Bob Dylan y la Rolling Thunder Revue

Bob Dylan y Allen Ginsberg. /
Bob Dylan y Allen Ginsberg.
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Se estrena el documental de Martin Scorsese sobre una de las más grandes y desconocidas giras del cantautor americano

FELIPE CABRERIZO

El rumor llevaba circulando ya varios años. Exactamente desde 2009, cuando Martin Scorsese presentó 'No Direction Home', el documental con el que revisitaba los años de formación de Dylan. El mismo día de su estreno comenzó a hablarse de la posibilidad de que aquello no fuera sino la primera de una serie de películas con las que Scorsese repensaría los hitos clave de una carrera críptica como pocas. Y todo apuntaba a que la Rolling Thunder Revue sería el siguiente paso.

La Rolling Thunder Revue. Una de las giras más documentadas —y sin embargo más desconocidas— de la carrera de Dylan que pareció surgir como mera reacción. El cantante había dedicado 1974 a parir 'Blood on the Tracks', el disco con el que parecía querer exorcizar el doloroso divorcio de su mujer, Sara. Un proyecto íntimo, creado en la más absoluta soledad, que dio lugar a uno de los álbumes más exuberantes y confesionales de su carrera. Al concluirlo, el músico parecía agotado de los meses de reclusión.

Persona más sociable que la que su propia leyenda ha ido construyendo, Dylan necesitaba volver a tomar el pulso a su entorno. El verano de 1975 se mudó a un apartamento de Greenwich Village. No era extraño verlo paseando por las calles de Nueva York, saludando a los fans, deteniéndose para charlar con los músicos callejeros. De vez en cuando subía por sorpresa a los escenarios de los pequeños cafés que lo habían dado a conocer más de una década atrás. No tardó en extenderse el rumor de un posible regreso a la carretera en una América partida en dos por la guerra de Vietnam.

Y así fue, aunque no a la manera tradicional. Al nombre de la gira, 'Rolling Thunder' se le añadió la coletilla 'Revue'. Un término equivalente a nuestro 'variedades' con el que se anunciaban aquellos espectáculos teatrales en los que se alternaban actuaciones musicales, piezas dramáticas y números cómicos. Ése era el espíritu que Dylan quería recoger, el de un circo ambulante que llevara a diferentes ciudades un espectáculo en el que él sería sólo una pieza más.

Montar en una furgoneta, llegar a una ciudad, buscar un espacio en el que poder tocar sin más publicidad que los folletos que los propios músicos pudieran ofrecer por las calles. Allen Ginsberg, Ramblin' Jack Elliott, Roger McGuinn o Joan Baez conformaban la espina dorsal del equipo; The Band, Gordon Lightfoot, Roberta Flack y tantos otros se unirían ocasionalmente a algunos conciertos. En solitario o mezclados entre sí se encargaban de unos shows que muchas noches alcanzaban las cinco horas de duración. Dylan, que no solía estar anunciado, ocupaba un par de ellas ofreciendo abundante material inédito: ya había comenzado a escribir su nuevo disco, 'Desire', y estaba deseoso de chequearlo sobre el escenario. Los clásicos se presentaban con letras completamente reconstruidas y con unos arreglos que hacían difícil reconocerlos a simple golpe de vista. Un juego al que los fans deban ir habituándose porque sería parte fundamental en sus conciertos de las siguientes décadas.

Dylan quería recoger el espíritu de un circo ambulante que llevara a diferentes ciudades un espectáculo en el que él sería sólo una pieza más

Las expectativas ante este nuevo acercamiento documental de Scorsese a la obra de Dylan eran altas. Que nadie se alarme: la película de Netflix las cumple y sobradamente. A lo largo de sus casi dos horas y media compone un material modélico, el resumen perfecto de lo que fue aquella gira que supuso uno de los grandes 'highlights' de la carrera de Dylan y también uno de sus grandes fracasos económicos por su insistencia en actuar en locales pequeños que hacían imposible rentabilizar los conciertos. Habrá una segunda tanda del tour ya en 1976 para intentar equilibrar la balanza. Será más profesional, hará uso de estadios, tendrá el respaldo de las ventas estratosféricas de 'Desire'. Pero había desaparecido el elemento caótico que siempre ha servido de fuerza motriz para Dylan y éste, siempre esquivo, perdió el interés en todo ello.

Scorsese ha contado para narrar esta atípica aventura musical con un material impagable. Dylan pensó en rodar una película sobre el tour y filmó más de cien horas de actuaciones y backstage. Con él construiría un filme de vida azarosa. Se tituló 'Renaldo & Clara', se estrenó fantasmagóricamente en Estados Unidos e incluso llegó al Festival de Cannes con su duración original de cuatro horas. Las críticas, terribles, le hicieron aceptar un montaje reducido drásticamente a la mitad que llegaría a las salas europeas en 1978. Después, desaparecería de la circulación.

Ese material en bruto —y una avalancha de entrevistas con los participantes— es el que emplea Scorsese para construir su película. Que viene acompañada por un apabullante lanzamiento discográfico. A día de hoy, la Rolling Thunder seguía siendo una pieza difusa salvo para los dylanitas más acérrimos. Fuera de este microcosmos, se publicó en su momento un disco sencillo en directo, 'Hard Rain', y en 2002 un acercamiento más riguroso con un doble incluido en los 'Bootleg Series' con los que Dylan va publicando regularmente material almacenado en su archivo personal.

Pero todo aquello no parecía ser más que la punta de un iceberg que en parte termina saliendo ahora a la superficie. Su punto culminante, una faraónica caja de ¡14! CDs ya disponibles. Tres están dedicados a los ensayos del tour, diez a recoger los cinco conciertos que fueron registrados con un equipo profesional, el restante a diversas rarezas de las muchas que poblaron aquellos conciertos. Son grabaciones fastuosas que por fin ubican la Rolling Thunder Revue a la altura de todo lo que generó.

Aquí se cierra, de momento, la historia de exhumación de una gira que marcó el desarrollo de la música americana de los setenta. Queda por ver si la colisión Dylan / Scorsese tendrá nuevos capítulos. Y sí, hay rumores. El director italiamericano parece muy interesado en repensar otra gira inimaginable de Dylan, aquella en la que se vio envuelto en el tránsito de la década de los setenta a la de los ochenta. Recién convertido al cristianismo más extremo, Dylan decidió eliminar de su repertorio sus viejas canciones y emprender un tour en el que interpretar exclusivamente sus nuevas canciones religiosas sólo interrumpiendo el repertorio con una larga serie de soflamas integristas enviadas con fuego y azufre desde el escenario. Fascinado siempre por la fe católica, Scorsese podría encontrar aquí un material con el que dar continuidad a una obra que parece pedir a gritos una nueva etapa. Pero como siempre en Dylan, los proyectos nunca abandonan el estadio de rumor hasta que se materializan. Sólo queda restar a la espera.