiburones son sustituidos por caimanes y hay un huracán de categoría 5 de por medio, añadiendo picante al plato envenenado. No hay que confundir esta premisa impactante, e inquietante, con el tono disparatado de 'Sharknado', saga absurda que lleva con orgullo la etiqueta de serie Z, con escualos y tornados de saldo en escena, pergeñados por infografía. Aquí la tensión es tremebunda y lo que empieza como cine de catástrofes deriva a la enésima película inspirada en el 'Tiburón' de Steven Spielberg, con más enjundia de lo habitual. Una panda de cocodrilos hambrientos aprovecha un gran tormenta en Florida para cazar humanos, pillándoles in fraganti mientras intentan sobrevivir al viento huracanado y la lluvia torrencial que destrozan sus casas. La mujer protagonista, interpretada con arrojo por Kaya Scodelario, vista en la trilogía de 'El corredor del laberinto' y en la serie 'Skins', intenta salvar a su padre malherido en su vivienda, arrasada e inundada. Ambos no tardarán en tener una visita poco agradable, reptiles gigantes con la capacidad de ejercer 155 kilos de presión por centímetro cuadrado con la mandíbula, la mordida más fuerte de todo el reino animal.

Un cocodrilo puede nadar a una velocidad de 31,28 kilómetros por hora. Tienen 80 dientes y visión nocturna, pudiendo alcanzar una velocidad de 40 kilómetros por hora en tierra con acelerones breves, mientras que en el agua pueden nadar sin cansarse nunca. Con un tamaño medio de tres metros y medio de largo y casi 500 kilos de peso, plantarles cara en un entorno hostil, invadido por el agua, se antoja un disparate. 'Infierno en el agua' está producido por el inefable Sam Raimi, con dirección de cineasta galo Alexandre Aja, cuya filmografía apunta maneras en el actual cine de terror. Debutó con la frenética 'Alta tensión' y confirmó su talento para el pánico y el suspense adaptando con garra a los nuevos tiempos 'Las colinas tienen ojos', un clásico del horror setentero. Después firmó 'Reflejos', un remake discreto del filme surcoreano 'Into the mirror', para volver a soltarse el pelo con la serie B de la mano de 'Piraña 3D', un espectáculo en toda regla, multiplicando el gore y las escenas de acción en pos de la diversión respecto al clásico de culto original. El desenlace es un auténtico festín sangriento empapado de humor negro que degustarán especialmente los adictos al género.

Aja ya probó a rodar bajo el agua en 'Piraña 3D' y ahora vuelve a las andadas con soltura tras añadir a su currículum la excéntrica 'Cuernos' y 'La resurrección de Louis Drax' para Netflix, además de jugar con los 360º gracias al cortometraje 'Campfire Creepers', una experiencia virtual, protagonizada por Robert Englud, filmada con una resolución de 4K con 10 cámaras. Con tan curiosa pieza, vista en el festival de Sitges, se apuntó a la moda del terror de los años 80, fusionándolo con el nuevo cine VR. El punto de vista en primera persona y el impacto inmersivo aporta al género una nueva narrativa por explotar. En su última propuesta, recién llegada a los cines, el director nacido en París se apunta a la pura evasión sin prejuicios, con un punto de partida tan sencillo como vigoroso. Cocodrilos y una gran inundación, no se puede pedir más.